Grajal de Campos, León (España).

Con algo mas de 200 habitantes, Grajal de Campos es un pueblo singular que muestra en su perfil urbano una rica historia y un presente difícil, en el que convive el despoblamiento con el arte.

Palacio de Grajal. El patio renacentista. Imagen de guiarte.com

Tomás Alvarez

Dicen que la villa fue fundada por los Gracos, gobernantes romanos que establecieron por aquí una fortaleza… pero se ven por el lugar restos romanos, aunque sí vestigios posteriores, especialmente del Renacimiento.

La urbe se transformó en el siglo XVI, merced a un bienestar económico derivado en buena medida de su situación comercial, al estar la población en medio de la cañada ganadera que bajaba de los montes cantábricos. Aquí se efectuaba el esquileo y la comercialización de abundantes rebaños de las merinas.

Castillo de los Alburquerque, en Grajal de Campos
El castillo es de inicios del siglo XVI, diseñado por Lorenzo de Adonza, y tiene una estructura tan sencilla como armónica: una planta cuadrada con cuatro torreones redondos en cada esquina. Es monumento nacional desde 1931 y acusa un notable deterioro en sus estructuras.

El palacio de los condes de Grajal es una edificación de porte magnífico, especialmente visto desde la fachada sur, donde se aprecia en el segundo nivel de su estructura una magnífica logia de aire italiano.

Fue iniciado por Hernando de Vega, maestre de la Orden de Santiago, en 1517, bajo dirección del arquitecto italiano Lorenzo de Adonza, y concluido por Juan de Vega, el siguiente señor de la villa, embajador de España ante la Santa Sede y virrey de Sicilia.

La curiosa torre de Grajal de Campos ...con cinco esquinas. imagen de guiarte.com

Los trabajo de la empresa Decolesa han salvado de la ruina el patio central, que es de una gran belleza. También se han salvado prácticamente las alas sur y oeste del edificio, que tiene una estructura cuadrada con torreones en las cuatro esquinas, de los cuales se ha perdido totalmente uno.

Merece la pena contemplar ese excelente patio, las mazmorras, que están siendo recuperadas, la logia y las grandiosas escaleras, con magnífico trabajo de piedra.

El edificio tiene un ala que se prolonga hacia el oeste y se ensambla con el templo de San Miguel, con un oratorio que se asoma sobre el presbiterio, desde donde los condes podían seguir los oficios religiosos.

La iglesia de San Miguel es famosa por su torre, de cinco esquinas, una curiosidad constructiva que según relatan tuvo su origen en que no quedaba espacio para la calle y por eso una de las esquinas se dobla hacia el interior de la estructura. “La torre de Grajal tiene cinco esquinas porque no pudo tener cuatro”, reza un dicho popular.

La iglesia es gótica y tiene abundantes reliquias donadas por la ultima condesa que habitó en el lugar, emparentada con los Borgia. Algunas imágenes son de valor y posee también un antiguo órgano, de 1769.

La fábrica es de gótico tardío con concesiones al renacimiento y el altar mayor es armónico, de factura clasicista, del entorno de 1600.

Le curiosa torre, de 40 metros de altura, es un auténtico menhir cubista que se yergue sobre los oteros de la comarca.

Otro elemento curioso es la ermita, ubicada en un viejo torreón defensivo, con la Puerta de San Andrés. Tanto su advocación, la Virgen de las Puertas, como la hornacina en la que hay un Hércules niño, nos hacen pensar en viejas advocaciones de protección.

Hay también un convento, recientemente abandonado por las monjas carmelitas descalzas, que –según dice los periódicos leoneses- abandonaron el edificio llevándose consigo alguna valiosa imagen de Gregorio Fernández.

El pueblo, cercano al Camino de Santiago, y enclavado en una vía que llegaba desde el sur, tiene indudables atractivos para hacer una parada, aunque el viajero se llevará un recuerdo cargado de desazón y melancolía por el abandono de su patrimonio, que necesita, a marchas forzadas, una inyección económica, para trasformar tanto arte e historia en rentabilidad y futuro.

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