Valdevimbre, León (España).

A unos veinte kilómetros al sur de León se halla un pueblo que aparenta ser uno más de los que se ubican en los límites del Páramo con la hondonada de los valle del Esla...
Cubas en la bodega de La Sacristía. Foto Guiarte Copyright

Sin embargo, Valdevimbre ha tenido escondidos en su suelo dos secretos.

El primero se refiere a su historia: En el museo de León se conserva el llamado tesoro o tesorillo de Valdevimbre. Se trata de un conjunto de armas, herramientas, adornos, etc. que parecen ser parte de una ofrenda ritual de finales de la Edad del Bronce, elementos hallados hace casi cien años mientras se construía un camino vecinal en el entorno.

El otro secreto se guarda también bajo tierra: es el vino.

Tiene el municipio de Valdevimbre unos 1100 habitantes, en los que se integran las poblaciones de varios lugares: Farballes, Fontecha, Palacio de Fontecha, Pobladura de Fontecha, Vallejo, Villagallegos, Villibañe y el propio Valdevimbre.

Es un lugar sencillo, en el que se denota la existencia de cierto vigor económico, en algunas edificaciones, esparcidas en un casco urbano desmadejado que preside una iglesia parroquial de recia torre cuadrada.

La cueva de La Sacristía, una bodega museo de Valdevimbre (León). Guiarte Copyright

Lo mejor que podemos hacer es visitar alguna de las cuevas bodega, donde durante siglos los labriegos elaboraron y resguardaron sus vinos. Estas tienen el encanto de lo primitivo, de lo humilde, del barro. Y conservan en su interior el saber del enólogo y la tradición.

En toda la zona abundan este tipo de edificaciones, en las que se hace un vino que tradicionalmente abasteció el cercano mercado de León y que ahora –merced al empuje del negocio- elaboran cada vez unos caldos más trabajados

Ya el catastro del Marqués de Ensenada señalaba la producción de vino del lugar, una elaboración que se ha basado en la uva autóctona, Prieto Picudo, y que se ha consagrado con la “denominación de origen”.

Hay una excelente cueva-vinoteca –La Sacristía- que es un auténtico museo. Allí se conservan los antiguos utillajes, las grandes cubas... Allí se goza viendo cómo quienes construyeron la cueva hacían del barro arte. Merece la pena visitarla.

Hay alguna otra que merece la pena. A la entrada del lugar está una que ahora es restaurante y que sorprende por su espaciosidad. El barro humilde de la estancia, el tinto de Prieto Picudo y el olor del asado forman una trilogía que nos habla de eternidad y gozo.

La comida tradicional de la zona se asienta en las producciones del territorio: sopas de ajo, asados, choricillos al vino...

Valdevimbre merece una visita

Por Artemio Artigas

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