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En el noroeste de Galicia se halla la localidad de Muros, un lugar de tradición marinera, de unos 10.000 habitantes y ubicado en un bello espacio geográfico.

El magnífico edificio del Concello. Imagen de M. Fernández Miranda/Guiarte.com.

Por Artemio Artigas
Muros se sitúa en el extremo norte de la costa norte de la ría de Noya, en un entrante de la misma que le protege de las tormentas atlánticas, un poco al oeste del casco, en Punta Carreiro, empieza la ruta de la Costa de la Muerte, famosa por sus rompientes y aguas turbulentas en las que han naufragado numerosos navíos a lo largo de la historia.

La población prerromana se atestigua por la existencia de castros y petroglifos… En la Edad Media se revitalizó la zona merced a la labor de los reyes leoneses, en forma especial Alfonso IX, que encargó la creación del llamado Ponte Nafonso, que facilita el trayecto entre los entornos de Noya y Muros.

Muros se extiende en un paisaje dulce, a la vera de la ría de Noya. Imagen de M. Fernández Miranda/Guiarte.com.

En tiempos de Fernando IV, rey de León y Castilla, el pueblo de Muros pasó al control del arzobispado de Compostela, y en tiempos posteriores la ciudad siguió creciendo al amparo del puerto, de forma que en el los inicios del XVI fue amurallada para una mejor protección.

La ciudad padeció en los inicios del XIX la Guerra de la Independencia, pero en ese mismo siglo tuvo un importante impulso económico por la industria de derivados pesqueros e incluso astilleros.

Hoy, Muros es una tranquila ciudad, conjunto histórico artístico desde 1970, con aire pesquero y excelentes edificaciones de aire señorial.

Paisaje en el entorno de Punta Carneiro. Imagen de M. Fernández Miranda/Guiarte.com.

La iglesia parroquial, de sólida piedra, es originaria del siglo XIV, de una sola nave, y tiene obras de ampliación de los siglos XV y XVI. La bella torre campanario es del XVIII. En ella se alberga un Cristo al que las gentes locales tienen gran devoción.

En el casco urbano hay hermosos enclaves, con buenas casas que rodean las empinadas calles. Entre los edificios civiles algunas casonas palaciegas, el mercado y la imponente casa consistorial.

Entre las playas, la de la pedanía de Louro, lugar que se halla en medio de un interesante enclave natural, y cerca de la Punta Carreiro, un paraje desde el que se tienen unas vistas extraordinarias tanto sobre la ría de Noya como sobre la zona de Finisterre. Punta Carreiro es en realidad el extremo de la bocana norte de la Ría de Noya y el inicio de la Costa de la muerte.

La ciudad se expande sobre las laderas, en calles empinadas y repletas de escaleras. Imagen de M. Fernández Miranda/Guiarte.com.

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