Aves envenenadas

Un ganadero acaba de ser condenado por el envenenamiento de 6 águilas imperiales ibéricas en Ciudad Real, un hecho que nos lleva a destacar el efecto positivo de las aves en el ecosistema y la necesidad de defenderlas.


Águila imperial. Tatavasco/Seo/BirdLife

El acusado –según informa Seo/Birdlife- ha sido condenado a un año y medio de prisión y al pago de una indemnización en concepto de responsabilidad civil que asciende a 360.000 E. por el Juzgado Penal número 1 de Ciudad Real.

Estos hechos condenados y condenables, se produjeron en el mes de enero de 2012, cuando se localizaron envenenados en la finca de la Encomienda de Mudela, situada en el municipio de Viso del Marqués (Ciudad Real), 6 ejemplares de águila imperial ibérica, un zorro, así como un total de 9 cebos.

Durante el juicio quedó probado que la muerte de los animales se produjo por envenenamiento causado por un potente insecticida encontrado igualmente en los cebos localizados y que el acusado los colocó en su finca con la finalidad de dar muerte a los depredadores, entre ellos las águilas imperiales que nidificaban en su parcela.

La protección de la fauna exige severidad contra estos causantes de tales desaguisados porque todo el daño es una agresión al patrimonio de cada uno de los habitantes de la tierra. Y el tema es grave, tanto en el caso de los abundantes pájaros insectívoros como de los animales protegidos, como es el caso de las águilas imperiales, ave endémica y orgullo de la avifauna hispana.

Hay un caso notabilísimo en el siglo XX que muestra cómo la destrucción de una especie es un daño que recae en el propio ser humano, y fue el intento de Mao Tse-Tung de acabar con los gorriones chinos porque estimaba que comían granos suficientes para alimentar a decenas de miles de habitantes más.

En 1958, en el marco de la campaña del Gran Salto Adelante, inició una operación para controlar lo que identificó como plagas, entre ellas la abundancia de gorriones, considerados “enemigos de la Revolución” por esquilmadores de cosechas.

Durante un tiempo se efectuaron tenaces persecuciones, envenenamientos, etc., hasta agotar realmente la población de gorriones. El efecto fue desastroso: proliferación de insectos, plagas de langostas… y un periodo de hambre que se llevó a la tumba a unos 20 millones de personas. La Unión Soviética tuvo que abordar una campaña de captura de gorriones para reintroducirlos en China y liberar al país de la hambruna.

Es una lección que tendría que enseñarse en las escuelas y que habría de ser difundida suficientemente para que la gente aprenda a amar a los pájaros no sólo por su belleza y por ser parte de la naturaleza, sino porque son un elemento de equilibrio necesario para la conservación de nuestra propia calidad de vida.

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