Como pez en el agua

HISTORIA DEL TRAJE DE BAÑO

El hombre primitivo nadaba desnudo; las convenciones socioculturales le obligaron a bañarse cubierto de ropas, ropas que han ido menguando a medida que pasan los tiempos.

Este es un viaje a la moda del baño, un recorrido histórico, elaborado por Ana Álvarez Sánchez de Estilo y Moda . Ilustrado con imágenes diversas: viejas fotos, pinturas, recreaciones fotográficas...

Cuentaviajes Como pez en el agua

Relato de viaje a Como pez en el agua

Introducción

El traje de baño ha sufrido una gran evolución a lo largo del tiempo, del vestido de baño de seis piezas del siglo XIX, pasando por el bikini de los años cuarenta...

Hasta el monokini reivindicador de los setenta, hasta el más audaz y provocativo de los de hoy día. El traje de baño nos permite hacernos una idea exacta sobre la figura de la persona que lo viste.

Pintura de Baranov-Rossiné, recientemente presentada en una muestra organizada por el Thyssen, en torno a las armonías musicales. Adan y Eva no necesitaban bañador.

Las playas y piscinas son los terrenos sociales en los que se llevan a cabo estos juegos de seducción y exhibición o de vestido-desvestido que establecen a los veraneantes como auténticos objetos de deseo. Pretexto de desnudez o accesorio de moda, el traje de baño nos ayuda a ejercer esa libertad nueva tan de moda desde el siglo XX.

     

Los comienzos

Desde la antigüedad el hombre ha asociado la limpieza y la higiene con actos mágicos o religiosos, ha buscado en el agua la fuente de la belleza o simplemente un instante de relajación...

¿Se imaginan una de las venus prehistóricas con bañador?

El primer traje de baño, fue un taparrabos velado que utilizó una cortesana egipcia, de nombre Tais, para darse un chapuzón junto con Alejandro Magno y todo su ejercito, estando todos los hombres en cuestión desnudos.

En tiempos de Griegos y Romanos se crearon baños y termas, edificios de grandes dimensiones dedicados al aseo y al desarrollo de la vida pública. Además, en estos recintos se podían practicar ejercicios como la natación, o recibir masajes con aceites especiales. Tenemos, además, conocimiento de la existencia de este tipo de instalaciones también en Egipto, en la ciudad de Tell el Amarna, o en el palacio de Knosos, en la isla de Creta.

Unos mosaicos del siglo IV de la villa siciliana de Plazza Amerina representan a diez jóvenes de familias acomodadas bañándose en una piscina, jugando a juegos de pelota o practicando ejercicios físicos con un traje de dos piezas: calzón y banda sostén ( llamado strophium ) no podemos estar seguros de si estos atuendos cotidianos habían sido creados especialmente para el disfrute de juegos náuticos. La gracia de los movimientos corporales de estas figuras hace pensar que se trata de una exhibición coreográfica.

Desde la Edad Media hasta finales del siglo XV la gente se bañaba desnuda, siendo este un hecho bastante inusual, ya que la limpieza corporal perdió toda su importancia, al ser considerada mas importante la limpieza de espíritu, esta desaprobación de la higiene fue la causante de que se produjeran gran cantidad de enfermedades e infecciones, llegando a ser cerrados los baños por epidemias de sífilis. Solo subsistieron los baños terapéuticos, como las termas de Pozzuoli en Italia o las de Baden en Suiza, estas termas estaban frecuentadas por mujeres adineradas que acudían a curarse de sus enfermedades ataviadas con una especie de camisa muy corta y escotada, los hombres vestían calzoncillos o con un albornoz cruzado. La gente que carecía de medios económicos para ir a estos edificios se conformaba con bañarse en el mar o en el río que atravesase su ciudad de residencia.

Con la Reforma protestante, los países holandeses se alzaron contra las exhibiciones en público, y visto que la gente no obedecía a estos mandatos terminaron prohibiendo el baño.

