América Austral

America Austral: belleza, misterio y soledad

Hablar del sur de Chile y de Argentina es referirse al extremo austral del continente americano, un territorio cargado de belleza, misterio y soledad.

Rogelio Blanco nos conduce por aquel extremo sur de América

Cuentaviajes América Austral

Relato de viaje a América Austral

Tierra virgen

Decir al sur de Chile o de Argentina es decir al final austral del continente Americano. Dos países con disputas territoriales a pesar de disponer de una frontera natural que los divide: la cordillera de los Andes.

Chile, “el país delgado” como lo denominó Pablo Neruda, 4.300 kilómetros de largo y nunca más de 180 de ancho, amenazadoramente se convierte en saeta que apunta hacia la Antártida.

Este país, de arena, fuego y hielo reúne todos los climas y pretensiones de la naturaleza. Mas en este recorrido sólo nos fijamos en el Sur, por Aisén, Tierra de Fuego y Patagonia.

Glaciares, agua y montañas.

Aisén, tierra de bosques, lagos y glaciares, ya en el extremo sur, da muestras de la sorprendente belleza e inhospitalidad del frío antártico.

La población más importante, Coyhaiqué (40.000 habitantes), es el punto indicado desde el que se puedan organizar aventuras, excursiones por pedregosas carreteras, lo más recomendable son los transbordadores.

Desde el aire.

La carretera, denominada Austral Longitudinal, aún tiene tramos sin asfaltar o sin trazar. Estamos en la tierra casi-virgen que compagina lagos, islas, fiordos y bellísimos parajes naturales.

    

Frío y desolación

Puerto Montt, otra localidad desde la que se pueden organizar excursiones, en el punto de partida para visitar los fiordos.

Según se avanza hacia el Sur, aumenta la agresividad del territorio y la estepa desolada.

El frío y el viento, la desolación y las distancias acompasan al viajero.

Punta Arenas (100.000 habitantes) es la mayor ciudad austral. Ciudad con mayor vecindad histórica con la Patagonia argentina que con la capital chilena, Santiago.

En Punta Arenas, se respira un ambiente decadente. El propio que produce una ciudad con ritmo desacompasado y sujeta a los vaivenes de las bonanzas económicas. Quizá la excursión más atrayente desde esta ciudad sea la visita a las pingüeneras. El modo más práctico de llegar a Punta Arenas es el avión y desde esta ciudad tomar la carretera argentina para acceder a Puerto Natales.

    

Tierra de glaciares

Puerto Natales es una ciudad situada a casi 250 kilómetros de Punta Arenas y ubicada a orillas del seno de la Última Esperanza, desde la que se pueden organizar visitas al glaciar Balmaceda.

Un glaciar vivo que continuamente desprende hielo y ofrece numerosas irisaciones de acuerdo con el sol, y al que es fácil llegar en su tramo final.

Quizá lo más atrayente sea el Parque Nacional Torres del Peine. Una reserva rica en especies animales, sobre todo el guamanaco y el ñandú, y vegetales endémicas. Pero del Parque sobresalen dos torres graníticas, las torres del Paine.

Este parque dispone de hoteles, un museo-exposición permanente, servicios administrativos y turísticos.

Es un buen espacio para practicar el senderismo o cabalga, modos de descubrir bosques, arroyos y cascadas, cisnes y flamencos, variedades de ánades y de avecillas o el majestuoso cóndor.

Desde la ciudad de Puerto Natales y tras un tortuoso recorrido sobre carretera pedregosa y, a veces, anegada, se accede a la Patagonia argentina. Las ovejas, las vacas, caballos, alguna construcción de las estancias o el correr de la libre patagona, el vuelo de numerosos ánades, etc. son la única compañía para un tedioso viaje necesario para llegar a Calafate (Argentina).

    

Nieves, piedra y lagos

Se recomienda llegar a esta simpática ciudad para organizar una excursión al glaciar Perito Moreno.

Una auténtica explosión natural, inmenso río helado que constantemente avanza, una masa de hielo fósil que ofrece numerosas tonalidades. Una fuerza natural que sobrecoge.

A pesar de la escasa población que soporta los rigores de las fuerzas naturales y de las ambiciosas proyecciones turísticas aún no concretadas, opino que este viaje es para no olvidar.

Bosques o estepa, lagos y ríos, diversidad animal tratan de rellenar la soledad y el tedio que todo inundan.

Ciertamente el recorrido artístico se impone en el contacto con la naturaleza, bien sea practicando el senderismo, la caza, la pesca, esquí o, sencillamente, contemplando el poder y el rigor de la naturaleza.

Estamos más allá de la región de los lagos, al lado de los Andes, por los mares del Sur. Un espacio cargado de misterio y de leyenda, crecido en la soledad y del que ya dieron cuenta Magallanes y sus acompañantes; espacio que fue habitado por onas, fueguinos y patagones, a los que la ambición europea se encargó de exterminar.

    

País de belleza y esperanza

Creo que desde este inhóspito Sur se ve al Norte de otra manera.

“Un país lleno de esperanza
donde nadie cree en el futuro.
Un país lleno de memorias
Donde nadie cree en el pasado.
Un país que vive de fantasmas
Pero que no cree en leyendas.
Un país que vive de milagros
Pero que no cree en promesas
(...)
(Payo Grondona)

Rogelio Blanco Martínez