Túnez: Yo soy Alí y ésto es África


Lalo Fernández Mayo, periodista afincado en La Coruña, observador y agudo viajero, da una visión personal de un viaje a Túnez.

El viajero contrapone el Túnez de diseño que venden los turoperadores internacionales, frente al otro Túnez, el de la cultura mediterránea del sur.

Cuentaviajes Túnez: Yo soy Alí y ésto es África

Relato de viaje a Túnez: Yo soy Alí y ésto es África

Yo soy Alí y esto es África

Lo que más llama la atención cuando se llega por vía aérea a Túnez.

Y más aún si el vuelo nocturno ha agitado nuestro cuerpo por la presencia de una tormenta, son sus salas semidesiertas, en las que la omnipresencia policial llega a impresionar al viajero.

Agentes absolutamente serios -todos ellos con un bigote recortado por un mismo peluquero sin imaginación- revisan nuestro pasaporte, nos hacen rellenar el formulario de entrada en el país, (que, aún en el avión, nos habrá facilitado alguna azafata) y sustituyen a los funcionarios civiles en las misiones de control de billetes de embarque.

Sousse y la Gran Mezquita. guiarte-Turismo de Túnez. Copyright


Por eso cuando, cargados de maletas y totalmente despistados, a los turistas se nos presenta un nativo que con la mejor de sus sonrisas y un indescifrable acento entre francés e italiano dice: Hola, yo soy Alí y esto es África, la tranquilidad se extiende

Estábamos perdidos y nos han encontrado.

...Y ya, inmediatamente, una máquina bien engrasada se pone en marcha. El trámite de la aduana -una vez rellenados un par de formularios cuyos resguardos nos servirán de provisional DNI-suele ser liviano para los visitantes, aunque no es lo mismo para los residentes, que tienen que sufrir los consabidos registros. Cual rebaño obediente, mirando de reojo y todavía con prevención a las esfinges de la autoridad, el grupo sigue fervientemente a su guía, que da órdenes al chofer en un idioma en el que nos es imposible identificar una sola palabra.

A partir de ahora, nuestro destino físico y emocional queda en sus manos.

     

El Túnez de los turoperadores

Turoperadores y hoteles han europeizado la costa.Hotel en Port El Kantaoui. guiarte-Turismo de Túnez. Copyright


Efectivamente, ya estamos en África; un continente que no nos enseña tanto su cara real en la capital, una ciudad con apariencia europea (del Sur), como en cualquiera de sus otros aeropuertos del centro del país.

Túnez es una ciudad muy animada durante el día, con las arterias agitadas por un tráfico absolutamente caótico, excepción hecha de la Medina, cuyas calles estrechas limitan el tránsito de forma forzosa a peatones y bicicletas.

En contraste con la ciudad vieja, que rodea la gran mezquita, la mayor del Magreb, con un zoco de calles cubiertas y abigarradas de productos golosos a los ojos del visitante, Túnez se extiende ahora a lo largo de grandes y luminosas avenidas entre las que destaca la de Habib Bourguiba, con edificios modernos de arquitectura agresiva frente a palacios en los que las múltiples culturas que por aquí pasaron dejaron parte de su alma.

Este país es, con Egipto, el que mayor número de turistas acoge y el que una mayor infraestructura hotelera puede ofrecer. Por esta razón ha sustituido parte del encanto que proporciona lo desconocido y lo ha cambiado por numerosos locales de diversión y servicios. En ellos, cualquier europeo se verá rodeado, con excepción de los camareros, siempre con increíbles uniformes, por alemanes, franceses, italianos y, cada vez en mayor medida, españoles.

     

Y el Desierto domesticado

Mides. guiarte.-Turismo de Túnez. Copyright

En cambio, la imagen del continente negro (que aquí nunca lo es del todo) aparece completamente al descender del avión en Tozeur-Nefta, el más meridional de los aeropuertos tunecinos, tras el que nace, entre cientos de miles de palmeras, la inmensidad amarilla y seca del desierto.

Aquí, Alí (o Mohamed, que tanto da) nos embutirá con nuestras maletas en el obligado vehículo de estas tierras, un todoterreno de amortiguadores machacados, marcado por las piedras de las pistas y cubierto de polvo, para llevarnos al hotel.

De nuevo desaparece la imagen dura de África y entramos en el lujo árabe que los empresarios hosteleros del país han incluido en sus establecimientos.

La inmensa mayoría de los turistas españoles que visitan Túnez se aloja en hoteles de cuatro estrellas, suficientemente baratos para nuestra economía doméstica y con un servicio que nada tiene que envidiar al europeo. Es una buena manera de evitar sorpresas, pero que también mitiga toda posibilidad de aventura.

A partir de aquí, si no tenemos cuidado, nos espera un desierto domesticado que veremos a lomos de un aburrido e internacional camello o desde la ventanilla de la furgoneta, con paradas en puntos estratégicos donde los vendedores, generalmente concertados con los guías y chóferes, nos ofrecerán rosas del desierto, bolsos de piel de camello, alfombras, tés y casi cualquier otra cosa que necesitemos.

Salvo que uno vaya por libre, el sistema turístico, desgraciadamente copiado del occidental, pocas posibilidades le deja al viajero para caminar en medio de una noche de luna llena por las dunas del desierto.