En el siglo XVII, Madame de Maintenon consiguió que los parisinos no se privaran del espectáculo que suponía ver a las jóvenes bañistas a orillas del Sena, en tanto que los caballeros seguían el ejemplo de soberanos como Enrique IV o Luis XIV, y preferían bañarse en las orillas de la aún no contaminada Ьlle de France. El traje de baño de las fiestas campestres era una camisa de baño, la cual guardaba las apariencias, al menos mientras no entrasen en el agua.

En el periodo revolucionario antes del siglo XVIII, resultaba muy tentador para los nudistas el darse un baño en un río, las repetidas ordenes y prohibiciones de los policiales llevaron a mas de uno a ser incluso azotado al ser detenido en pleno chapuzón. Al final se optó por crear unos baños públicos controlados, en los cuales se colocaban una especie de barreños de tela agujereada que se introducían en los ríos.

     

Baños de mar

Hacia el año 1780 se inicia la moda de bañarse en el mar, siendo pioneros los aristócratas de Inglaterra del Sur.

Venus nació ya bañándose en el mar. Boticelli lo explica también.

LOS BAÑOS DE MAR

Esta moda fue llevada a cabo gracias a la industrialización, es decir, a la aparición del ferrocarril, medio de transporte utilizado por las altas clases para desplazarse hasta las playas.

Los primeros trajes de baño siguieron el mismo diseño que los trajes de calle, es decir, unos trajes complicados y a los cuales les sobraba bastante tela, lo cual los hacía un poco incómodos a la hora de moverse entre arena y olas. Se tiene conocimiento de un traje de baño de color verde, con forma de vestido y con flotadores en los hombros, este traje, del año 1810, pertenecía a una dama de alta alcurnia.

La reina Hortensia, en el año 1812, lucía el primer traje moderno de baño en ese verano, anteriormente había llevado un traje de baño de tafetán. El nuevo traje estaba hecho con punto y era de color chocolate, bajo una túnica de manga larga que cubría una camisa bordada, llevaba un pantalón a la turca, ceñido a los tobillos, y en el pelo una carlota inspirada en el gorro de dormir.

Este modelo hizo época, constituyendo el arquetipo de trajes de baño hasta finales del mismo siglo. Inspirado en la lencería, pero sin confundirse con ella, el traje de baño femenino del siglo XIX estaba completamente exento de cualquier connotación erótica o sensual, aunque este intento resultase fallido cada vez que la bañista se metía en el agua, ya que al mojarse, el traje se le pegaba al cuerpo, revelando crudamente las formas corporales, lo cual resultaba un poco indecoroso. Para neutralizar este equívoco se utilizaron colores poco favorecedores y oscuros, tras el color chocolate del traje de baño de la reina Hortensia, vinieron trajes de baño de color marrón, trajes de color gris oscuro, trajes negros para las viudas...

También se trató de cambiar el material, ya que los trajes de baño de punto eran poco adecuados, pues colgaban al mojarse. Se buscaron, por lo tanto, materiales pesados como la franela o la sarga. Para incrementar la caída se añadieron plomos a las túnicas, y posteriormente para mantener el ensanchamiento de las prendas se usaron enaguas cortas llamadas “enaguas de lavandera”, las cuales eran fruncidos de tafetán fino. Aún así, estos trajes continuaban siendo bastante feos, y por lo tanto poco seductores a la vista de los caballeros.

En realidad, desde que se había tenido que proteger el pudor para bañarse en público, se había recurrido de forma natural al uso de prendas prácticamente iguales a las interiores habituales, según fuesen los criterios de cada época. (desde la camisa de antaño hasta el tanga actual, las prendas de baño siempre han sufrido la influencia de la lencería)

Otro de los motivos por los que los baños de mar se hicieron tan populares fueron las virtudes terapéuticas asociadas a estos desde la antigüedad. Las civilizaciones Griega, Romana o Egipcia las acreditaban constantemente. En el siglo XIX los médicos y doctores recuperaron esta sabiduría ancestral a favor de sus pacientes, recomendándoles tomar baños para prevenir y curar numerosas afecciones. Este hecho fue aprovechado por las damas de clase para mostrar su elegancia y buen gusto en la playa, luciendo modelitos que han persistido hasta hoy día en numerosos grabados de época.

