Cerezal de Tremor, León (España).

Unas pocas casas deshabitadas, calles en las que avanza la maleza; una pequeña ermita por cuyo tejado de pizarra se filtran las aguas; y una torre ruinosa cubierta de hiedra al lado de la rápida corriente del Tremor. Esto es Cerezal.
Ruinas del convento, bajo la hiedra. Foto Guiarte Copyright

Pero Cerezal es para el amante de la historia mucho más. Es el punto por el que entraba al Bierzo el flujo de peregrinos que llegaban a través de La Cepeda, dando un pequeño rodeo, apenas unos kilómetros, pero evitando las fragosidades de los Montes de León.

Porque por aquí -en el punto más bajo de los Montes- pasó la cultura, la religión, las guerras y las repoblaciones. En tiempos del rey Ordoño I, cuando se repobló Astorga, por aquí entró el Conde Gatón con sus gentes. Es más, muy cerca fundó un lugar que aún lleva su nombre: Villagatón.

Torre del convento de Cerezal. Foto Guiarte Copyright

Hay diversas documentaciones relativas a las hospederías que se asentaron en Cerezal, para atender a los peregrinos en la Edad Media, porque por aquí afluían con frecuencia, según los textos, provenientes de La Cepeda. El propio libro del monje alemán Hermann Kunig narra que pasó a Bonforat (Ponferrada) por el Camino de Sancte Maurin (Santa Marina del Rey), que continúa por Benavides, Antoñán del Valle y los valles del Tuerto o el Porcos, para confluir en Brañuelas y bajar hacia Cerezal.

En los textos de Santa María Magdalena de Cerezal, centro religioso y hospital de peregrinos, se registran en el siglo XIV donantes cepedanos para mantener el tránsito y la atención a los transeúntes.

Siempre fue pequeño Cerezal, aunque importante en su labor caritativa. En 1753, cuando se hizo el catastro del Marques de la Ensenada, en el lugar había tan sólo 9 vecinos... Pero el convento si tenía importancia aún: veinte religiosos, de ellos 17 sacerdotes, y un lego encargado del órgano del centro religioso.

Tras la desamortización -siglo XIX- llegó la ruina a este apartado centro; luego, en el siglo XX, alguna nueva construcción amparado en el fulgor de una minería del carbón, que ahora ya es historia del pasado.

Casas en Cerezal. Foto Guiarte Copyright

Junto al río, en medio de los bosques y cubiertos de yedras, perviven los gruesos muros del convento de Santa Magdalena, vinculado a la Tercera Orden Franciscana. Hay quien dice que el santo de Asís peregrinó a Santiago, y después de pasar por Astorga subió por los valles de La Cepeda para llegar a Cerezal, donde fundaría el convento, antes de continuar hacia Compostela.

He bajado por el camino desde el entorno de Brañuelas a Cerezal, y me he encontrado la soledad vestida de verdor y engalanada con el amarillo de las retamas. Y al llegar al fondo del valle escuché el canto de las aguas y los ruiseñores.

A la entrada del pueblo, una casa alargada -tal vez una vieja escuela u oficina- estaba con las puertas abiertas, una mesa en el centro, una caja de botellas de vino -aún con vino- y un estante, al lado de un rustico fregadero, donde aún hay algo de sal, unas hojas de laurel y detergente. Nadie habita ya el lugar, pero pervive en él el don de la hospitalidad.

Por Tomás Álvarez

Restos de Cerezal. Foto Guiarte Copyright
Ermita de Cerezal. Foto Guiarte Copyright

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