Salvar la Cabrera

Tomás Alvarez, periodista y escritor, narra un viaje a una de las comarcas más bellas de España, llena de belleza y arcaísmo. Se trata de La Cabrera, ubicada en el sur de la provincia de León.

La fotografía de este reportaje es de Raquel Alvarez Canseco. Con estas fotos fue premiada en el 2001, en Madrid, en un importante concurso periodístico

Cuentaviajes Salvar la Cabrera

Relato de viaje a Salvar la Cabrera

Un mundo mágico

Un mundo mágico, de profundos valles misteriosos y edificaciones vinculadas a las milenarias pallozas astures, ha llegado casi incólume hasta el año 2.000, pero se encuentra en un gravísimo peligro.

Imagínese un grupo de valles aislados, cubiertos de robledales y bosques de castaños, donde pervive una multitud de construcciones tradicionales directamente vinculadas a las pallozas que habitaron hace 2000 años las gentes astures. Imagínese un mundo verde, cruzado por arroyos de aguas incontaminadas, que dejan en el aire un eterno mensaje de rumores.

Ese mundo aún existe, aunque corre gravísimo peligro, porque la sociedad parece no entender esa riqueza y los responsables del patrimonio también la ignoran.

La Cabrera en otoño. Paisaje en Nogar. Foto guiarte


Concha Casado, una veterana antropóloga de menuda figura y grandísima voluntad, enamorada de aquella tierra desde hace más de cincuenta años, está pidiendo ayuda urgente para mantener incólume ese patrimonio rural que ha pervivido hasta hoy. “Tu, como periodista, puedes ayudarme a defender La Cabrera”, insistía, mientras caminaba por los valles recónditos de la zona.

Ubicada entre el Teleno, la máxima altura de los Montes de León, y La Sanabria, La Cabrera es una zona montuosa, alejada de ferrocarriles, carreteras nacionales y ciudades. La comarca ha pervivido hasta hoy casi aislada del mundo. Por su arcaísmo y su paisaje desde hace mucho tiempo se le bautizó como Las Hurdes Leonesas , aunque no cabe duda de que hoy ya no sirve esa comparación. La Cabrera conserva aún en pié, casi intactos, núcleos de un interés excepcional.

El río Cabrera, que nace en Peña Trevinca y corre hacia el Sil, en medio de una red de profundos valles, domina la geografía de la llamada Cabrera Baja, en tanto que el Eria, que avanza desde el Teleno hacia el Órbigo, aglutina la Cabrera Alta.

Paisaje en Encinedo, La Cabrera

Algo más de dos mil habitantes pueblan los cuatro municipios cabreireses, dedicados principalmente a la agricultura y ganadería. Nueces, castañas, escaso viñedo, alubias, patatas y frutales son sus producciones. Antaño, las fincas de centeno se extendían por las laderas, pero hoy el bosque de robles y el matorral han invadido todo el territorio, salvo el fondo de los valles, donde subsiste una pequeña agricultura y algunos pastizales.

Por los montes y valles se ven los canales de agua de las explotaciones de oro romanas, así como numerosos castros y coronas astures. Sólo la zona de Corporales ha sido ampliamente estudiada por un equipo dirigido por Sánchez-Palencia, que ha hallado abundantes restos prehistóricos .

     

Un patrimonio valioso

En muchos pueblos aún se conserva un importante patrimonio tradicional:

los antiguos palomares redondos, de cubierta pizarrosa; las casas de corredor, con tejado de pizarra y artísticas chimeneas; las pequeñas iglesias de rústicas espadañas, y los arcaicos pajares cubiertos de bálago.

El corredor tiene dos versiones. Unas veces se trata de largas y artísticas balconadas de madera(corredor volado), y en otras ocasiones el mismo corredor es punto de entrada a la vivienda, merced a la escalera exterior de piedra, adosada a la fachada, que salva la altura entre aquel y el suelo. Así, la parte inferior de la casa se dedica sólo a cuadra de animales, en tanto que la superior es la residencia del campesino.

Ermita en Iruela. Foto guiarte.Copyright

En la balconada de madera, a veces está ubicado el primitivo horno del pan, de barro rojizo. Su visión recuerda a los nidos de los horneros, pegados a los aleros de los tejados.

