Texas en Burgos

En junio de 1964 brotó por primera vez el petróleo de La Lora, en la provincia de Burgos.
Ayoluengo, Valdeajos y Sargentes, tres pequeños pueblos del páramo, dedicados por aquel entonces a la patata de siembra, se encontraron de repente rodeados de periodistas, de políticos, de ingenieros, de especuladores.
Todos buscaban su parte de pastel negro, todos querían ser protagonistas de la nueva Texas española.

Es un cuentaviajes realizado por Miguel Moreno, en el que repasa el ayer y hoy de esta sencilla tierra burgalesa.

Cuentaviajes Texas en Burgos

Relato de viaje a La Lora: Texas en Burgos

Petróleo para la gloria

El NO-DO publicó un entrañable reportaje en el que se veía al cura de Sargentes de la Lora recogiendo en el charco del pozo número 1 un frasquito de petróleo para usarlo en la lamparilla del altar.

Charco de petróleo junto a las instalaciones del campo de Ayoluengo. Foto Guiarte Copyright

La maestra explicaba a los alumnos cómo se formaba el petróleo en las entrañas de la tierra; la telefonista del pueblo no daba abasto a poner llamadas procedentes de todo el mundo. Un día llegaron a La Lora los entonces príncipes de España, y la tradición oral, o tal vez las malas lenguas, recuerdan que doña Sofía se manchó el abrigo.

Las máquinas de bombeo desmanteladas apuntan, como cañones en formación, a los aerogeneradores. Guiarte copyright

A los pocos meses hubo una reunión en Burgos para decidir el futuro del petróleo que tan abundantemente iba a brotar. Se habló de hacer una refinería en la provincia, pero el ministro quería construir un oleoducto hasta Bilbao. Vano empeño.

La realidad, tan tozuda como siempre, vino a poner las cosas en su sitio. Bastaría con tender una pequeña tubería hasta la carretera nacional de Burgos a Santander, para recoger allí en camiones el petróleo y llevarlo a quemar, porque no valía para otra cosa, a las industrias más cercanas.

Del sueño a la realidad

Pero, ¿qué pasó de aquel campo petrolífero? Hoy en día, continúa produciendo cansinamente una pequeña cantidad de crudo que se carga directamente en camiones para su traslado a un par de empresas.

Hacia 1990, el campo ya había dado muestras de agotamiento, y el oleoducto fue suprimido. Pero avanza el siglo XXI y las máquinas extractoras, los célebres “caballitos”, siguen cabeceando sobre la losa del páramo en busca del oro negro.
Los camiones cargan al final del oleoducto, en la carretera de Burgos a Santander.. Guiarte Copyright


Al precio que se ha puesto en los últimos años, el negocio parece rentable; tanto, que la empresa explotadora ha pedido permiso para abrir tres nuevos pozos.

Las paradojas de la energía son constantes: en los años 60 y 70 del pasado siglo, la aparición de gas junto al petróleo era un incordio, un subproducto que había que quemar. Pero en este tercer milenio el gas natural vale mucho dinero, se puede utilizar en el consumo doméstico y, sobre todo, es capaz de generar electricidad. ¡Qué lástima, con la cantidad de gas que sólo ha servido para iluminar las limpias noches del páramo burgalés!

La esperanza del páramo

De la mano de la editorial Dossoles y de la Diputación Provincial de Burgos ha aparecido en 2007 un libro titulado “El petróleo de La Lora, la esperanza que surgió del páramo”, en el que han colaborado 16 profesores y especialistas.

El cultivo del girasol, en primer plano, rivaliza con los tanques de almacenamiento de petróleo. Guiarte Copyright

Ha sido un buen momento para reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro. La energía del subsuelo creó grandes expectativas, enormes frustraciones y pocas esperanzas.

Tal vez el mejor ejemplo sea el de la gasolinera de Sargentes de la Lora, puesta en marcha a toda prisa en los momentos de esplendor, mortecina durante cuatro décadas, y desmantelada justo cuando se cumplen cuarenta años de la aparición del petróleo.

