Cuentaviajes Camino de Santiago: Comunicación y Poder

El Camino de Santiago es un milagro de la comunicación. Nació en torno a unos restos de no se sabe quién y movilizó a millones de seres –papas, reyes, aventureros, crédulos o mendigos- a lo largo de caminos que surcan puertos y estepas.

Un relato de Tomás Álvarez, centrado en los elementos comunicativos que agrandan el mito santiagueño. Con imágenes de la fotógrafa Beatriz Álvarez Sánchez.

Cuentaviajes Cuentaviajes Camino de Santiago: Comunicación y Poder

El Camino de Santiago es un milagro de la comunicación. Nació en torno a unos restos de no se sabe quién y movilizó a millones de seres –papas, reyes, aventureros, crédulos o mendigos- a lo largo de caminos que surcan puertos y estepas.

La comunicación en la piedra

El viajero que desde la antigüedad recorre la ruta hacia Compostela va recogiendo mil mensajes comunicativos.

El arco triunfal y la torre, en Burgos, símbolos del poder civil y religioso en la ciudad. Copyright Beatriz Alvarez Sánchez, guiarte.

En estos mensajes late desde la ostentación de dominio del poder –civil y religioso- hasta las leyendas y milagros que agrandan el mito en torno al propio apóstol Santiago.

Porque debemos desterrar de nuestras mentes la idea de que la Comunicación es un sistema o un proceso moderno que se desarrolla a través de los periódicos o los medios audiovisuales. El Camino estaba ya lleno de mensajes… desde la Edad Media.

Tomemos una imagen clásica de una ciudad de Castilla: la entrada a Burgos por el Arco de Santa María. Ante nosotros se hallarán en una sola imagen los símbolos del poder civil y el religioso. En el mismo arco está la figura del emperador, en un espacio central del retablo pétreo, y en lo alto, entronizada, la Virgen María. Por si fuera poco, al fondo, las airosas torres de la catedral también nos hablan del poderío de la iglesia.

Antaño no había periódicos ni televisiones, pero había una comunicación. El viajero que llegaba ante una ciudad lo sentía cuando veía de lejos las torres y las murallas.

Las murallas definían visualmente dos mundos: el de dentro, jerárquico, protegido y especializado y cerrado, y el de afuera, rural, contribuidor y abierto. Estar a un lado u otro de los muros implicaba incluso un posicionamiento socioeconómico. Afuera estaba el territorio explotado, inseguro, el temor, el lugar por donde se hacían correrías para recoger vituallas, la tierra de los contribuidores al progreso del centro urbano, el espacio por el que llegaba el enemigo. Dentro se disfrutaba de la protección del gobernante, aunque también se sufría su dominio. Pero ese dominio, esa exhibición de poder, facilitaba la pacificación de las masas: sin pacificación no hay un desarrollo de la economía y, sin éste no se recogen tributos.

Hasta las carretillas comunican en el Camino. Imagen tomada en Villafranca del Bierzo . Copyright Beatriz Alvarez Sánchez, guiarte.

Torres y campanas

En las portadas, altares, pinturas murales o inmensos vitrales de las iglesias se destilaban argumentos mediante los cuales se explicaba y vendía una ideología y una religión, a las masas iletradas del Medievo.

La belleza de los edificios religiosos reafirma el mensaje de la iglesia. Capilla del palacio Episcopal creado por Gaudí en Astorga. Copyright Beatriz Alvarez Sánchez, guiarte.

La comunicación desde el poder religioso o desde el poder civil, está en el escenario que recorrían los viajeros y peregrinos. Palacios, templos, murallas y ceremoniales obnubilaban y condicionaban al ser humano como hoy lo hacen los programas y spots televisivos.

Pero, además, entre los grandes hitos urbanos estaban los territorios rurales, en los que también se alcanzaban a ver los elementos distintivos del poder. La estructura de las iglesias y monasterios, o los castillos que se alzaban en los oteros, realzaban permanentemente la representación del poder.

