Dólmenes de Burgos


El Megalitismo se distribuye muy ampliamente por la fachada atlántica europea y en menor medida en tierras del interior. En el caso de la Península Ibérica, por ejemplo, se conocen desde hace tiempo los dólmenes de Galicia, del País Vasco o de Los Pirineos. Menos conocidos, pero sumamente abundantes, son los de la provincia de Burgos.

Miguel Moreno, nos invita a un viaje por el megalistismo burgales. Texto y fotos son de su autoría.

Cuentaviajes Dólmenes de Burgos

Relato de viaje a Dólmenes de Burgos

Enterramientos neolíticos de páramos y valles

Hace unos seis mil años, los pobladores paleolíticos del norte de la Península Ibérica (que iban detrás de la caza y que recolectaban lo que se encontraban)

Se habían convertido en neolíticos sin ellos saberlo, y habían discurrido que era mejor domesticar y cuidar el ganado, y sembrar y recoger el grano, que vivir cada día al albur de lo que ocurriera.

Ruyales del Páramo es una localidad burgalesa del municipio de Huérmeces. Allí también se hallan estructuras megalíticas. Foto de Miguel Moreno/guiarte.com

El Neolítico, que significa "piedra nueva", es algo más que una técnica de cultivo y pastoreo, y mucho más que el pulimento de las hachas o el uso de la cerámica. La mejora de la producción trajo los excedentes, la seguridad, el ocio, la estructura social compleja y un pensamiento abstracto que elabora religiones y creencias.

En ese contexto aparecen los enterramientos megalíticos: los muertos ya no se esconden, ni se abandonan, sino que se exhiben a través de los monumentos dolménicos: estructuras de grandes piedras formando cámaras a las que se accede normalmente por un corredor, también hecho con lajas.

El conjunto se cubría con tierra para dar consistencia y seguridad a la obra. El panteón familiar, o tribal, o religioso -que aún no se sabe cuál era el método de selección de los difuntos privilegiados- se convertía en un hito en el paisaje, en una referencia visual y afectiva que unía a los neolíticos a su tierra y a su historia.

     

Un fenómeno extendido por toda Europa

En los dólmenes suele haber varios cadáveres enterrados de forma diacrónica, es decir, a lo largo del tiempo. Aparecen con sus ajuares de piedra, sus adornos, sus cerámicas.

Esta estructura se halla en la carretera de Busnela, de la Merindad de Valdeporres. Fotografía de Miguel Moreno/guiarte.com

Estos megalitos siempre han llamado la atención. Se acabó el Neolítico, vino el Calcolítico, el Bronce... e incluso durante el dominio de Roma se volvían a utilizar, o a hurgar en los enterramientos.

Durante el tiempo histórico, los dólmenes siguieron estando recubiertos del halo del misterio: tradiciones orales, supuestos tesoros, propiedades curativas, fertilidad infusa, hasta que la llegada de la arqueología moderna, hace unas décadas, puso de manifiesto la importancia de estos panteones prehistóricos.

El Megalitismo se distribuye por casi todo el mundo, aunque con una presencia recurrente en la fachada atlántica europea y en menor medida en tierras del interior. En el caso de la Península Ibérica, por ejemplo, se conocen desde hace tiempo los dólmenes de Galicia, del País Vasco o de Los Pirineos.

     

Megalitos en tierras burgalesas

En la meseta sólo parecía haber casos aislados, pero la realidad es otra: sólo en la provincia de Burgos se contabilizan hoy en día centenares de megalitos, junto con otros enterramientos tumulares de época sincrónica.

Al este del pueblo de Atapuerca, famoso por otros yacimientos paleolíticos, hay cuatro dólmenes. Éste, con 25 metros de diametro. Fotografía de Miguel Moreno/guiarte.com

Los dólmenes de Burgos están en los paisajes y ecosistemas más variados: en el fértil valle de Mena, al norte; en los pelados páramos de Losa, Masa y Las Loras; en Atapuerca y alrededores de Burgos; o en las estribaciones de la Sierra de la Demanda, del Sistema Ibérico.

Lo que sí parece, al menos en el caso de Burgos, es que estos enterramientos están lejos de ciudades y pueblos. De hecho, para visitarlos hay que armarse de paciencia y ganas de andar.

     

Los dólmenes de Sedano

Los más vistosos, porque han sido excavados y restaurados, son los de Sedano. Se recomienda visitar en Sargentes de la Lora el dolmen de La Cabaña, al que se llega en coche por un camino de concentración parcelaria.

Al norte del desaparecido pueblo de Mazariegos, término municipal de Mecerreyes, Burgos, se halla esta estructura megalítica. Foto Miguel Moreno/guiarte.com

También es fácil acceder a El Moreco, en el ramal de Huidobro de la carretera local de Sedano a Pesadas de Burgos.

Algo más alejados de la civilización están los dólmenes de La Cotorrita, en Porquera del Butrón, o el de Las Arnillas, en Moradillo de Sedano, uno de los más espectaculares por su situación en un alto.

Existe un aula didáctica en Sedano y una guía para visitar estos dólmenes, escrita por Germán Delibes, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Valladolid; Manuel Rojo, profesor de la misma Universidad; e Ignacio Represa, de la Escuela Superior de Arquitectura de Valladolid.

INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA

Para conseguir más datos sobre megalitos de Burgos (incluidas las coordenadas para GPS) puede recurrirse a la página web http://www.arrakis.es/~morenobl/