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Época de Calendarios

La técnica de la cromolitografía se cultivó en México desde comienzos del siglo XX. Una exposición en el museo Soumaya relata y homenajea estos días la historia del calendario.

México, 11 de diciembre de 2012
En el marco del 18 aniversario de la institución, el Museo Soumaya presenta en diciembre una muestra inédita de alrededor de mil obras sobre los procesos industriales del calendario: óleos, fotografías, vídrios, acetatos, láminas de impresión, maquinaria, impresos, y testimonios orales de los artistas y trabajadores de la gran época de los calendarios del siglo XX.

La industria tabacalera fue el primer escenario de los resplandecientes cromos que dieron lugar a una impresión de gran calidad y pureza en el colorido. Esta modalidad se extendió más tarde a otros negocios, como el cervecero, las embotelladoras o los alimentos.

La publicidad del calendario, como fenómeno de carácter internacinal, se manifestó simultáneamente en diferentes latitudes del planeta, desde China hasta Latinoamérica, con la incorporación de elementos costumbristas y tradicionales de cada lugar.

Con antecedentes comerciales de la gráfica mexicana del siglo XIX en las obras de Casimiro Castro y Hesiquio Iriarte, a comienzos de 1930 sobrevino un fenómeno de reproducción de cromos publicitarios gracias a la empresa líder que fundara el inmigrante santanderino Santiago Galas Arce: Galas de México.

La coyuntura de la mirada empresarial de su propietario y los adelantos técnicos en la maquinaria rotativa del offset, generaron una amplia difusión de la cultura del calendario, que se posicionaría en el entorno cotidiano por más de 4 décadas.

Una generación de pintores como Jesús de la Helguera, Eduardo Cataño, Ángel Martín, José Bribiesca, Humberto Limón o Aurora Gil, entre otros, se sumaron a técnicos, diseñadores y vendendores, para poblar los hogares mexicanos con aquellas imágenes de ensueño.

El más antiguo género de la estampa desde la era virreinal fue el de las imágenes devocionales. De la litografía a la calcografía provienen pasajes de la vida de Cristo, la Virgen y los Santos. Galas de México reprodujo de forma ininterrumpida un mosaico de imágenes religiosas que año tras año eran solicitadas por su clientela. Figuras sacras que se resguardaron en billeteras, oratorios domésticos, espejos de automóviles o en las paredes de multitud de talleres.

Temas patrios, históricos, familiares, costumbristas, deportivos, infantiles, humorísticos o evocadores de la belleza femenina se imprimieron de forma permanente entre 1933 y 1970 año de la muerte de Santiago Galas. Frente a los nuevos conceptos de imagen que trajo consigo la fotografía en la década de los años sesenta (niños, mascotas, frutas, y vistas panorámicas con paisajes) el otrora pujante negocio del calendario estaba por concluir.

Museo Soumaya
Plaza Loreto
Avda. Revolución y Río Magdalena
Tizapán, San Ángel, México D.F.

Gracia costeña. Detalle. Eduardo Cataño. 1956

Gracia costeña. Detalle. Eduardo Cataño. 1956

Tulipán. Enero de 1954. Armando Drechler.

Tulipán. Enero de 1954. Armando Drechler.

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