Otra de las facultades otorgadas a los baños de mar era la cura de la rabia de cuerpo y espíritu, en una correspondencia privada de madame de Grignan fechada el trece de marzo de 1671, Madame de Sévigné alaba los méritos de los baños de mar y proclama las virtudes de estos con las siguientes palabras; “hace ocho días que Madame de Ludres, Coétlogon y la pequeña de Romiroi fueron mordidos por una perrita que más tarde ha muerto de rabia. Suerte que Ludres Cóetlogon y Romiroi han partido esta mañana para Dieppe para darse tres baños de mar” una edición de principios del siglo XVIII del diccionario de Academia da la siguiente definición de la palabra “bañar”: “Los que son mordidos por los perros rabiosos se van a bañar al mar”. Es más, desde finales de ese mismo siglo, el cuerpo médico empezó a considerar que una breve inmersión en el agua de mar podía ser beneficiosa para un cierto número de afecciones.

Eminentes especialistas crearon listas exhaustivas enumerando las diferentes enfermedades sobre las que las virtudes curativas, nuevamente redescubiertas, podían ejercer algún tipo de mejora. Se recomendaron baños de mar para enfermedades de anemia, casos de afección del sistema nervioso, de dolor y debilidad, resultado de fracturas, esguinces o luxaciones, también para el asma crónico y todas las enfermedades de la piel.

     

Baño y enfermedad

La afluencia de enfermos y pacientes cada vez en número mayor a las playas está justificada por la gran lista de traumatismos y problemas de salud que el agua de mar podía curar o contribuir a mejorar.

No parece enferma la bañista del pintor Gèrome.

De hecho, a partir del siglo XIX el número de bañistas que acuden a tratar sus dolores es cada año más numeroso. Los baños de mar están particularmente recomendados a las mujeres de ciudad, mujeres de vida sedentaria e incomodadas por sus vestidos a la moda que no permiten hacer movimientos y no proporcionan ningún sentimiento de libertad.

Los baños también han sido recomendados para los niños pálidos, de piel fina, decolorados en cierto modo por la estancia en las grandes ciudades.

El agua marina tiene una buena reputación mineral, a causa de los principios salinos y terrestres de los que esta compuesta. Es decir, que tomar baños puede restablecer y aumentar la energía vital del individuo. En el año 1840 los baños de una duración determinada eran considerados como tónicos y buenos para la salud.

A pesar de ser recomendados con fervor por gran número de doctores a finales del siglo XIX, los baños de mar estaban prácticamente reservados a una cierta aristocracia francesa, siendo mujeres, como la duquesa de Berry, nuera del rey Carlos X, decisivas a la hora de difundir ampliamente la moda de la época.

La primera guerra mundial modificó profundamente la relación existente entre el individuo y el mar, provocando una gran transformación. Se pasa de una terapéutica dirigida a las clases elitistas a una terapéutica de masas, un mayor número de personas acuden a bañarse a los mares y costas y el mar se convierte por lo tanto en un tesoro apreciado por sus cualidades tanto curativas como de descanso y relajación.

Esta aproximación por parte de los individuos de clases modestas hace que el mar se convierta en algo más cercano y se le comiencen a dedicar hasta caricaturas humorísticas, en las que se suele comparar los diferentes tipos de constituciones físicas, siendo retratadas mujeres corpulentas al lado de mujeres sumamente delgadas.

     

Del bañista al nadador

La práctica de baños de mar, después del año 1950, empieza a ser algo muy popular, gracias al alargamiento de los periodos festivos, la gente comienza a acudir sin necesidad de tener prescripción médica.

