La simiente de la miseria

Aquellos que destruyen la cultura y el patrimonio son los grandes sembradores de la miseria.

Ruinas de la ciudad de Hatra © UNESCO/Giovanni Boccardi

Mosul, 10 de marzo de 2015
Viene esto a cuento porque estos días ha saltado a los medios informativos la triste noticia de que los extremistas del Estado Islámico metieron buldóceres en la milenaria ciudad de Hatra, enclave destacado del Imperio Parto, para borrar las huellas de una brillante cultura de hace más de dos milenios.

Durante medio milenio, esta ciudad, cercana a la actual Mosul, fue centro de poder de los partos, nación que rivalizó incluso con Roma. Murallas, templos y edificaciones diversas otorgaban una gran monumentalidad a las ruinas de la urbe, Patrimonio de la Humanidad desde 1985, y ahora arrasada.

La noticia sucede a otra anterior referida al sitio de Nimrud, y reclama la atención de todos aquellos que tienen conciencia y sensibilidad, de quienes respetan las libertades y el amor al ser humano y al arte.

La UNESCO declaraba hace días que la destrucción deliberada del patrimonio cultural constituye un crimen de guerra e hizo un llamamiento a todos los responsables políticos y religiosos de la región a alzarse contra este nuevo acto de barbarie y recordar que no existe justificación política ni religiosa alguna para destruir el patrimonio cultural de la humanidad.

Los saqueos jamás tienen justificación; sólo consiguen empobrecer al territorio –tanto en el placo económico como cultural- y llenar de oprobio al propio agresor.

A las críticas y llamamiento de la UNESCO también se ha unidos la Organización Islámica para la Educación, la Ciencia y la Cultura (ISESCO). Ambos alzan sus voces para defender a Irak de la barbarie, y reclamar la cooperación internacional, demasiado tibia.

Pero cabe alertar que a veces en estos conflictos también hay en Occidente sectores que participan de la indignidad del agresor. Son aquellos que aprovechan estos saqueos para enriquecerse mediante el tráfico ilícito de bienes culturales, actividad que propicia la destrucción de la memoria y financia al terrorismo.

Ruinas de la ciudad de Hatra © UNESCO/Giovanni Boccardi

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