Villarmentero de Campos, Palencia (España).

Si algo impresiona del pequeño pueblo de Villarmentero de Campos son sus cruces recubiertas con la pátina del tiempo, que se levantan apenas unos palmos sobre la llanura cerealística.

Crucero en el entorno de Villarmentero. Imagen de Jose Holguera/www.grabadoyestampa.com/guiarte.com.

Artemio Artigas
Las cruces de Villarmentero rezuman humildad por su sencillez y escaso porte. Parecen pegadas al terreno por el peso de la historia o por la presión de ese sol de justicia que oprime al peregrino que viaja hacia Santiago en el estío. Tal vez para aligerar ese peso y para hacer más llevadera la sequedad del territorio, a las afueras del lugar, a la izquierda, hay un humilde merendero en el que una pequeña gavilla de pinos ofrece el don de la sombra.

Villarmenteros, que tuvo hace un siglo unos doscientos habitantes, apenas está poblado ahora por una decena. Eso sí, en el lugar hay aún albergue para el peregrinaje.

El pueblo es humilde, con sencillas construcciones entre las que abunda el tapial y el adobe, y se dedica básicamente a la agricultuar. Aparte de sus cruces atesora una iglesia achaparrada con una torre masiva y cuadrada, construida básicamente de ladrillo.

La sólida espadaña de la Iglesia de San Martín de Tours, en Villarmentero. Imagen de Jose Holguera/www.grabadoyestampa.com/guiarte.com.

En el lugar, la iglesia está bajo la advocación de uno de los santos más famosos del Camino Francés, San Martín de Tours, cuya devoción se expandió desde Francia a todos los rincones del norte de España, especialmente a través de la peregrinación. Se cuenta que un hombre que viajaba en la antiguedad en una acémila traja a Villarmentero reliquias del santo.

Aparte de las cruces que rodean el edificio parroquial, en el interior se puede ver un sencillo artesonado y un retablo del siglo XVI. Entre las imágenes, la popular representación de San Martín dividiendo su capa para compartirla con un mendigo.

El pueblo tuvo un buen hospital de peregrinos desde la Edad Media.

El camino sigue hacia el oeste y al cabo de unos cuatro kilómetros aparece Villacázar de Sirga, con el magnífico templo de Santa María la Blanca.

Cruz de piedra ante la portada parroquial, en Villarmentero.Imagen de Jose Holguera/www.grabadoyestampa.com/guiarte.com.

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