Bañistas, según Kirchner.

La palabra “bañista” da paso a la de “nadador”, es decir, aquel que va al mar simplemente a nadar, por el simple gusto de hacerlo, no para curar alguna dolencia.

La medicina, aún así, sigue aconsejando la práctica de la talasoterapia, es decir, la cura por baños de mar. Y a partir del año 1968 se comienzan a crear centros de cuidados y curas termales.

En la segunda mitad del siglo XIX los beneficios del agua fueron definitivamente consagrados, estando los baños aconsejados en el cuadro de excitantes y tónicos medicinales.

     

Tomando un baño

El pudor propio del ser humano obliga al bañista a cambiarse de ropa en las cabinas o casetas de baño, biombos para resguardarse de las miradas ajenas. Estas casetas estaban introducidas en ocasiones en el mismo mar.

Esta Venus de la Bacanal, de Tiziano..¿Está tomando un baño de sol??

Según el problema a tratar había que seguir un plan de recuperación que podía ser parecido al siguiente:

“Está recomendado no permanecer más que de cinco a diez minutos, secarse enseguida y ponerse ropa seca. Para secarse es recomendable pasear. Reposar dos días, luego tomar un baño a despecho. El mar debe de ser usado con inteligencia y discreción.

No es recomendable zambullirse en el agua sin una preparación previa, primero hay que mojarse la cabeza, a veces incluso lanzarse por encima de la cabeza uno o dos cubos de agua antes de entrar en el mar. Estos baños de mar, tomados así durante un periodo de entre veinte y treinta días en la estación más cálida del año pueden entrañar una completa puesta en forma.”

Durante todo el siglo XIX, el baño de mar, desde que empezó a ser prescrito médicamente, se tomaba exactamente en los centros especializados y establecimientos de curas termales.

Hasta el año 1914, a pesar del paso de una práctica medicinal del agua a una práctica asociada con el descanso y la diversión, el ir a bañarse no significaba ponerse un bañador y lanzarse al agua. De hecho, era todo lo contrario. El ir a tomar un baño implicaba tener que calzarse una sucesión de accesorios, todos ellos creados con la finalidad de terminar con el factor pudor.

Así, el o la bañista ( más a menudo “la” ) tenía que introducirse en casetas móviles de madera, que se sumergen en el agua a una altura conveniente, ya en el mar el agua penetraba por los intersticios de las planchas de madera. El sistema de cabina móvil fue poco a poco perfeccionándose, permitiendo al bañista ir, rodando, hasta el mar, sin la necesidad de exponerse a una desnudez relativa.

Los bañistas se cambiaban de vestimenta en los carros y colocaban sillas de madera fuera, en la arena, para tertuliar con sus amistades. Un cronista de la época llegó a escribir los siguiente:

“ la playa está llena de gente que se baña y grita ( por que el agua estaba muy fría ).” Hoy en día, en nuestras playas, podemos ver todavía cabinas, estas de pago, para cambiarse de ropa. Las antiguas estaban hechas de madera y montadas sobre ruedas, mientras que las actuales tienden a estar fabricadas con plástico.

     

El mar, fuente de dinero

Cabe destacar también la existencia de guías, es decir, personas dedicadas a ayudar a los enfermos a cumplir sus prescripciones.

Con el tiempo y de manera progresiva se organiza un comercio de alquiler de cabinas o de vestidos de baño. Las municipalidades ofrecen servicios de vigilancia, antecedentes de los actuales socorristas, y también se sitúan, a cierta distancia de la costa, botes dispuestos a socorrer a los bañistas.

Una bella playa de la pintora valenciana Adela Calatayud. ¿Como no va a ser rentable la belleza?

Un sistema realmente curioso era “el baño a la cuerda” esta práctica estuvo en uso durante bastante tiempo, estando todavía en uso en el año 1910. el baño a la cuerda era propio de personas de edad o personas que se sintieran inquietas a la hora de sumergirse en el agua.