Las instalaciones del campo petrolífero. Al fondo, los aerogeneradores de Ayoluengo. Guiarte Copyright

Sin embargo, la vida sigue en el páramo de La Lora. Los agricultores siguen cultivando una fenomenal patata de siembra, reconocida en toda España, aunque la Política Agraria Comunitaria parece haber orientado el camino hacia el girasol y el cereal. En invierno, la nieve es un elemento persistente en el páramo, a pesar del cambio climático, pero en verano vuelve la vida biológica, el páramo se llena de esplendor, de genistas amarillas en mayo, de trigales verdes en las colinas calcáreas, de gamones blancos durante el otoño.

Es tierra de perdices, de jabalí, de corzo y de lobo. Los paisajes resultan sorprendentes: una losa calcárea, a veces pura piedra, que permite ver un horizonte circular. Pero en cualquier recodo aparece una cueva, o el borde de Valderredible, asomándose al Ebro desde las alturas, uno de los paisajes más sorprendentes del norte de España.

El futuro

El futuro del páramo de la Lora tal vez siga pasando por el petróleo que no termina de agotarse. Seguirá la agricultura, que deja buenos dividendos. Pero la mirada del visitante llegará a través del turismo.

El final del ciclo del petróleo parece coincidir con el comienzo de la energía eólica. Guiarte Copyright

En los próximos meses se abrirá en Sargentes de la Lora un Centro de Interpretación del Petróleo. Y en los próximos años acudirán a aquellas tierras perdidas los que quieran disfrutar de soledades absolutas, de pueblos abandonados, de la contemplación de las estrellas sin contaminación lumínica, de la grandeza del páramo a través de los detalles: una sorprendente riqueza arqueológica neolítica (dólmenes, menhires), una variedad botánica que incluye desde las orquídeas hasta los avellanos silvestres, micología para hacer una enciclopedia, aves de todo tipo.

Y de fondo, tal vez durante muchos años, Las máquinas extractoras del petróleo seguirán con su cadencia, con su ruido monocorde, con su movimiento noche y día, acompañadas ahora por los parques eólicos, la nueva forma de energía que coloniza los páramos baldíos del norte de Burgos. Pero esa es otra historia de la que escribiremos dentro de 40 años.

Datos Prácticos

Cómo llegar, qué ver, servicios, accesos... datos interesantes para la vista a la zona.

Sargentes de la Lora en la actualidad. Guiarte Copyright


Cómo llegar: desde Burgos a Santander, por la carretera N-623 hasta el kilómetro 52 (San Felices del Rudrón). Tomar el desvío a Sargentes de la Lora, y desde allí a Ayoluengo.

También, desde Burgos a Santander, por la carretera N-627, hasta el kilómetro 53 (Basconcillos del Tozo). Tomar el desvío a Sargentes de la Lora, pasando por Valdeajos, y desde allí a Ayoluengo.

Servicios: Hay un pequeño bar. También una casa rural que alquila habitaciones.

Los pozos están diseminados por el campo, con buen acceso. Cuidado, el petróleo mancha.

Las instalaciones del campo petrolífero. Al fondo, los aerogeneradores de Ayoluengo. Guiarte Copyright



Qué ver: Además del campo petrolífero, se puede visitar el dolmen de La Cabaña, en Sargentes de la Lora, al que se accede por una pista señalizada (ver los dólmenes de Burgos en Guiarte). En la carretera de Sargentes a Valderredible, hay una hermosa vista sobre el Valle. La Comunidad Autónoma de Cantabria está construyendo un observatorio astronómico.

A La Lora se accede por tres valles:

  • El río Rudrón, con espléndidos paisajes, el Pozo Azul, cañones del río Ebro, Valdelateja, Escalada...

  • El río Ebro, desde Valderredible (abundantes eremitorios), pasando antes por Orbaneja del Castillo, uno de los pueblos más bonitos de España.

  • Valdelucio. Desde Basconcillos del Tozo, camino de la Lora, merece la pena desviarse a Hoyos del Tozo. Hay una pista en mal estado que lleva al pueblo abandonado de Lorilla, un lugar emblemático.