El faisán herido


Los mandatarios de la antigüedad ordenaron a los artistas de su corte representar animales como los faisanes, las ocas, los ciervos o los leones, para decorar sus residencias palaciegas.

Este Cuentaviajes recapitula sobre la historia de la pintura en la caza, y se documenta con obras de Oudry, el pintor de cacerías del rey francés Luis XV, del que se ha celebrado una excelente exposición en el final del 2003, en el castillo de Fontainebleau.

Textos de Tomás Alvarez

Cuentaviajes El faisán herido

Relato de viaje a El faisán herido

Los reyes del bosque

Cuentan que en la antigüedad, Creso, rey de Asia Menor, consultó a un sabio sobre la belleza de su trono. El sabio respondió que eran más bellos los faisanes del bosque.

El faisán siempre fue considerada como una gallinácea de lujo, por su hermosura y por sus cualidades culinarias. El rey de Egipto Ptolomeo I era un gran goloso del faisán. Romanos y griegos apreciaron sus colores y sabores y en la historia de occidente proliferó ese aprecio a lo largo de los siglos.

Dos perras atacan a un faisán en el bosque, obra de Oudry

Con tales antecedentes, no es extraño que, una y otra vez, el faisán aparezca en la pintura, en las tumbas de Egipto, en los bodegones del barroco europeo o en pinturas de caza de cualquier época.

Los mandatarios de la antigüedad ordenaron tradicionalmente a los artistas de su corte representar animales como los faisanes, las ocas, los ciervos o los leones, para decorar sus residencias palaciegas. Eso de tener a los animales presentes, a través del arte, viene de lejos

     

Testimonios rupestres

Bien para saciar sus ansias de comida, por instinto de predación, o por orgullo, el hombre se ha dedicado a la caza desde la antigüedad. Las pinturas rupestres nos dan muestra de ello.

En las magníficas cuevas del occidente europeo –sur de Francia y norte y este de España- el hombre plasmó, desde el paleolítico al neolítico, unas sorprendentes escenas de caza, en las que los primitivos pobladores representan a la fauna de aquella lejana época.

Elefantes, bisontes, ciervos, caballos y otros animales comparten protagonismo en unas paredes rocosas donde por primera vez el ser humano utilizó sus propios óleos, mezclando las sustancias colorantes naturales con grasas animales.

Un lobo atrapado en una trampa, según Oudry

Otra serie grandiosa de pinturas primitivas corresponde al Tasilli, en el desierto africano del Sahara. En medio del macizo del Tasilli, en un territorio seco y deshabitado, sorprende encontrarse con los testimonios de un periodo en el que aquellas tierras acogían a una densa humanidad y a una fauna propia de las zonas húmedas.

Hipopótamos, ciervos, monos y peces aparecen entre los testimonios más antiguos. No faltan las escenas de guerra y de cacerías. Luego los artistas saharianos reflejaron otro mundo de grandes rebaños y magníficas escenas de vacas y bueyes conducidos por los pastores... Un mundo desaparecido a partir del año 2.000 a.C. debido a la desertificación del territorio.

     

Cacerías reales

Ya en periodo histórico, los mandatarios de los grandes imperios fueron aficionados a las cacerías y reflejaron las escenas de caza en el arte.

Quedan magníficos restos de un arte que debió ser común en todo tipo de palacios. El tiempo, las guerras y los pillajes han acabado con los tesoros más delicados.

El friso de alabastro de la leona herida, procedente del palacio de Asurbanipal en Nínive, y ahora en el Museo Británico. Es una pieza sorprendente. La leona arrastra su patas traseras y difícilmente se mantiene erguida sobre las delanteras. Tres flechas han alcanzado su cuerpo y la sangre cae al suelo. El bello animal, con las fauces abiertas, mira hacia delante, en un intento de afrontar con orgullo el último instante de su última batalla.

La perra Lisa, sorprende a unos faisanes en el bosque, según Oudry

Los animales fueron un motivo artístico de primer orden en todos los territorios asiáticos, especialmente en los imperios del sudoeste de Asia. Persas, sumerios, asirios, hititas, etc. han dejado muestras abundantes de escultura anomalística.

Leones, dragones y animales mitológicos hechos de cerámica vidriada para decorar grandes palacios o templos han subsistido. También perduraron multitud de vasos con pinturas de pájaros, bóvidos u otros animales. Las pinturas murales han desaparecido.

Más suerte han tenido numerosas pinturas de los imperios de Egipto, descubiertas en los viejos recintos funerarios. El bello friso de las ocas de Meidum, hallado en una mastaba, ha llegado hasta hoy con sus brillantes colores. Las ocas se pasean entre la hierba, picoteándola. Es una representación tan realista como atractiva: tiene 45 siglos.

Las tumbas han sido un buen refugio de las pinturas. No sólo en Egipto, sino en el ámbito de los etruscos, los aztecas o la cultura china, por poner ejemplos lejanos entre sí, donde se practicaron cultos a los muertos, a los que se les dedicaron pinturas relacionadas con su vida y aficiones. Así aparecen toros, felinos, pájaros o caballos.

     

Realidad y mitología

En el Mediterráneo, cretenses y griegos también practicaron el subgénero del pintado de animales. Aunque donde más han perdurado es en la magnífica decoración de vasos.

La fauna y la caza son asuntos que aparecen también en los restos de las villas romanas, tanto en la pintura como –sobre todo- en el arte musivario que decoró los suelos de las grandes habitaciones.

Escenas de caza mayor, gatos atrapando avecillas, las aves del corral o las palomas, son asuntos que aparecen frecuentemente al lado de representaciones mitológicas, en composiciones llenas de realismo y bello colorido.