Consistía en bañarse agarrado a un cordaje sujeto a unos postes, los cuales se hallaban plantados en la arena de la playa. Este sistema testimonia el carácter en adelante colectivo del baño.

     

Inventando la playa

Durante la segunda mitad del siglo XIX, los bañistas frecuentaban incluso las zonas más desérticas. En estas zonas se vestían o desvestían como mejor podían, hasta que se edificaban las ya mencionadas cabinas.

Las bañistas de Renoir preferían el río.

Estas primitivas cabinas fueron evolucionando con el paso del tiempo, en cabañas y luego chalets, que a su vez llevaban a la creación de villas y de colonias y urbanizaciones.

Las antiguas cabinas estaban pensadas para preservarse de miradas, para mantener la decencia y para facilitar el acceso al mar a los enfermos en tratamiento. Los bañistas, empezaron a desear una verdadera cabaña, o una cabina que construir sobre un terreno propio.

Estas adquisiciones suponían un proceso de ocupación cada vez mayor del terreno. Lo que explica la elevación de los precios al borde del mar hasta nuestros días. Las playas se han convertido en verdaderas organizaciones puestas al servicio de los bañistas, librando a los individuos de sus ocupaciones y ayudándolos a relajarse. Se han convertido en los lugares preferidos tanto para actores y famosos, como para espectadores y gente corriente, convirtiéndose por lo tanto en lugares de descanso y bronceado.

     

El bañador perseguido

En la mayoría de playas los hombres tenían prohibido bañarse o pasearse por la playa vestidos en “caleçon” ( calzoncillo ) ya que era considerado indecente.

El vestido de baño que algunos se atrevían a exhibir estaba totalmente proscrito en los años 1890-1910, siendo la demostración de lo que no debía jamás salir del cuadro privado.

Algunos artículos municipales estipulan claramente que los trajes de baño masculinos debían de ser un caleçon en tricot que cubriese desde los brazos hasta los codos. Siendo perseguida y llevada ante los tribunales competentes toda persona que incumpliera esta norma y se presentase desnuda en el agua.

Estaba mal visto ir en bañador para los mortales... pero los dioses no tenían problema.. ¿quien le pone bañador a una diosa. Venus de Tiziano y Rubens

En la época que dura hasta la guerra de 1914-1918 el pudor excesivo llevó a la creación de reglas de separación entre hombres y mujeres en numerosas estaciones balnearias. Todo hombre tendría prohibido el pasearse en las playas reservadas al uso de las mujeres mientras estas se estuvieran bañando.

Desde el año 1840, y de manera unánime, se decide delimitar las zonas de baño en función del sexo y del vestido: una parte estaría reservada al baño de las mujeres, otra destinada al baño de los hombres, vestidos según las reglas del pudor. Una ultima parte estaría reservada a los hombres que quisieran bañarse en caleçon como vestimenta.

En un cuidado constante por la decencia estaba formalmente prohibido el ir a la playa vestido con ropas de baño desde el propio domicilio. Incluso estaba mal visto ir con un peinador hasta el año 1914.

La evolución que ha tenido lugar desde el siglo XIX hasta nuestros días refleja por sí sola nuestros cambios de comportamiento en materia de pudor. Pasando de la obligación de utilizar cabinas de baño y sus derivados a practicar el topless o el llevar un tanga sin ningún tipo de problema.

     

El vestido de baño

Vestido de baño de seis piezas(1846-1914): Al principio de los baños de mar, el bañador consistía en una adaptación de los vestidos cotidianos.

Por medio de un juego de transformaciones, la prenda oscilaba entre vestido y ropa interior, hasta que las decisiones e influencias posteriores lo irían definiendo como lo que será.

Las mujeres de Léger no necesitaban un bañador de seis piezas para ser bellas

Estos trajes, de franela, estaban formados por un corpiño ajustado y cuello alto, mangas hasta el codo y falda hasta las rodillas, debajo de la cual iba un pantalón.      

