El último pirata

Lalo Fernández Mayo aporta un relato viajero de gran interés, por su valor histórico... el de un corsario español que actuó por el Atlántico: Benito Soto.

Es relato mitad viaje y mitad historia, bastante desconocida y a menudo mitificada,tergiversada y mezclada, ya que a Benito Soto se le da por portugués confundiéndolo con otro pirata/corsario Soto, de nombre Bernardo, del siglo XVII.

Aleja la figura romántica y legendaria de Benito Soto como pirata y la lleva a donde realmente tiene que estar, en la galería del crimen.

Tiene de interés que después de su ejecución por pirata ya no hubo otra relevante en el “mundo occidental”. Siguieron las actividades piratas en la costa de Berbería y, naturalmente, en el Índico y el mar de China, donde incluso hoy cuentan los periódicos asaltos a barcos. Así que con Soto acaba la piratería que asoló el Caribe y el Atlántico.

El autor –periodista de La Voz de Galicia- ha desarrollado este tema en éste destacado diario gallego.

Cuentaviajes El último pirata

Relato de viaje a El último pirata

El fin de la travesía sangrienta

A las nueve de la mañana del 25 de enero de 1830, cinco días después de ser condenado por asesino y pirata, el gallego Benito Soto Aboal, capitán de «La burla negra», salió de su celda para ser ejecutado en Gibraltar por la justicia británica.

Dibujo que reproduce una imagen del pirata, de Joaquín María Lazaga. Madrid: Tipografía de Infantería de Marina, 1892

La lluvia que caía en Gibraltar aquel día invernal empapaba sin compasión al reo, al cura que lo asistía y a la multitud que se amontonaba en torno al cadalso. A sus 25 años de edad, el gallego Benito Soto Aboal iba a morir ahorcado. Había adelgazado mucho desde su detención, y su semblante, antes curtido por el aire del mar, se había vuelto de un matiz pálido y amarillo en los 19 meses que llevaba preso.

Para cubrir los centenares de metros entre el castillo del Moro y el lugar de la ejecución, el gallego se había vestido con una chaqueta y pantalones blancos; los zapatos se le habían ensuciado de barro y la camisa, desabotonada en el cuello, permitía que el agua le resbalara hasta el pecho. El pelo, antes abundante y espeso, había sufrido un apresurado trasquilón y la navaja del descuidado barbero también le había privado de las grandes patillas que antes lucía.

Nada más terminar el juicio, las autoridades del Peñón le habían ofrecido un confesor, pero Benito respondió que con cuatro días de vida por delante, aún le quedaba tiempo. Debió comprobar cómo las horas pasaban muy deprisa, porque pronto consintió en ver al sacerdote. «Como es católico, su confesión no ha sido hecha pública», relata la crónica oficial de los funcionarios anglicanos.

En cuanto llegó ante el dintel de la horca, el condenado rezó fervientemente durante un cuarto de hora aferrado al Cristo prestado por el sacerdote. Después reconoció ante los presentes, en español, la justicia de su condena, al tiempo que los exhortaba a aprender de su muerte y a que rezaran por él. Escuchó la sentencia, leída en inglés y traducida al español, con aire indiferente y los brazos cruzados y una vez terminada, dicen, echó una gran carcajada oteando a la muchedumbre reunida y se despidió con un «adiós a todos».

Luego, como vio que la soga estaba algo alta, se subió bruscamente al ataúd, logró introducir el cuello por el nudo corredizo, se inclinó hacia delante y dio un salto para caer con más fuerza y acelerar la muerte. Pero la cuerda se estiró y sus pies llegaban a rozar el suelo, por lo que tuvieron que cavar un agujero bajo ellos para que el cuerpo quedara colgando y la soga cumpliera su trabajo.

Hecha apresuradamente esta macabra operación, y tras unos pataleos espasmódicos, Benito Soto expiró.

     

Galicia. El inicio de la historia

La vida del último pirata gallego comenzó el 22 de marzo de 1805, en A Moureira, el arrabal marinero de la ciudad de Pontevedra.

Benito Soto era hijo de marinero y, desde aquella lluviosa mañana de invierno en Gibraltar, ostenta para la historia el dudoso honor de ser el último pirata gallego capturado, juzgado y ajusticiado.

Un pirata al estilo clásico que cuentan las leyendas: valiente, agresivo, violento y sanguinario. Pero él fue real. Al igual que sus quince compañeros de tripulación y las víctimas de su fugaz carrera.

