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Francis Bacon: de Picasso a Velázquez

El Museo Guggenheim Bilbao dedica a Francis Bacon, uno de los artistas fundamentales del siglo XX, una interesante retrospectiva.

Bilbao, 29 de septiembre de 2016
La muestra recorre más de seis décadas de trabajo, mostrando una impresionante selección de sus pinturas junto a las de algunos de los maestros españoles y franceses que mayor influencia ejercieron sobre su pintura.

Con cerca de 80 obras esta muestra pone de manifiesto la relevancia que la tradición poseía para Bacon, que si bien Bacon encarna con su obra la modernidad y expresa la angustia propia del hombre de su época, también retomaba con su pintura el legado de los grandes maestros aportando los referentes de la cultura de su tiempo.

Transgresor con su vida y con su obra, Bacon situó al ser humano ante un espejo en el que éste se refleja de forma cruda y descarnada. Bacon retrata de manera expresiva lo que supone estar vivo, en toda su dimensión y con todas sus consecuencias, reduciendo la realidad a su esencia y sintetizándola en forma de materia pictórica.

Francis Bacon fue un ferviente consumidor de literatura francesa de autores como Racine, Balzac, Baudelaire y Proust y apasionado del arte de Picasso, Van Gogh, Degas, Manet, Gauguin, Seurat y Matisse. Siendo un adolescente, descubrió cerca de Chantilly la Masacre de los inocentes (1628-1629) de Nicolas Poussin y en 1927 tuvo un encuentro revelador con la obra de Picasso, cuando visitó la exposición Cent dessins par Picasso en la galería Paul Rosenberg de París, que de hecho le llevó a la decisión de iniciar su carrera como pintor.

En 1946 se traslada Mónaco, donde viviría tres años cruciales en su carrera y donde regresaría regularmente hasta 1990. Bacon siempre consideró su retrospectiva de 1971 en el museo Gran Palais de París como la cúspide de su carrera, a pesar de haber tenido importantes retrospectivas en Londres y otras ciudades.

En cuanto a la influencia de la cultura española en Bacon, más allá de Picasso, tuvo su máxima evidencia en su obsesión por el retrato que Velázquez pintó en 1650 del Papa Inocencio X, en torno al cual llegó a realizar más de cincuenta obras. También le fascinaron otros clásicos de la pintura española como Zurbarán, El Greco o Goya, artista este último al que admiró ampliamente en el Museo del Prado.

Proveniente de una acomodada familia británica afincada en la Irlanda rural y turbulenta de principios del siglo XX, Francis Bacon se enfrenta, con tan solo diecisiete años, a la obra de Pablo Picasso en la galería Paul Rosenberg de París. Este hecho marcó el comienzo de su dedicación al arte y queda patente en algunos de sus primeros trabajos, quen hace clara referencia a la obra de los años veinte del artista malagueño.

Partiendo de un absoluto desconocimiento de la técnica pictórica, Bacon se adentra en el mundo del arte y asimila con celeridad lo que otros creadores cercanos a él, como Roy de Maistre, podían aportarle. Los escasos lienzos de esta época que han sobrevivido demuestran la temprana influencia del Cubismo Analítico y Sintético, y del Surrealismo biomórfico de Picasso, que desembocaría en el desarrollo de un lenguaje propio por parte de Bacon.

Tras la Segunda Guerra Mundial su obra fue de nuevo reconocida por crítica y público y su trabajo fue expuesto en varios países europeos. Durante este período, el artista crea un universo nuevo de imágenes, concebido a partir de la literatura, el cine, el arte y su propia vida, a través de un lenguaje singular y reflejando la vulnerabilidad del individuo con gran crudeza.

Los personajes, cuyo aspecto se encuentra entre lo humano y lo animal se muestran encerrados y atrapados en jaulas o cubos. Bacon utiliza este recurso para centrar la mirada del observador en las figuras, emborronadas y desfiguradas, reducidas a trazos de colores grisáceos y azulados que recuerdan al Greco y a los dibujos de Alberto Giacometti. También rinde homenaje a van Gogh, a través de la pincelada suelta y de una encendida paleta. A Bacon le fascinaba la manera en que Van Gogh se alejaba de la norma y de la realidad literal en favor de la expresión.