Bañarse desnudo... y guardar la ropa

Son los principios del siglo XIX los que ven nacer la moda de los baños de mar, el maillot bain, traje de baño, no existe todavía.

Hasta a las bellezas de Ghirlandaio las obligaron a cubrirse los talibanes de antaño.

Además de medio de saneamiento, el baño es visto como un refrescamiento del cuerpo, pudiendo bañarse uno en total desnudez si se siente lejos de las miradas indiscretas.

Los baños terapéuticos imponen por el contrario ir vestido a la hora de tomarlos. Algunos bañistas llevaban por lo tanto hábitos calientes y sombrero, vestiduras en general bastante sobrias.

     

Camisa y pantalón

El vestido de baño se define explícitamente desde la segunda mitad del siglo XIX.

Para las mujeres el pantalón abullonado resultaba indispensable, ya que un vestido solo podría moverse y dejar a la vista las partes del cuerpo que se guardaban a las miradas de otros.

También era indispensable el llevar una camisa de manga corta, adaptándola con un pequeño refajo ajustado a la figura, que uniría la camisa al pantalón. Con el tiempo la camisa sería remplazada por una túnica que desciende por debajo de la rodilla.

¿Dónde hay más belleza? ¿En la Maja vestida?

Vestido de baño de dos piezas (finales del siglo XIX) : Este traje de baño estaba compuesto por una túnica y unos pantalones, que juntos cubrían casi la totalidad del cuerpo. Estaba confeccionado normalmente en materiales como la sarga o la lana, y eran, por lo tanto, inadecuados para bañarse.

Con el tiempo este vestido fue acortado y adquirió carácter popular por su funcionalidad y su graciosa elegancia.

     

Corte y explicación

En el año 1904, un artículo publicado en la revista “Fémina” proponía a las lectoras llevar a cabo el patrón recortado de un traje de baño. Las explicaciones detalladas son las siguientes:

El modelo, siempre cercano a los modelos del siglo precedente, es para hacer en sarga azul. La blusa está ornamentada de un largo cuello marino encuadrado en galones rojos, el delantero y la espalda son plisados, el faldón está relacionado bajo una cintura de galón rojo tramada por delante y que recae sobre un pantalón abullonado.

O.. en la Maja desnuda?

Las extremidades de las mangas abullonadas y el bajo de cada pierna están montadas sobre una presilla apretada. Hace falta para ejecutar todo cinco metros de tela con uno con veinte de ancho.

     

Hacia el traje de fantasía

Con el descubrimiento de los placeres náuticos los atavíos de balneario y los trajes de baño empiezan a volverse más primorosos.

Difícil cuestión

Los caprichos de la moda ganan poco a poco terreno y se empiezan a añadir toques delicados sobre los vestidos.

A estos vestidos se les añaden bajos, para que de ese modo las piernas de la joven parezcan mucho más finas. Los cronistas de principios de siglo atestiguaban que ciertas mujeres estaban muy “en valor”.

Los trajes adquieren mayor elegancia gracias al empleo de mil fantasías con adornos de: galones, mohair negro o blanco, grandes cuellos con encajes, cuellos marineros... también se empieza a permitir el uso de tejidos en tintes claros, siendo el rojo el más usado por las chicas, que intentan de ese modo salir de los colores negro y azul oscuro.

     

Lecciones de natación

Las conocidas virtudes terapéuticas de los baños de mar empiezan poco a poco a ser sustituidas por el placer de las olas para refrescarse o para afinar la silueta.

Desde luego, donde hay belleza...no haría falta el trapo. Se nada mejor sin él. Los cisnes no se lo ponen

Así, desde el primer decenio del siglo XX, el guía que aseguraba la seguridad de la bañista, da en su lugar al maestro nadador, que puede lograr que en veinte lecciones una jovencita que no se ha confiado aún a las alegrías del agua, pueda llegar a ser una nadadora sin miedo y sin reproche.