Mapa de las andanzas del pirata gallego

Aunque la leyenda lo encuentra acumulando inmensas riquezas a bordo de barcos piratas desde el Caribe hasta las costas del Pacífico, su historia es una breve y siniestra estela que tan sólo duró cinco meses, en una travesía desde el golfo de Guinea hasta la ría de Pontevedra.

Aunque la preparación arranca de sus primeras correrías como contrabandista en las rías gallegas, el prólogo comienza el 22 de noviembre de 1827 en el puerto de Río de Janeiro, donde se embarca como segundo contramaestre del Defensor de Pedro, bergantín negrero y con patente de corso al servicio del emperador de Brasil.

El capitán es Pedro Maris de Sousa Sarmento y la tripulación está formada por 36 aventureros españoles, brasileños, portugueses y franceses.

Tras cruzar el Atlántico, el Defensor de Pedro llegó el 3 de enero a la bahía de Ohue, en el enclave portugués de Mina (actual Ghana). Veinte días después, mientras se estaba preparando el embarque de la carga humana, nace para la negra pero apasionante historia de la piratería Benito Soto.

Dirige el motín que le da posesión del barco, deja en tierra a su antiguo capitán y a los marineros que no han querido seguirle y zarpa el 26 de enero hacia el Atlántico sur en busca de presas con las que enriquecerse. Está a punto de cumplir 23 años y toda una vida por delante.

Su segundo es el culto Victor de Saint-Cyr, familiar del famoso mariscal de Napoleón; y el capitán de presa, José dos Santos. La edad media de la tripulación apenas llega a los 25 años.

Antes de encontrarse con ningún buque, Soto comete su primer asesinato, uno de los dos únicos que reconoció en el juicio. La víctima se llamaba Miguel Ferreira, un ferrolano violento que se enfrentó al nuevo capitán en repetidas ocasiones hasta que éste, harto de que le llevara la contraria, le descerrajó un disparo de pistola en la cabeza y lo tiró al mar.

En los días que siguieron a este suceso, y hasta el 19 de febrero, Benito Soto asienta su poder como comandante de la veintena escasa de piratas que tripulan El defensor de Pedro. En esa fecha, que inició una frenética y aterradora carrera que sólo duró cincuenta días, quisieron el destino y los vientos del sur que se cruzase en el camino del gallego el indiaman (mercante de tres mástiles) británico Morning Star, procedente de Ceilán que se dirigía a Londres con carga general, 17 inválidos que habían servido en el ejército colonial, cuatro esposas de soldados destacados en la India y nueve niños.

Esta primera acción de piratería sería la base principal para condenar a la tripulación del bergantín, ya que varios de los testigos de la sangrienta acción pudieron declarar en el juicio.

     

Abordaje del Morning Star

Con cinco cañones por banda y uno en la proa, el Defensor de Pedro se acerca al Morning Star.

Un cuadro de Clarkson Stanfield se utiliza habitualmente para ilustrar la feroz acción de Benito Soto contra el «Morning Star», los piratas huyen abandonando a su presa, que se hunde

Varios disparos de aviso cada vez más próximos hacen comprender al capitán Thomas Gibbs que su pesado y lento barco no podrá huir y detiene su marcha. Soto le ordena que suba a bordo, pero el inglés envía una embajada que, maltratada por los piratas, es devuelta al mercante.

Por fin, Gibbs sube al Defensor de Pedro y lo primero que recibe, entre las miradas divertidas de la tripulación, es el sablazo en la cabeza que le propina Soto, molesto por la tardanza con que ha cumplido sus órdenes.

Después es arrojado a la bodega en compañía de otros tres marineros. Los piratas abordan el indiaman y se llevan todo lo de valor que encuentran, mientras reparten sablazos a diestro y siniestro entre tripulantes y pasajeros (incluso abusan sexualmente de las mujeres) antes de encerrarlos a todos en el sollado, cerrar los accesos y barrenar el casco para que se hunda. Soto ha decidido que no quiere testigos de sus asaltos, por lo que ordena matar a todos. Horas después, ya alejados del Morning Star, que comienza a hundirse, Gibbs es asesinado en cubierta y sus compañeros, que han saltado al mar para tratar de salvar la vida, son rematados a tiros desde la cubierta.

Mientras tanto, los encerrados en el buque inglés consiguen liberarse, taponar los agujeros, montar un aparejo que los mueva y seguir navegando hacia su destino original, adonde llegarán dos meses después.

