Los Arcos, Navarra (España).

En el camino a La Rioja, el peregrino que avanza hacia Santiago de Compostela se ve sorprendido por la altivez de los edificios de Los Arcos, especialmente su poderosa torre campanario de aires renacentistas.

Imagen: la gran torre renacentista domina la población de Los Arcos. Imagen de José Holguera (http://www.grabadoyestampa.com)

Los Arcos es una villa de algo más de mil habitantes y una densa histórica en la que han pesado las luchas territoriales de Castilla y Navarra, así como la guerra napoleónica.

En el libro “El Camino de Santiago para paganos y escépticos”, el escritor, Tomás Alvarez, describe así el paso por Los Arcos:

“Pasado el monasterio de Irache, célebre abadía benedictina surgida en el siglo XII, en la falda norte del Montejurra, sede de la primera universidad navarra, el paisaje empieza a cambiar. Terminan las zonas de bosques y praderías y se inician los campos ocres. Al este quedan aún las líneas altivas de la sierra de Lóquiz, protegiendo valles plenos de verdor y belleza, donde nacen arroyos entre montañas y avanzan aguas cantarinas en medio de arces, fresnos, tilos y avellanos. Al sur se intuye la sequedad.

El camino se adentra en tierras de arcilla y vino, pero aunque cambia el paisaje, perdura el vigor artístico y la leyenda. En el templo de Villamayor sigue la lucha de Roldán y Ferragut; en Los Arcos se masca la historia y el arte; en Torres del Río asombra la belleza de un templo pequeño y misterioso, en tanto que en Viana, población centinela de Navarra, el espíritu se recrea en la historia.

Es necesario avanzar hacia Santiago sin prisas. En los Arcos, a 18 kilómetros de Estella, conviene recorrer la calle Mayor para llegar a la plaza porticada de Santa María, donde se ubican edificios blasonados y la iglesia, edificada en el siglo XVI, con un poderoso y afiligranado campanario digno de un templo catedralicio.

Portada de la iglesia de Santa María, del siglo XV. Los Arcos, Navarra. Imagen de guiarte.com

En realidad, la iglesia es parte de un conjunto monumental de interés, integrado además por el claustro gótico (siglo XV) y la puerta de Castilla (siglo XVII), arcada presidida por las armas de Felipe V, bajo la que pasaban los peregrinos al salir de la vieja villa.

En Los Arcos ya se respira aire de páramo y se intuyen las desoladas tierras de la meseta, donde reina la sequía y graznan los cuervos. A la vera del pueblo discurre un río desmirriado que en nada se parece a las corrientes del Arga o el Ega. En el Código Calixtino se aludía a sus "mortíferas aguas".

> > Volver a la guía de Pueblos con arte