Agaete: un tesoro de Gran Canaria

Un acercamiento a un tranquilo lugar de la Isla de Gran Canaria, propicio para el gozo de la existencia.

Cuentaviajes con texto de Violeta Medina y fotografías de la autora y del hotel Roca Negra

Cuentaviajes Cuentaviajes Agaete: un tesoro de Gran Canaria

El viajero que busque paisajes únicos y el encanto del ritmo lento y cálido de un pueblo costero tiene que ir a Agaete, Gran Canaria.

Cada isla tiene un Tesoro

Decir Gran Canaria es muchas veces sinónimo de las grandes playas del sur y sus dunas.

La villa de Agaete, fundado como enclave en 1481, es un pueblo blanco lleno de encanto y bellos rincones.

Sin embargo, para el viajero que busque “el cofre” de lo auténtico, de paisajes únicos entre valles, jardines, piscinas naturales, playas, puerto, buenas comidas y vivir el encanto del ritmo lento y cálido de un pueblo costero tiene que ir a Agaete.

Esta villa que se ubica al noroeste de la capital de Gran Canaria, Las Palmas. Es un pueblo blanco en el que habitan cerca de 6.000 personas. Se extiende entre valle, casco-ciudad al centro y el puerto de Las Nieves pegado al mar. Esta geografía es una de las mayores singularidades que permiten disfrutar en una superficie pequeña (45,49 kms. cuadrados) de paisajes muy diversos.

El valle, además de su riqueza en frutales, es uno de los pocos, quizás el único lugar de España y de Europa, donde se produce café reconocido por su calidad. Destacan además las construcciones típicas algunas de las cuales han permitido el desarrollo del turismo rural. Pero sin duda, los atardeceres donde los macizos de piedra y con cimas de arboledas, se encienden en colores ocres y rojizos es un espectáculo digno de admirar.

Para los que sean menos contemplativos hay sendero como el de la Rama o Camino de los Romeros que tras dos o tres horas de caminata permiten disfrutar de una actividad física en uno de las zonas de mayor belleza ecológica de la isla.

La Rama

Este camino, el de la Rama, lleva el nombre del evento más importante de Agaete y una de las señas de identidad de Gran Canaria.

Vista desde el muelle habilitado para el baño, que abarca el conjunto rocoso el “Dedo de Dios”.

La Rama chica se celebra en el 29 de junio en la Parroquia de San Pedro, Valle de Agaete.

Previamente, de noche, los romeros, en su mayoría los habitantes del valle, suben a un pinar (el de Tamadaba, parque natural) para cortar ramas que ellos mismos bajarán al amanecer para luego bailar, al son de las bandas formadas por la propia gente, músicas típicas y por supuesto, el tradicional ritmo de la Rama, recorriendo todo el barrio de San Pedro y luego entregando esas ramas al Santo, aunque eso sí, la tradición obliga a que las de poleo y tomillo se queden en las casas para alivios de catarros varios.

Esta es la antesala de la Fiesta de las Nieves que es la popular fiesta de la Rama y que se celebra del 5 al 17 de agosto de cada año en honor a la Virgen de las Nieves, representación que es un tríptico flamenco del siglo XVI que se encuentra en la Ermita de Nuestra Sra. de las Nieves, construida la segunda mitad del siglo XVI.

El 4 de agosto, al igual que en la fiesta que le precede, tiene lugar la Bajada de la Rama donde los habitantes parten desde el centro de Agaete, a buscar trozos de ramas con las que bajarán para ir bailando con ellas hasta el santuario de la Virgen en el puerto. Esta comitiva acompañada por las bandas municipales tiene siempre la presencia de cabezudos o papagüevos, figuras humanas realizados en cartón y que representan a personajes populares vivos del pueblo que las portan los propios aludidos, salvo la excepción del papagüevos de la periodista americana Maggie Flemming que pasaba largas temporadas en Agaete y que pidió que al morir su papagüevo continuará en cada festejo.

Para los que gusten del senderismo en su máxima expresión, el Faneque, acantilado más alto de Europa, es todo un “paseo”.

“Peroleando”

Y en cualquier momento... a callejear o a perolear en Agaete.

Agaete goza de un enclave privilegiado, en el que asoman las huellas del vulcanismo, como en este punto, donde se asienta el hotel Roca Negra.