Tras el bautismo de fuego, Saint-Cyr propone cambiar el nombre del barco, que pasa a llamarse La Burla Negra, y continúa con su búsqueda de nuevas víctimas que se dirijan a Europa procedentes de las Indias Orientales a través del cabo de Buena Esperanza, o de Suramérica y el Pacífico tras salvar el cabo de Hornos o el estrecho de Magallanes.

El siguiente barco asaltado fue el Topaz, matriculado en Boston. Cuando horas después se alejan de él, esta vez sí, la tripulación pirata ha cumplido las órdenes de Soto y ha asesinado a todos los tripulantes, salvo al capitán y a tres marineros, encerrados en La Burla Negra.

El bergantín bostoniano arde antes de hundirse y los tres supervivientes no tardarían en reunirse en el fondo del mar con sus compañeros.

Esta sería la última fechoría en la que los piratas de Soto intervinieron a sangre y fuego, ya que sus otras cuatro víctimas pudieron seguir viaje tras ser aligerados de la parte más valiosa de su carga y de las pertenencias personales de los tripulantes.

En su declaración en el juicio, Saint-Cyr manifestó que pocos días después de asaltar el Topaz se encontraron con otro mercante al que trataron de abordar, pero los mantuvo a raya con el fuego de sus cañones hasta que cayó la noche y pudo escapar. Varias de las andanadas de ese barco (algunas fuentes lo citan como el Unicorne) impactaron en La Burla Negra y los destrozos aconsejaron al capitán a poner rumbo a las Azores para reparar.

Pero antes de llegar a la isla de San Miguel dieron cuenta de las pertenencias del Cessnock, barco británico que había zarpado de Escocia y que, para su desgracia, se cruzó con ellos.

Las bodegas estaban repletas de los artículos robados y era preciso hacerlos efectivos, por lo que se decidió enfilar hacia España donde poder vender el alijo. Dejando atrás las Azores, el bergantín, de nuevo La burla negra, interceptó al New Prospect, que venía de Londres y, para su suerte, pudo seguir viaje hacia Canarias aunque algo más ligero de carga.

El siguiente fue el buque portugués Ermelinda, al que aliviaron de café, seda y añil. Aquel mes de abril de 1828, era Semana Santa, el Atlántico sufrió varias jornadas de tormenta que maltrataron los mástiles y las velas del barco de los piratas.

Por suerte para ellos, el día 8 avistaron el Sunbury, que regresaba desdde la isla Mauricio hacia la de Wight y, sin más, le robaron el material que necesitaban además de algunos valiosos efectos personales de los tripulantes.

Ellos fueron las últimas víctimas de la breve carrera del último pirata gallego. Entre el 19 de febrero y el 8 de abril, La burla negra abordó seis barcos, cuatro ingleses, un americano y un portugués.

     

La venta del botín

Tras una corta travesía, el bergantín, de nuevo Defensor de Pedro, fondeó en la ría de Pontevedra, frente a Bueu, el día 17 de abril.

Allí Soto, con la ayuda de su tío José Aboal, para quien ya había trabajado en sus años mozos, vendió parte de la carga a empresarios que se dedicaban al contrabando.

Pero la presencia de un bergantín tan sospechoso en el medio de la ría intrigó a las autoridades pese al dinero empleado en sobornos. Buscaron aguas más tranquilas y las elegidas fueron las del puerto de A Coruña, donde prosiguieron con las operaciones de venta de las rapiñas.

Pero una tripulación como aquella, con dinero abundante para gastar y provocadora de numerosos altercados, además de las lógicas indiscreciones hechas bajo la influencia del abundante alcohol que trasegaban, no pasaron inadvertidas en la ciudad. Además, algunos de los marineros que seguían en el grupo por miedo a Soto trataron de denunciar al pontevedrés y éste, al enterarse, comprendió que Galicia ya no era segura y zarpó de la ría coruñesa el 19 de abril rumbo al Mediterráneo con la intención de continuar sus andanzas piratas al amparo de las costas de Berbería, infestadas de colegas de profesión.

En el rol de la tripulación faltaban tres hombres, encarcelados tras protagonizar altercados.

En los 14 días siguientes, Soto cambió de idea. Como ya había conseguido vender gran parte del botín en Pontevedra y A Coruña y había dejado a buen recaudo el resto, decidió acabar con sus correrías y disfrutar del futuro que le podían deparar sus riquezas. Así que cuando navegaban cerca de Cádiz (aunque él, poco experto en pilotar barcos, creía que era Tarifa), ordenó dirigir la proa hacia la playa y embarrancar.