Un lobo atrapado por una jauría de perrros. Oudry.

Miles de kilómetros hacia el oeste, los chinos amaron las pinturas de animales, especialmente pájaros, que se representaban sobre seda y papel, en composiciones en las que se aprecia la destreza de los trazos vigorosos del pincel. La fantasía artística expandió esta destreza hacia el dibujo de animales híbridos, en una búsqueda que nos recuerda la de los iranios.

Era tal la habilidad, que cuenta la leyenda que en el siglo VI Tchang-Seng-yu pintó un dragón con ojos tan vivos que le abrasaron. En torno al siglo XII uno de los emperadores ilustrados del gran país mandó catalogar su pinacoteca de palacio: 6192 cuadros, de 231 autores.

     

La apoteósis de las monarquías

En la Europa del románico –transida de fidelidades religiosas y miedos- las representaciones de animales fueron variadas.

Abundaron tanto la representación natural como la grotesca. Caballos, pájaros, cacerías, jaurías... anticipan una pintura realista que llegaría siglos más tarde.

A partir del Renacimiento, surgieron multitud de pintores que representaron a los animales, en escenas de todo tipo, y en especial en las de caza o como componentes de bodegones. Ucello, Pisanello, da Vinci,, Caravaggio, van Dyck, Velázquez...

Una grulla india, muerta. Oudry.

Y cuando se asentaron las grandes monarquías de occidente, los poderosos reyes y aristócratas exigieron belleza y realismo para representar a sus perros y caballos y sus trofeos cinegéticos. Luis XIV, enamorado de la caza, encargó a Francois Desportes que retratara sus animales favoritos. Desportes fue un maestro pintando canes.

La caza como diversión burguesa y cortesana hizo que surgieran pintores especializados en esta temática en numerosos lugares. En Inglaterra, Francis Barlow realizó celebrados cuadros con perros, y una conocida cacería con garza. John Wootton fue creador de una auténtica escuela animalística.

No cabe olvidar, en este recorrido a George Stubbs, quien estuvo trabajando en una granja para estudiar a los animales o que disecaba animales de circo para que le sirvieran de modelo. Sus cuadros de caza y de caballos son célebres.

     

El gran Oudry

Jean Baptiste Oudry(1685-1755) fue en su época el mejor pintor animalista.

A él se le dedica ahora en Francia una buena exposición titulada “Animaux d’ Oudry”, que se muestra desde noviembre del 2003 a febrero del 2004, en el castillo de Fontaineblau.

Oudry aprendió pintura con su padre, que era pintor y comerciante de cuadros. Serre, pintor de las falúas reales del monarca francés, vio que el muchacho tenía aptitudes y lo llevó a Marsella. Trabajó con él cuatro años. Vuelto a París, Oudry entró en el taller de otro importante pintor barroco, Largilière, con quien trabajó cinco años.

La relación con Largilière le facilitó contactos con los círculos de poder. En 1717 fue admitido en la Academia de Bellas Artes con un cuadro que representaba a la Abundancia; luego pintó diversos trabajos para centros religiosos. Por esta época, hizo un retrato del zar Pedro, quien le quiso llevar por la fuerza a Rusia. Oudry tuvo que esconderse para evitar su expatriación.

Oudry pintó también los trofeos de caza de los reyes, como este ciervo.

En 1722, pintó un cuadro titulado La caza del jabalí. El trabajo fue excelente y el propio rey Luis XV se lo llevó como pintor de animales; le encargó que empezase haciendo cuadros para representar a las fábulas de La Fontaine y le hizo retratar a sus animales favoritos.

Oudry tuvo una vida de rey, con habitaciones en el Louvre, donde vivía con su larga familia (tuvo 13 hijos). Merced al apoyo del ministro de Hacienda, Fagón, recibió diversas rentas como superintendente de manufacturas reales, puesto en el que contó entre sus ayudantes con el pintor Boucher.

Realizó además diversos trabajos para la nobleza, la reina de Suecia o los grandes duques de Mecklembourg-Schwerin. Los retratos que han quedado de él nos lo muestran como un acaudalado burgués.

La muestra que ahora le dedica el museo nacional del Castillo de Fontainebleau reúne una treintena de obras, pinturas y dibujos del museo de Schwerin (Alemania) y una veintena de las que se conservan en el castillo francés, uno de los lugares privilegiados donde el soberano galo desarrollaba sus cacerías.

La exposición de Fontainebleau se presenta en unas salas restauradas entre 1987 y 1992 que aún no estaban abiertas al público. Éstas recaen sobre el jardín inglés y el patio de la fuente, en uno de los espacios más agradables del magnífico edificio.

Trofeos de caza, animales en su entorno, retratos de perros del monarca, encajan perfectamente con un escenario donde los poderosos reyes franceses desarrollaron relajadas actividades cinegéticas... Aún faltaba medio siglo para que en París la guillotina acabase con la tranquilidad de la dinastía.

     

Goya, Picasso.... y Walt Disney

La pintura de animales y caza continuó... Goya o Picasso nos recuerdan al mundo del toro; Gericault dio dinamismo y rabia a sus caballos; con Delacroix revivieron las cacerías sirias de leones...

La cabeza de un zorro. Oudry.

Pero el mundo ha cambiado ya. El hombre se ha hecho urbano y la naturaleza queda lejos... La caza ha perdido su sello de oficio de reyes y las especies –diezmadas- se recluyen en parques naturales.

Ya no es tiempo para pintores de cacerías reales. Lo es para difundir ecología y respeto a lo que queda del medio ambiente. El rey ya no puede cazar leones. Éstos están en la reserva ...o en las películas de Walt Disney.

Tomas Alvarez