A mediados de los años cuarenta Francis descubre a través de reproducciones la imagen del Papa Inocencio X, realizada por Diego Velázquez en 1650. La predilección de Bacon por este lienzo se reflejó durante más de dos décadas en decenas de obras en las que la imagen del pontífice se ve transformada de diferentes y controvertidas maneras.

El primer desnudo realizado por Francis Bacon que ha sobrevivido data de 1949. El lienzo muestra a un hombre de espaldas. En su cuerpo resalta la espina dorsal, semejante al costillar de un animal, que recuerda a la espalda de la figura que aparece en Tras el baño, mujer secándose (1890-95) de Degas, una obra muy admirada por Bacon.

Cuatro años más tarde el artista pinta una pareja de hombres desnudos, una imagen que no podía mostrarse en público en una Inglaterra contraria a la homosexualidad. En los desnudos de Bacon los personajes aparecen aislados en posturas cotidianas que el pintor transforma retorciendo sus cuerpos de una forma casi animal, hasta hacerlos parecer casi inverosímiles.

En 1951 Bacon realizó su primer retrato de un personaje conocido, el del pintor británico Lucian Freud. Durante años retrató a amigos y a personas a las que admiraba, como Michel Leiris, Henrietta Moraes, Jacques Dupin, George Dyer, John Edwards, Reinhard Hassert y Eddy Batache, entre otros muchos. Solo algunos de sus retratos fueron encargos pues Bacon casi siempre elegía a los sujetos de sus cuadros, a los que pintaba basándose principalmente en fotografías que ellos le enviaban. En muchas ocasiones estos cuadros tienen un fondo negro, que evoca el arte de los grandes maestros españoles, mientras que algunas obras presentan otros tonos, como el naranja cadmio, destinado a creaciones de mayor formato. Bacon no solo intenta reflejar la apariencia física de los retratados, sino que pretende transmitir el vínculo que los une con él, en una representación de las relaciones humanas.

En los años setenta, fruto de la carencia de modelos para sus obras, comienza a realizar un gran número de autorretratos; entre 1971 y 1979 pintó un total de 29. En esta etapa alcanza un gran reconocimiento internacional. En 1971 se convierte en el primer artista vivo, después de Picasso, al que el Grand Palais de París le dedica una retrospectiva y, en 1988, será el primer artista occidental al que se consagre una exposición en la extinta Unión Soviética.

A finales de los años setenta y principios de los ochenta, Bacon, ya septuagenario, reintroduce en su obra motivos como el toro y géneros como el paisaje, hasta entonces secundarios en su producción. En la última etapa de su carrera, su obra se simplifica; los elementos del paisaje son aislados de su contexto de una manera similar a la que emplea para tratar la figura humana.

Los retratos de esta última etapa son cada vez más escuetos. El pintor llega a eliminar elementos y referencias visuales, para dirigir la atención hacia la figura principal. Algunas de estas obras fueron realizadas con pintura en aerosol, lo que permitió a Bacon crear nuevas texturas. Estos lienzos se dividen entre los realizados con colores enérgicos y aquellos que presentan fundamentalmente tonalidades grises y apagadas.

El toro aparece de nuevo en estos últimos años. Su iconografía remite a artistas como Goya y Picasso, pero también al poeta Federico García Lorca y al escritor Michel Leiris, y hace alusión, de manera concreta, a las corridas de toros.

Francis Bacon falleció en Madrid en 1992 a escasa distancia del Museo del Prado, pinacoteca en la que se encontraban muchos de los grandes maestros que había admirado y a la que había acudido por última vez en 1991 para contemplar la obra de Velázquez.

Francis Bacon. Tres estudios de figuras sobre camas (Three Studies of Figures on Beds), 1972.

Francis Bacon. Tres estudios de figuras sobre camas (Three Studies of Figures on Beds), 1972.

Francis Bacon. ‘Estudio según Velázquez’ (‘Study after Velazquez’), 1950.

Francis Bacon. ‘Estudio según Velázquez’ (‘Study after Velazquez’), 1950.

Francis Bacon. ‘Furia’ (‘Fury’), ca. 1944.

Francis Bacon. ‘Furia’ (‘Fury’), ca. 1944.

Francis Bacon. Retrato de Michel Leiris (Portrait of Michel Leiris), 1976.

Francis Bacon. Retrato de Michel Leiris (Portrait of Michel Leiris), 1976.

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