El defensor de Pedro/La burla negra terminó con la quilla hundida en el arenal de Santa María, un gran agujero en el casco y con la tripulación, de catadura muy sospechosa, tratando de explicar los pormenores del incidente a las autoridades. Era el 9 de mayo.

     

La detención

Benito Soto trata de vender el barco de forma irregular (no en subasta abierta, como era preceptivo, sino al mejor postor).

Los marineros repiten sus días de escándalo en A Coruña y Pontevedra, con borracheras, peleas y gastos superiores a los que se suponen a simples marineros.

Todo esto crea grandes sospechas en las autoridades gaditanas, que tres días después detienen a todos menos a Soto, que huye a Gibraltar, y a José de los Santos, que logra embarcar y no se vuelve a saber de él.

Durante el segundo semestre 1828 y todo el año 1829 se cruzan infinidad de oficios, declaraciones e informes entre las autoridades de Pontevedra, A Coruña, Londres, Cádiz y Gibraltar. Para entonces, desde A Coruña han sido enviados a Cádiz los tres tripulantes que no viajaron en la última travesía del bergantín. También llegan a la colonia británica tres de los supervivientes del Morning Star. Reconocen a Benito Soto y se muestran dispuestos a declarar contra los piratas que los asaltaron en el Atlántico sur.

Por fin, el 19 de noviembre de 1929 comienza el juicio contra los piratas de La burla negra en el Arsenal de La Carraca de Cádiz. Los hechos se van desgranando hasta el 3 de diciembre de 1929, fecha en que son dictadas las sentencias: doce penas de muerte por ahorcamiento (dos en rebeldía) y tres condenas a seis, ocho y diez años de cárcel. Las mismas penas que había solicitado el fiscal, teniente de navío Jorge Lasso de la Vega.

Las autoridades ignoraron el ofrecimiento de Victor Saint-Cyr de ajusticiar él mismo a sus compañeros si se le perdonaba la vida (el verdugo oficial vivía en Sevilla y no parecía muy dispuesto a bajar a Cádiz para hacer tanto trabajo), por lo que tuvo que pasar sus últimos días en una celda separado de los compañeros, que no habían visto con buenos ojos el ofrecimiento. El 11 de enero de 1930, a las 11 de la mañana, se ejecutó la sentencia para seis de ellos y el día siguiente, a las 10, se cumplió la de los otros cuatro.

Sólo un día después, Benito Soto se sentaba en el banquillo de los acusados ante el honorable gobernador general de Gibraltar, sir George Don. Como sabía que tenía poca defensa, sobre todo frente a las declaraciones de sus víctimas, enseguida vio claro el escaso futuro que le quedaba y adoptó una actitud resignada. No obstante sólo se declaró culpable de dos muertes: la del ferrolano Manuel Ferreiro, compañero pirata de las primeras horas de La Burla Negra, y la de un marinero americano del Topaz.

Fueron siete días de juicio, y una sentencia anunciada que confirmaba la que pocos días antes había dictado el tribunal español: muerte por ahorcamiento.

     

Aquellos duros antiguos

“Aquellos duros antiguos que tanto en Cai dieron que hablar...”

El fantasma de El defensor de Pedro/La Burla Negra volvió a aparecer en Cádiz tres cuartos de siglo después de que el bergantín pirata quedara encallado en la playa. En aquel mismo lugar, las fuertes mareas del 3 de junio de 1904 sacaron a la luz, entre la arena, una gran cantidad de monedas acuñadas en 1752 y 1757.

Dada su similitud con los duros de la época, así los denominaron los miles de personas que corrieron a apañarlos y que quedaron convencidos de que provenían del botín que habían tenido que abandonar los piratas. El genio de los gaditanos compuso una coplilla, ya universal, que recordaba “Aquellos duros antiguos que tanto en Cai dieron que hablar...”.

Y con aquel barco, con aquellos duros y con esta copla todavía navegó por el escenario del teatro Falla el coro Defensor de Pedro en el Carnaval de Cádiz de este mismo año.

     

Las sentencias

Benito Soto. PONTEVEDRA. 25 años (huido y preso en Gibraltar):

Ahorcado, arrastrado, descuartizado y sus cuartos expuestos en ganchos a orillas del mar.

Jose dos Santos. BRASIL (huido): Colgado, descuartizado y su cabeza expuesta en un gancho a orillas del mar.