Tanto si se va en el período de la Rama o en cualquier momento del año resulta obligatorio pasar por la plaza presidida Iglesia de la Concepción (1874), y en cuya esquina contraria se encuentra el bar “El Perola”, una de las máximas instituciones de este pueblo singular.

Y es que este bar y su dueño han dado paso a una curiosa invitación y declinación verbal “vamos a perolear”. Lo que se traduce en tomar botellines de cerveza tropical (la cerveza de Las Palmas) o Doradas (las de Tenerife) bajo un lema que no deja dudas del talante de José Juan Jiménez (Pepe el Perola como se le conoce) “único bar del mundo donde el cliente no tiene la razón”.

Todo en esta antigua tienda de aceite y vinagre merece la pena, desde sus estanterías con todo el pedigrí de licores de hace 60 años o más y ese look vintage imposible de imitar, el tapeo de ropa vieja o mezclarse con la parroquia siempre variopinta.

Tampoco hay que perderse el Huerto de las Flores, jardín que se crea en el siglo XIX por una familia de lugar que plantan semillas de todas partes del mundo y que ha dado lugar a un jardín tropical con más de 100 especies con nombres y formas tan exóticas como la macadamia, el mamey, el árbol del alcanfor.

Otro lugar a conocer es el Museo de la Rama y por supuesto, lo mejor es callejear y perderse entre las calles estrechas.

Bar “El Perola” una antigua tienda de aceites y vinagres que es una institución en el norte de la isla.

El Puerto de las Nieves

Tras atravesar el pueblo de Agaete todos los caminos llevan al Puerto de las Nieves donde es posible bañarse en aguas que sorprenden por su tremenda transparencia, pese estar frente a un muelle de gran actividad marítima.

El Puerto de las Nieves es uno de los lugares en que se puede disfrutar del baño y luego de una amplia oferta gastronómica.

Se trata de una playa de piedra que superada la primera incomodidad para pisar resulta gratificante por la calidez de sus aguas y por poder contemplar los acantilados que emergen desde dentro del mar y que se extienden hasta el Pinar de Tamadaba.

También es posible entrar directo al mar por el muelle y bañarse en las cercanías del mítico “Dedo de Dios” formación rocosa que parecía apuntar con el dedo índice hacia el cielo y que tras un temporal perdió ese “dedo” acusador.

A los pies del muelle hay todavía antiguas casitas de pescadores donde es posible al atardecer ver a más de uno sacar sus sillas para mirar el trajinar de los bañistas. Esta es la zona de restaurantes donde se pueden saborear, salpicón de mariscos, sardinas asadas, paellas marineras, parrilladas de pescados frescos, entre otros platos.

Caminando por un paseo que bordea el mar en sentido contrario al puerto se llegará a Las Salinas con sus tres piscinas naturales conectadas por túneles y en cuya superficie hay espacios de rocas negras que permiten extender la toalla y gozar de una tarde que permite olvidar las prisas y las urgencias.

Eso ocurre en todo momento en Agaete porque el descanso y el disfrute se transforma en la mejor de las obligaciones.

Disfrutar frente al mar

Merece la pena gozar de un lugar tranquilo como Agaete... y también merece la pena disfrutar del mar.

Descanso, mar y vistas infinitas. Piscina temperada frente al mar, en el Hotel Roca Negra

Para visitar Agaete y disfrutar de todos sus placeres alojarse en el Hotel Roca Negra es el segundo paso que hay que dar tras llegar a este pueblo del norte. Inaugurado en 2010 e integrado a la roca volcánica negra que da nombre al hotel y Spa resulta por su arquitectura y juego con el entorno un sitio privilegiado para estar, desde cualquier balcón de las cómodas habitaciones, mirando el Atlántico desde un atalaya que permite llenar los ojos de increíbles atardeceres.

En el hotel se puede gozar de una piscina templada, un jacuzzi al aire libre con vistas al mar, de un pool bar y un completo servicio de spa y masajes y tratamientos de belleza. También se puede consultar por los servicios de senderismo,alquiler de caballos, submarinismo, entre otras prácticas que se pueden desarrollar en el entorno.

Desde sus instalaciones se puede bajar directamente por un camino sembrando de flores, palmeras, cactus y piedras volcánicas, directamente hacia Las Salinas (las piscinas naturales) y de ahí al Puerto de Las Nieves. Un buen lugar para quien huya de las multitudes.

De camino hacia las piscinas naturales de “Las Salinas”.