Un dolmen para Obelix

En la Bretaña francesa hay un territorio delicioso para introducirse en el mundo de la cultura megalítica, que es como evocar la historia profunda de Europa.

Miguel Moreno, destacado periodista y conocedor de la historia, nos introduce al paraíso del megalistismo. Texto y fotos son de su autoría.

Cuentaviajes Un dolmen para Obelix

Relato de viaje a Un dolmen para Obelix

La sorpresa de Carnac

Uderzo y Goscini, creadores de Asterix y Obelix, situaban la pequeña aldea de los galos rebeldes en un lugar ignoto de la Bretaña francesa. Allí, se suponía, un gordinflón se dedicaba a tallar menhires y a merendar jabalíes.

La realidad no tiene por qué parecerse a la ficción, claro, pero los medios de comunicación –y el cómic es uno de ellos- tienen una gran fuerza didáctica, lo que ha propiciado que la mayoría de los lectores identifiquen los menhires con los galos, y por lo tanto con la época histórica de los romanos.

Domen, en Carnac. Fotografía de Miguel Moreno -guiarte. Copyright

La verdad es más emocionante que la historieta de Obelix: los menhires, que suelen acompañar a los dólmenes y a otras construcciones megalíticas, son testimonios mudos de ritos y marcas de la prehistoria.

Pueden aparecer en diversas partes del mundo, preferentemente en la fachada atlántica europea, pero si uno quiere ver cientos y cientos de ejemplares, todos juntos, tendrá que viajar hasta Carnac, en Bretaña, tal vez cerca de donde imaginaron los creadores del galo que se cayó de pequeño en una marmita de antídoto.

     

Un paraíso megalítico

En Locmariaquer, Kermario, Morbihan, hay abundantes restos prehistóricos, un auténtico paraíso megalítico, que nos habla de la presencia humana en los milenios tercero y cuarto antes de Cristo.

Es decir, que casi 4.000 años antes de que Julio César viviera la Guerra de las Galias, ya había una abundante comunidad de hombres neolíticos enterrándose bajo grandes piedras y erigiendo hileras interminables de menhires para festejar sus conmemoraciones, o con cualquier otro sentido ritual que hoy no alcanzamos todavía a comprender.

Alineamientos de menhires. Foto Miguel Moreno -guiarte. Copyright

Los alineamientos de menhires se extienden a lo largo de cientos de metros, en hileras paralelas, llegando a sumar los 3.000 ejemplares entre las comunidades de Carnac, Ménec, Kerlescan y Kermario.

Las piedras son de buen porte, algunas de 5 metros de altura, y permanecen todavía en pie, aunque el conjunto megalítico ha sufrido grandes alteraciones por las construcciones que abundan en la zona.

     

Recorrido por la comarca

Los franceses tienen un envidiable interés por la conservación de su patrimonio, y en el caso de los megalitos de Bretaña se demuestra esa cualidad.

Es fácil hacerse con un plano de la zona, que permitirá orientarse entre la vegetación exuberante, los aseados pueblos y las cuidadas carreteras. Hacer el recorrido en bicicleta es lo mejor: los desplazamientos son cortos, y a veces es necesario entrar por caminos de tierra hasta alcanzar los dólmenes y menhires más vistosos.

La mayoría son de visita libre, aunque en algún caso es necesario pasar por taquilla, como en Locmariaquer, en el centro de interpretación de Carnac o en el túmulo de Saint Michel.

Menhir gigante, derribado, en Locmariaquer. Foto de Miguel Moreno -guiarte. Copyright

Lo más vistoso son los alineamientos de menhires, aunque desde hace algunos años ya no se permite deambular entre ellos y se deben contemplar desde la valla. Pero también merece la pena acercarse a ver el gran menhir de Locmariaquer, uno de los más grandes del mundo, que en su momento midió 20 metros de altura, pero que hoy mide 20 metros de longitud en cinco trozos.

El túmulo de Saint Michel es sorprendente: su tamaño es tan grande (200 x 60 metros) que ha permitido construir una iglesia en la parte superior. Debajo, en la montaña artificial, hay diversos enterramientos en cámaras a las que se accede por corredores laterales.

     

Conocer la Cultura Megalítica

La cultura megalítica permaneció durante milenios en toda Europa. Se desconoce su origen, pero se extendió desde Escandinavia hasta el Mediterráneo.

En España hay cantidad y variedad de manifestaciones en el Cantábrico y el Atlántico y en algunas zonas del interior de la meseta, en Andalucía, en los Pirineos y en Cataluña.

Aprovechando la visita a la zona, merece la pena detenerse en el Museo de Prehistoria de Carnac, una colección muy interesante promovida por un antiguo investigador, que ayuda a comprender mejor la importancia arqueológica de la comarca.

Dolmen visto desde el corredor. Fotografía de Miguel Moreno- guiarte. Copyright

La librería del propio Museo ofrece numerosos títulos (eso sí, casi todos en francés) que harán las delicias de los aficionados al Megalitismo.

     

Ocio y gastronomía de la zona

Las actividades de Carnac y de la bahía giran en torno al mar y al turismo en general. Conviven así los bañistas con los aficionados a la arqueología, los surfistas con los ciclistas y los barcos con las autocaravanas de camping.

Pero el turismo no se termina en las playas, sino que continúa por toda la costa bretona, en donde se encuentran hermosos balnearios, ciudades y pueblos.

Viviendas al lado de los menhires. Fotografía de Miguel Moreno - guiarte. Copyright

La gastronomía también se despliega en torno al mar y los mariscos. En cualquier fiesta popular abundan los pequeños mejillones de roca, hervidos al vapor o con salsa.

Sin embargo, los bretones están orgullosos de su Andouille, una sabrosa salchicha de carne de vacuno; y de los Niniches de Quiberon, el mejor bombón de Francia según dicen, un postre pensado para los amantes del dulce.

     

Direcciones


DIRECCIONES DE INTERÉS

Carnac: visita guiada en verano: Teléfono 0297528999

Museo de Prehistoria de Carnac: Plaza de la Chapelle, Teléfono 097522204

Locmariaquer: Centro de información: Teléfono 0297573759

Oficina de Turismo de Carnac: Avenue des Druides, 74. Teléfono 0297521352

Oficina de Turismo de Locmariaquer: Teléfono 0297573305

La iglesia está edificada sombre el enorme túmulo de Saint Michel. Fotografía de Miguel Moreno. Copyright