Nicolás Fernández. VIVEIRO, 20 años; Antonio de Laida. VIZCAYA, 23 años; Nuño Pereira. PORTUGAL, 25 años; Victor Saint Cyr de Barbazán. FRANCIA, 21 años; Maríe Guillermo Teto. FRANCIA, 22 años: Federico Lerendu. FRANCIA, 23 años: Ahorcados, descuartizados, y sus cabezas expuestas a orillas del mar.

Francisco Goubín. FRANCIA, 32 años; Pedro Antonio. MENORCA (¿OPORTO?), 26 años; Domingo Antonio PORTUGAL, 22 años; Joaquín Francisco. PORTUGAL, 32 años: Ahorcados.

Manuel Antonio Rodríguez, PORTUGAL: Diez años de prisión.

Cayetano Ferreira PORTUGAL; Ocho años de prisión

Manuel José de Freitas PORTUGAL; José Antonio Silva PORTUGAL; Antonio Joaquín PORTUGAL: Seis años de prisión

Joaquín Palabra, GUINEA, 15 años: Sin condena y devuelto a quien sea su propietario.

     

Cronología

1827. 22 de noviembre. Zarpa de Río de Janeiro el bergantín negrero El defensor de Pedro, con patente de corso del Gobierno de Brasil.

1828. 3 de enero. El bergantín llega al territorio portugués de Mina, en la costa del golfo de Guinea.
26 de enero. Parte de la tripulación, con Benito Soto al frente, se amotina y se hace con el barco.
19 de febrero. Defensor de Pedro se encuentra con el Morning Star a quince millas de la isla Ascensión, lo aborda y lo abandona tras abrirle agujeros para que se hunda y asesinar a varios tripulantes. Cambia su nombre por el de La burla negra.
29 de febrero. Abordaje del Topaz. de Boston. Asesinan a todos los tripulantes e incendian el buque. Roban 80 balas de seda y un barril de añil.
Primeros días de marzo. Encuentro (supuesto) con el Unicorne, que logra huir tras un intercambio de disparos que afectan a La burla negra.
5 de marzo. Abordaje del Cessnock, que navega entre Greenock, en Escocia, y la isla de Demerara, frente a las Guyanas. Sus tripulantes siguieron con vida.
Segunda semana de marzo. La burla negra recala en la isla de San Miguel (Azores) para reparar los destrozos que le causó el Unicorne.
19 de marzo. Asaltan y roban el New Prospect, británico, que navega desde Londres a Canarias. No causaron víctimas entre la tripulación.
23 de marzo. El Ermelinda, portugués, es asaltado y le roban 40 cajas de café, ocho de té y dos cajas de algodón. Pudo seguir viaje.
8 de abril. El Sunbury, que navega de isla Mauricio a Cowes, en la isla inglesa de Wight, es la última víctima de La Burla negra. También pudo seguir viaje.
17 de abril. El defensor de Pedro/La burla negra fondea en la ría de Pontevedra. Dos días después zarpa hacia La Coruña tras vender parte de lo que han robado.
18 de abril. Gentes del Morning Star consiguen llegar a Londres y denuncian el asalto sufrido.
26 de abril. Los piratas llegan al puerto de A Coruña para vender el resto de su botín.
9 de mayo. El Defensor de Pedro embarranca en la playa gaditana de Santa María.
12 de mayo. Son detenidos en Cádiz todos los tripulantes del bergantín pirata salvo Soto, huido a Gibraltar, y José de los Santos, que embarcó hacia Italia.

1829. Desde el verano de 1828 y durante todo 1829, las autoridades de España y Gran Bretaña se cruzan informes y declaraciones de testigos sobre la actividad criminal de los piratas, que durante todo ese tiempo han permanecido detenidos.
19 de noviembre. Comienza en el Arsenal de la Carraca, en Cádiz, el juicio contra los 18 piratas de La burla negra por los crímenes cometidos a bordo del Morning Star.
3 de diciembre. Termina el juicio en Cádiz y se dictan las sentencias, doce de muerte y tres de prisión.

1830. 11 de enero. En los muelles del puerto de Cádiz, a las 11 de la mañana, son ejecutados seis de los piratas condenados.
12 de enero. A las 10 de la mañana son colgados los otros cuatro condenados. Los tres sentenciados a penas de cárcel han tenido que presenciar todas las ejecuciones.
13 de enero. Comienza en Gibraltar el juicio a Benito Soto.
20 de enero. Benito Soto es condenado a muerte por las autoridades de Gibraltar.
25 de enero. Benito Soto es ejecutado en territorio neutral entre España y Gibraltar, frente a la bahía de Algeciras.