La madera del pueblo

En Grisuela del Páramo (León), en 1958, nace José Antonio “Alonso-Santocildes” Sutil. Pronto, a los cuatro años de edad traslada su residencia a otro pueblo Leonés, Carrizo de la Ribera. Alonso-Santocildes deja el Páramo leonés y desciende a orillas del río Órbigo.

Estamos ante un artista del que no se puede ofrecer un currículo ni titulaciones académicas relevantes. Sencillamente es un autodidacta que desde joven observa la realidad próxima, la naturaleza, el taller de ebanistería de su padre, un maestro escultor de la madera, y la realidad rural leonesa. Motivos suficientes para despertar en el joven artista inquietudes creadoras tendentes a sonsacar el alma de la materia, en concreto de la madera.

Cuentaviajes La madera del pueblo

Relato de viaje a La madera del pueblo

La naturaleza sabia

En Grisuela del Páramo (León), en 1958, nace José Antonio “Alonso-Santocildes” Sutil.

Pronto, a los cuatro años de edad traslada su residencia a otro pueblo Leonés, Carrizo de la Ribera. Alonso-Santocildes deja el Páramo leonés y desciende a orillas del río Órbigo.

En principio fue el árbol. cuadro de Santocildes, titulado Arbol al cielo.

Estamos ante un artista del que no se puede ofrecer un currículo ni titulaciones académicas relevantes. Sencillamente es un autodidacta que desde joven observa la realidad próxima, la naturaleza, el taller de ebanistería de su padre, un maestro escultor de la madera, y la realidad rural leonesa. Motivos suficientes para despertar en el joven artista inquietudes creadoras tendentes a sonsacar el alma de la materia, en concreto de la madera.

     

El taller familiar

El taller familiar, la profesión que ejerce desde joven, etc. y, sobre todo, la capacidad de observación de José Antonio, hacen que se convierta en un gran conocedor de la madera.

Es capaz de extraer de ella, de sus variedades, los rincones escondidos para los profanos y donárnosla en expresiones artísticas con multitud de sugerencias; las suficientes para no permitir la indiferencia y a sabiendas que detrás de la materia y sus posibilidades se concentra la potencia del universo, que materia también es.

El eco de tu mirada, un trabajo en madera, hecho con la colaboración de su hija Alexandra.

Y en esta tarea matérica y creadora, José Antonio suele acompañarse de la ayuda de su padre y de su hija Alexandra; ésta en breve frase teje lo que su abuelo, padre y ella misma pretenden: “La naturaleza sería el comienzo de la obra artística".

Tiempos contemplativos.

La madera como soporte, ofrece recursos a quien sabe observarla y escucharla, sus vetas, nudos, color, forma... con sus palabras, susurros y gritos que insinúan lo que tiene dentro y cómo hacerlo florecer”. Por lo tanto, al mirar y sonsacar las posibilidades expresivas de la materia el artista entra en competencia creativa con los dioses. Si estos, aquí nos dejaron sus creaturas, nuestros creadores las mecen y provocan, acarician y violentan, aquietan y fuerzan a fin de obligarlas a verter gotas de sus esencias expresivas, lo mejor de ellas, aquellos detalles que más les concedieron los dioses, y para trascendencia de ellos mismos y goce estético del hombre.

    

Más allá de la física

Así pues, si hubiera que buscar un epíteto para Alonso-Santocildes no sería el de matérico, sino el de metafísico.

José Antonio obedece al mandato aristotélico: “id más allá de la física” (metafísica); es decir, adentrarse hasta “los profundos” de ésta, abrir sus vetas para que destile estéticamente su alma.

La metafísica, en este sentido, no es alejarse del universo y de sus seres para perderse en los mundos celestes de los dioses o en los ínferos diabólicos, sino quedarse aquí, con mis semejantes (el otro), con las cosas (lo otro) y conmigo mismo (el yo). Y este yo debe entenderse con “el otro” y “lo otro”; convivir con ellos, más “el yo”, en un esfuerzo alejado de violencia. Como diría M. Zambrano: “sin pesar ni pisar sobre nada ni nadie”; y en otro lugar la filósofa apunta el grave error del hombre cuando no se entiende con los semejantes y con las cosas, “nos enredamos en sus sombras”.

Prisionero de si mismo.

Esta tarea desveladora y reveladora de la realidad ya la ha mostrado José Antonio en numerosas exposiciones colectivas, iniciadas en 1991, y recorriendo la geografía iberoamericana con cerca de una docena de exposiciones individuales.

El esfuerzo le ha sido reconocido con numerosos premios, de ellos destacamos varias menciones honoríficas concedidas por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

     

Huertos y olmos secos

Pero en el taller y el estudio de nuestro artista no son los únicos ámbitos de creación de Alonso-Santocildes.

La huerta familiar; el olmo seco afectado por la grafiosis de Velilla de la Reina, “el negrillón” atento a los numerosos concejos que a cogía y marcaban el ritmo del pueblo; los troncos arrastrados por el inquieto río Órbigo; los que se consumen retorcidos ente los cierros de los prados o los viejos y extenuados frutales que se esconden tras los tapiales de las huertas, o ... todo, todo resto de materia, es suficiente provocación para nuestro creador Pues éste sabe que tales objetos no se deben dejar fosilizar bajo capas de olvido, sino que es necesario preservarlos, avivarlos y ofrendarlos.

Madera tintada por su propia exposición al sol. Un premio nacional mereció este trabajo de Santocildes

Son ruinas, ruinas vivientes. Y siguiendo nuevamente a Zambrano, “las ruinas es lo que permanece de la historia” ¿Cómo dejar que se mineralize en olvidos cenicientos “el negrillón” fundacional de Velilla de la Reina? ¿Cómo no reconocer la fuerza vital de un testigo de la historia de un pueblo y sus avatares? No en vano la cita capitular del texto “En el jardín de los guerreros“ de F. Suárez, y dedicado a una exposición realizada por Caja Duero, reza así: “Nunca la naturaleza dice una cosa y la sabiduría otra”.

     

El afán creador

Estimo que este afán creador de este artista leonés acunado entre la experiencia tranquila de su padre y la firme provocación experimental de su hija Alexandra...

nos enseñará a descubrir el numen de la realidad, los ámbitos que sólo atisban las miradas sostenidas y vibrantes, quietas y metafísicas.

¡Quizá este sea el modo de leer la realidad! y si no somos capaces sigamos la estela de Alonso-Santocildes, pues ya ha dado muestras de avivar otras caras de la materia, las más elocuentes y amables.

la naturaleza está en toda la obra de Santocildes, Y el bosque. Es su sino. Óleo

Y la amabilidad no sólo es la faceta que José Antonio realza de la naturaleza, sino su manifestación transparente ante el visitante, del que sólo exige presencia, y mirada límpida; actitudes necesarias para acercarse respetuosamente a la naturaleza, pues “la naturaleza es muy sabia”

“La naturaleza es muy sabia”

Rogelio Blanco