Albarracín, Teruel (España).

Enclavada en una zona montuosa, en el interior de la provincia de Teruel, Albarracín es una localidad cargada de historia y tipismo

Imagen del templo catedralicio, rematado por el chapitel de cerámica colorista. Imagen de turismodearagon.com

Por Belén Molleda
Enclavada en una zona montuosa, en el interior de la provincia de Teruel, Albarracín es una localidad cargada de historia y tipismo.

A trasmano de las rutas viarias, Albarracín apenas tiene un millar de habitantes, pero constituye una localidad de gran atractivo, con sus viejas murallas, sus templos y sus casas de aire medieval, muchas de ellas de entramados de madera, arracimadas sobre la misma montaña.

Esta es una zona muy romanizada, en la que aún se hallan restos de hace dos mil años. De hecho, aún se conserva en la zona buena parte del acueducto Albarracín-Cella, de unos 25 kilómetros de largo, una extraordinaria obra hidráulica escasamente conocida, en su mayor parte subterránea (En Gea de Albarracín, puede conocerlo más a fondo).

Tonos rosados del caserío de Albarracín, dominado por las murallas. Imagen de Belén Molleda. Guiarte.com

El lugar fue cabeza de un pequeño reino taifa en época musulmana. Su nombre derivaría de Ben-Razim, relacionado con la familia dominante en la comarca, los Banu Razin. Fue sede muy peleada en tiempos de la Reconquista y en algún momento ha sido cabeza episcopal (en la actualidad el obispado es de Teruel-Albarracín).

Rodeado por el rio Guadalaviar, el casco urbano se halla encaramado sobre un farallón rocoso, en el que destacan las antiguas construcciones populares de tonos rojizo y rosado que bordean las estrechas y empinadas calles, a una cota más baja está lo que se conoce como el arrabal.

Como telón de fondo, las murallas defensivas, en las que se halla obra de las épocas musulmana y cristiana, en el marco de la geografía accidentada de la Sierra de Albarracín.

Parece ser que antes de la dominación árabe ya existía una población, en torno a la iglesia de Santa María, en el farallón que rodea el Guadalaviar. Ya en periodo árabe tuvo una mayor preponderancia. En el siglo X ya tenía castillo.

En cuanto a su monumentalidad actual, cabe señalar que hay restos de la época musulmana, especialmente en lo que respecta a las murallas y el castillo-alcazaba de los gobernantes taifas.

El edificio más destacado es la catedral del Salvador, del siglo XVI, de una sola nave, con bello altar renacentista y un buen coro. Tiene un aspecto austero, con una torre recia cuadrada, terminada en hexágono y coronada por un chapitel de cerámica de tonos brillantes. En la base aparecen piedras trabajadas en la época romana. Al lado de la catedral está el recio palacio episcopal, de fachada barroca. Alberga dependencias del museo catedralicio, en el que hay orfebrería interesante y tapices bruselenses del XVI.

Albarracín. La imponente “austeridad” de la torre de la catedral . Imagen de Belén Molleda. Guiarte.com

La iglesia de Santa María, es obra de traza gótica, perteneció a un convento de Dominicos y actualmente se utiliza como auditorio.

La iglesia de Santiago es de origen gótico y con obra posterior. También destaca en el entramado de la población por su airosa torre, cuya base es cuadrada para pasar a octogonal.

Hay espacios urbanos de gran atractivo, como la irregular plaza Mayor, donde está la sólida Casa Consistorial, del XVI, al lado de bellas casas de arquitectura popular, con espectaculares balconadas.

Las tortuosas y empinadas calles tienen también mucho sabor, tal como la del Chorro y la Azagra. A ellas se asoman bellos edificios de diversas épocas que avanzan sobre la calle a medida que ganan altura, de modo que los tejados de ambos lados parecen querer juntarse.

Hay casonas nobles de interés, como la de Navarro Arzuriaga, la Brigadiera, la Dolz… y otras llenas de primitivismo y humildad, como la Julianeta, de singular atractivo.

Torres, portales, balconadas, miradores… todo hace de Albarracín un punto que merece la pena conocer y pasear.

También merece la pena el entorno. El territorio de los Montes Universales, punto de nacimiento del río Tajo, donde hay una variada flora en la que se funden los espacios del entorno fluvial con los montes de pinares.

El lugar tiene una buena oferta hotelera, con establecimientos de diverso nivel (hasta tres estrellas) así como casas rurales y camping.

Caserío de Albarracín. Al fondo la torre de la iglesia de Santiago. Imagen de Belén Molleda. Guiarte.com

Enlaces:

http://www.turismodearagon.com/
http://www.albarracin.es/
http://www.turismoalbarracin.com/
http://turismo.comarcadelasierradealbarracin.es/
http://www.fundacionsantamariadealbarracin.com/

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