...Y es que, a pesar de la comodidad, uno piensa que no viaja hasta África para beber una coca cola.

     

Sidi Bou Said es... otra cosa

Puerta en Sidi Bou Said. guiarte-Turismo de Túnez. Copyright

El azul de Túnez

Sidi Bou Said puede ser uno de los tres o cuatro sitios -no más- en los que recomiendo buscarme si algún día desaparezco sin dejar rastro. Está en África, a unos veinte kilómetros de la capital de Túnez, a diez de su aeropuerto y a orillas del Mediterráneo. De hecho sube por altos cantiles, despegándose del azul del mar en su camino hacia el otro azul del cielo.

Es blanca y azul; blanca por la cal y la luz, y azul por el mar, el cielo y la pintura con que adornan sus puertas, ventanas y fachadas, tradicional manera de solicitar la buena suerte en el mundo árabe.

Sidi Bou Said es una población (resulta difícil catalogar como ciudad a los asentamientos urbanos africanos, salvo media docena de metrópolis, tan lejos de nuestros esquemas occidentales) acogedora y liberal para lo que se estila en un país islámico.

En los cafetines situados en un radio de trescientos metros alrededor de la mezquita o de las diversas casas de santo nos será imposible beber alcohol, ya que lo prohíbe la religión. No obstante en ellos pondrán a nuestra disposición todo tipo de tés, con hierbabuena, miel, piñones...

Por las calles, inclinadas a lomos de cuestas excesivas por las que las casas engarrian prácticamente sobre los perfiles de un acantilado, nos encontraremos con artistas plásticos, escritores, poetas y mucha más gente algo loca y diferente, según palabras de Mohamed, un ocasional amigo hecho al vapor humeante del té en el cafetín más típico de Sidi Bou Said, ese que se encuentra en la parte más alta de la calle principal, tras subir por unas empinadas escaleras (es que aquí, repito, todo es empinado) y cruzar el arco ajedrezado de su entrada.

A ambos lados de una calle sin aceras se abren docenas de tiendas de todo tipo, fundamentalmente bazares y pequeños talleres donde, bajo los toldos formados por manojos de bolsos de piel de camello, los artesanos machacan adornos en platos de cobre o trabajan con mejor o peor fortuna la plata (o su sucedáneo, que de todo se encuentra en esta tierra de Alá).

Sidi Bou Said es el lugar idóneo para descansar después de haber hecho una de esas maratonianas tournées a que nos obligan los agentes de viajes, con la colaboración de un ejército de guías perfectamente adoctrinados.

Un viaje por Túnez siempre es recomendable. Especialmente por el Gran Sur, a orillas del desierto. Pero antes de volver a casa hay que hacer lo mismo que Mahoma cuando tuvo que salir de La Meca camino de Medina: limpiarse del calor y arenas desérticos. Por eso, nada mejor que guardar para el final del viaje cuatro o cinco días en una de las más bellas poblaciones del Mediterráneo.

     

Lo que hay que ver

No deja de ser una pena tener que contar todos esos sitios hermosos que se ha tenido la fortuna de conocer, porque enseguida dejarán de ser lo que hasta ahora han sido y -desgracia del siglo XXI- se masificarán.

Pero esto es un trabajo y, de cualquier manera, no muchos turistas ven claro lo que de positivo tiene perder media docena de días en una misma ciudad, sobre todo si es tan pequeña como Sidi Bou Said.

Al otro lado de la colina por la que asciende Sidi Bou Said se conservan las ruinas de Cartago (del Cartago romanizado, ya que el cartaginés, como se recordará por los manuales de Historia, fue totalmente arrasado y cubierto de sal por un egregio miembro de la familia patricia de los Escipión). ...Y sobre las columnas de las termas, que aún se mantienen en pie, numerosos puestos con guardias armados, alambradas y muros, nos indican la residencia del Presidente tunecino. Si él ha elegido este lugar para vivir, Sidi Bou Said puede ser bueno para cualquiera, por muy alto que quiera poner el nivel.

Hammamet. Cúpula y vista al mar. guiarte-Turismo de Túnez. Copyright


Hay muchas más cosas que ver en una veintena de kilómetros a la redonda (la capital del país, con la Medina, el museo de El Bardo, el zoco, la ciudad misma) pero la propuesta es quedarse aquí. Descansar, relajarse del ajetreado traqueteo de los todoterrenos que desarmaron nuestros huesos por los saltos del desierto y dedicarse al dolce far niente en la sombra de una terraza delante de un refrescante té hirviente con menta.

La costumbre entre los turistas es pasar el día con prendas muy ligeras (shorts, camisas sueltas y sandalias) y vestirse para la noche, a la hora de la cena. El aire de Sidi Bou Said no es ese. El auténtico espíritu de la villa obliga a un atuendo más bohemio, sin afeitarse (ellos) y sin maquillaje, que por otra parte no es muy recomendable para el calor (ellas).

Sbeitla. guiarte-Turismo de Túnez. Copyright

...Y pasear por las calles, si es posible, sin la omnipresente cámara de fotos o planos que siempre nos delatan como turistas. Aquí lo más que podemos permitirnos es dejar ver que somos viajeros, definición ésta con connotaciones muy diferentes.