En los barrios más viejos perduran los pajares, reliquias arquitectónicas vinculadas en su técnica constructiva con la época prerromana: son edificaciones de piedra, alargadas, cubiertas de un techado de paja de centeno, sólo comunicadas al exterior por una puerta, similares a las que habitaban los astures.

Fragua de Ambasaguas. Dibujo de Pilar Ortega.
Por desgracia, las arcaicas y bellas construcciones van desapareciendo poco a poco, derruidas por el abandono o suplantadas por otras de materiales modernos: uralitas, aluminios y bloques de fibrocemento.

Las mismas autoridades parecen empeñadas en destruir la belleza, subvencionando arreglos de caminos que sepultan arroyos y cascadas, destrozando puentes de piedra o construyendo escuelas con bloques de hormigón, dando un ejemplo más cercano a la barbarie que a un urbanismo ligado al territorio y a su historia.

“Llaman modernizar al pueblo echar una capa de cemento sobre el suelo de piedra y ocultar al arroyo pleno de belleza y musicalidad, tal vez lo mejor de la calle. Esto no ocurre en la Europa civilizada”, comenta Concha Casado, mientras señala ejemplos de esta ignorancia en Nogar, Truchas o Ambasaguas.
Dibujo de Pilar Ortega. Casa con corredor.
    

La lucha por salvar una tierra.

Para la antropóloga no sirve la actual política de subvenciones, porque se emplean sin control y destruyen el patrimonio.

Con mucho menos dinero se puede hacer más. Ella misma ha impulsado una asociación para la protección de La Cabrera. Los socios pagan una cuota anual de 5.000 pesetas, que se dedica a reparar esta herencia cultural. Ha empezado restaurando los palomares de Robledo de Losada y ahora quiere continuar rehaciendo los techados del soberbio conjunto de pajares de Villar del Monte.

Palomares en Robledo de Losada.

Techar un pajar puede costar menos de medio millón de pesetas. Este año la Asociación compró paja de centeno en la una comarca cercana, para empezar a retechar alguna de estas joyas milenarias. Tal vez de esta forma los campesinos y las autoridades empiecen a valorar ese patrimonio único que atesoran sin saberlo.

Junto a Concha, algunas otras personas también están volcadas en salvar La Cabrera. Pilar Ortega es una pintora que hace 22 años dejó Madrid y se afincó en Truchillas, en una sencilla casa de piedra, desde cuyo balcón se contempla la pequeña espadaña de la iglesia, dominando un conjunto de tejados pizarrosos. Sólo viven en el lugar doce o catorce personas, en medio de un poema de silencio y rumores de agua.

Pilar tiene una mano extremadamente sensible que dibuja los viejos pajares, las casas de corredor, los aperos de labranza y el viejo carro chillón que duerme bajo una portada de piedra. Sus dibujos muestran cómo la arquitectura tradicional armoniza con el paisaje. Son estampas utilizadas como promoción de la zona, que se venden en el pequeño museo recientemente abierto en Encinedo.

Iglesia de Marrubio. Dibujo de Pilar Ortega


Su marido, Serverino Carbajo, no se atreve a utilizar los pinceles para plasmar los campos ni los campesinos cabreireses. En su retina perduran luces norteafricanas y jardines clasicistas que sigue reflejando en el lienzo. Pero Severino si ha dedicado buena parte de su tiempo a restaurar pinturas y tallas del patrimonio religioso de La Cabrera. Al menos, también consigue con ello prolongar la vida del arte atesorado en las ermitas y pequeños templos.

Poca gente más se preocupa de ésta riqueza: Olimpia, la maestra retirada que cuida en museo de Encinedo; Manuel Garrido, párroco de Robledo de Losada, infatigable escritor de temas cabreireses… Algunos alcaldes también muestran interés por su tierra, aunque debieran asesorarse más antes de emprender obras y empecinarse en la defensa de ese patrimonio histórico que es uno de los mayores tesoros leoneses.

En algún momento, La Cabrera ha tenido bastante más de 10.000 habitantes. Pero el empuje demográfico se ha venido abajo. La pobreza impulsó a las gentes hacia el exterior. Entre los emigrantes figura un pastor de Iruela que en el siglo pasado cuidaba las cabras del cura de Valdecañada. Los lobos le mataron un día cinco cabras y él, temeroso de reprimendas, marchó camino abajo hacia Sanabria y Portugal. Terminó de relojero en Inglaterra y, ya mayor, envió a España el reloj de la Puerta del Sol.