Aún en medio de la niebla, hasta las campanas de las iglesias y monasterios avisaban y orientaban al viajero del camino de la salvación. Son muchos los puntos en los que hay historia de Campanas, desde el alto de Roncesvalles a León, donde se conserva una campana datada en el siglo XI, en la basílica de San Isidoro, que se tiene por la más antigua de la ruta jacobea.

En los caminos se recogen los ecos de las leyendas medievales. En este caso, los ecos épicos de Roldán, en Roncesvalles. Copyright guiarte.

Vieiras, bordones y una red hospitalera

En multitud de iglesias de todo el territorio, la imagen de Santiago incitaba a la peregrinación, igual que lo hacían los hospitales e incluso los peregrinos, con su habitual indumentaria.

Simbología en un puesto del Cebreiro. Banderas gallegas y españolas, cruz de Santiago, vieiras, bordones y la eterna calabaza. Copyright Beatriz Alvarez Sánchez, guiarte.

Si había grandes hospitales que impresionaban por su magnificencia –el Hospital del Rey en Burgos y el de San Marcos en León- en pequeños pueblos también aparecían humildes locales en los que el peregrino recibía caridad y un lugar para el descanso.

Iglesias, hospitales y peregrinos avivaban a cada paso el mito santiagueño.

Las imágenes del apóstol nos revelan su historia y las leyendas y mitos urdidos en torno a su figura. Uno de esos mitos está referido a su carácter guerrero. Abundan sus representaciones como caballero, frecuentemente en un caballo blanco, esgrimiendo la espada y decapitando a algún soldado del Islam, en recuerdo a la mítica batalla de Clavijo, en la que habría ayudado a las huestes cristianas a obtener una resonada victoria, que acabó con el vergonzoso tributo de “Las cien doncellas”.

El Santiago Matamoros está en multitud de templos de toda Europa, a veces en trabajos de notable sabor popular, otras en magníficas obras.

Frecuentemente, el Apóstol aparece con la típica indumentaria del peregrino: el bordón o bastón, el sombrero, la concha (frecuentemente en el sombrero) y la calabaza. Es un modelo iconográfico atípico, en el que se pierde la simbología original y se suplanta por la de los fieles que acuden a venerar las reliquias.

Un Santiago peregrino cargado de símbolos, en el bello pueblo de Molinaseca. Copyright Beatriz Alvarez Sánchez, guiarte.

De la literatura oral a la alcantarilla

Junto a los elementos artísticos y monumentales comunicadores estaba el otro gran monumento, el de la oralidad, integrado por experiencias, conocimientos e historias que corrían de boca en boca y que fluían rápidamente por esta vía.

Mensajes comunicativos en el mítico refugio de Manjarín. Copyright Beatriz Alvarez Sánchez, guiarte.

En cada rincón de la ruta perduran estas historias que antaño amenizaron las veladas de los viajeros asendereados: leyendas de Roldán y Carlomagno, gallinas que resucitaban ante el comensal, el puente que curaba la rabia, un monasterio para sanar del mal de los ardientes, el monje que durmió trescientos años, las tentaciones vencidas con ayuda del señor Santiago, los milagros de la Virgen…

Hoy la ruta de Santiago sigue llena de mensajes. No sólo los aludidos anteriormente, sino los creados en la modernidad, tales como la flecha amarilla o esa vieira de aire abstracto, pero plenamente incorporada al elenco icónico del país.

No hacen falta grandes carteles o luces de neón. Una pared vieja o una simple alcantarilla es lugar que aprovecha el alberguero para ofertar un menú del peregrino o un lecho a precio asequible. Un puente, un letrero en desuso, un carro o una roca a la vera del camino, son puntos propicios para pintar una concha que nos habla del viaje y nos incita a soñar.

Mensajes para el peregrino, hasta en las alcantarillas. Imagen en Villadangos. Copyright Beatriz Alvarez Sánchez, guiarte.