Como el relojero Losada, emigraron miles de gentes, dejando vacíos los valles y las construcciones de piedra. Hoy sólo pueblan la zona tres habitantes por kilómetro cuadrado. Queda un paisaje encantado de montañas, arroyos y lagos glaciares, junto a pueblos solitarios de piedra eterna.     

Luchar contra la incultura

La incultura es mayor enemigo que la soledad. Poco a poco van destrozándose maravillas de arquitectura popular, bellas casas de piedra que se ocultan con cemento gris o se cubren de uralita.

De una día para otro se derriban obras centenarias para levantar impersonales edificaciones, eso sí, con baño; como si detrás de los viejos muros de piedra no pudiera haber comodidades.

Las pizarreras, ahora muy activas, no dudan en destrozar canales romanos de los que llevaban agua a las minas de oro, y ubican sus aparatosos galpones en los lugares más visibles, dañando la belleza del paisaje rural.

Chimenea típica cabreiresa, en Villar del Monte. Foto guiarte. Copyright

Por todo ello, Concha Casado insiste ante el periodista: “tenemos que hacer algo urgente para salvar La Cabrera”, y éste se percata de su impotencia, tan grande como la que siente esta mujer menuda, que ya hace cincuenta años empezó a estudiar el lenguaje y la vida de los cabrerireses .

Mientras el periodista escucha a la antropóloga, rememora un instante de su recorrido por la comarca: la visión de un pajar ubicado en las afueras de Corporales, construido con franjas superpuestas de piedra oscura de pizarra y cuarcita blanca, y rematado con una cruz de piedras blanquecinas. La obra, absolutamente simple, está a caballo del primitivismo y la genialidad, un primitivismo que subrayado al oír a lo lejos los sones de la gaita cabreiresa de Moisés Liébana.

Y el periodista piensa que aquella gaita que toca un hombre maduro está lanzando también un mensaje angustioso: Por favor: ¡Salvad La Cabrera!      

Paisajes y manjares

Acceso Principal a La Cabrera

se accede desde Astorga o La Bañeza por la localidad de Castrocontrigo. A partir de éste pueblo la carretera continúa por el valle del río Eria. Es estrecha y sinuosa. No merece la pena ir con prisas.

Puntos de Interés:

Cabe destacar como puntos más interesantes la zona alta de Villar del Monte, el barrio viejo de Forna, los palomares de Robledo de Losada, Pozos, Trabazos, Iruela, Vilarino, etc. Otros lugares tienen también elementos de valor, aunque proliferan las aberraciones “innovadoras”, muchas de ellas con dineros públicos, como la plaza de Ambasaguas o los puentes de Nogar y Sapos(Truchas). El paisaje es siempre subyugante, desde los lagos glaciares de La Baña y Truchillas hasta los estrechos valles, donde resuena la musicalidad de ríos y torrenteras.

Eterna imagen en Villar del Monte. Foto guiarte. Copyright

Museo de La Cabrera:

En el pequeño Museo de Encinedo se presentan interesantes aspectos de la vida local: los cultivos, el carro chillón, los trabajos del herrero, las labores del lino, recuerdos de las danzas del paloteo y de representaciones teatrales del Corpus, etc., muestra todo ello de una profunda riqueza cultural del territorio. Un pequeño librito explicativo sirve perfectamente para conocer la zona .

Para Comer:

Para comer hay alguna fonda sencilla, así El Sabugo, en Quintanilla de Losada, donde la dueña de la casa hace un excelente caldo gallego y sencillos guisos de ternera. En Encinedo también está el restaurante El Abuelo.

Para Dormir:

Lo más interesante como alojamiento es el Centro Rural ubicado en la localidad de Forna(987692378). También hay una pequeña casa rural en Pozos(987670686) y otra en Baillo(987664727). Si se quieren mayores comodidades queda el recurso de pernoctar en alguno de los centros hoteleros de Astorga o La Bañeza.

Para Salvar Patrimonio:

La institución que está trabajando para la defensa de este tesoro cultural es: Asociación para la Protección del Patrimonio de Cabrera. 24740 Truchillas(León).

Arcaico pajar en Corporales.