Cada lección de natación debía estar precedida de ejercicios de sopor que se practicaban a la orilla del mar, sobre el suelo, una silla o alargada en un banco.

Un método que se solía utilizar era el llamado “a la cuerda”, consistía en que la joven nadadora se metiera un corsé ceñido del que partía una cuerda reliada a una polea fijada a la orilla de la playa o sobre el lado de la piscina.

Al encontrarse la bañista fuera de todo peligro, podía poner en práctica las enseñanzas y lecciones del maestro nadador.

     

Los accesorios para el baño

En el 1850, el siglo de los primeros baños de mar, no se había inventado aún el furor del bochorno. Las estaciones balnearias como Deauville o Biarritz hacen que despierte en la aristocracia el gusto por los juegos de baño.

Modigliani pintaba el cuerpo bello y sin accesorios

Sin embargo no hay lugar para hombres o mujeres desnudos o para piernas desvestidas. El vestido es pesado y cubre casi la totalidad del cuerpo, y va acompañado de una multitud de accesorios, cuya finalidad es la de guardar el pudor. Gorro, sandalias de baño, tissus de baño ( toallitas para secarse el indecoroso sudor corporal producido por los rayos solares ) ... estos accesorios eran indispensables para los bañistas.

Corsés para el baño:

Durante todo el siglo XIX y hasta los años veinte, era impensable que una mujer de cierta condición y clase apareciera en público sin que su talla estuviese estrangulada por esta argolla célebre que recibe el nombre de corsé.

Esta ropa interior, exclusivamente femenina, era un tipo de armazón que enlazaba en la espalda y su función era la de mantener el pecho y las caderas. Cambiaba en función de la moda del momento, pero aún así, no había una sola actividad diaria que supusiera no ponerse el corsé. Ni incluso el baño, entendido como un ejercicio de demostración de la desnudez, largo tiempo escondida.

Para estos ejercicios acuáticos se necesita adaptar el corsé, para que permita a la mujer de mundo mostrarse decentemente en las playas. Así, un artículo de 1905 de una revista de moda notifica que se hacen corsés de tul grueso para de ese modo bañarse sin ningún temor.

Calzados de baño:

Puesto que los nadadores debían de andar algunos metros desde las cabinas hasta el mar, se aconsejaba proteger los pies con calzados, para evitar posibles accidentes con guijarros o materiales escondidos en la arena. Siendo, al principio de los baños de mar, un par de simples zuecos eran algo bastante recomendado.

El bañista dejaba su calzado cerca del borde de la playa, y los recogía a la salida del agua. A la orilla del siglo XX se aconsejaba llevar zapatos blandos trenzados de lana o de paño armados de suelas que les confirieran aspecto actual de alpargatas enlazadas en los tobillos.

Estos calzados protegían los pies sobre el suelo firme y también podían ser utilizados a la hora de nadar. Las más púdicas podían llevar estas sandalias con bajos, muy extendidas hacia el año 1905.

El gran periodo del albornoz de baño:

Mientras que el baño estaba considerado por sus virtudes curativas, el paciente-bañista debía, desde su salida a las aguas, calentarse vivamente a fin de aumentar la eficacia del tratamiento médico. En un principio este fue el fin por el cual había sido concebido el albornoz. Cuyo uso perdura hasta los años treinta, años en los que se convierte en un accesorio de moda y sofisticación.

Entre los años 1850 y 1860 el albornoz de lana cálido y delicado, se deja en la arena al introducirse en el agua y se retoma rápidamente al salir del baño, se guarnece de un largo capuchón que se puede bajar a voluntad. Este albornoz podía también disimular la fisonomía del enfermo, durante su trayecto del agua a la cabina.

Bonetes y gorros:

De la misma forma que no está inscrito en los hábitos del vestido durante finales del siglo XIX el salir a la calle con la cabeza desnuda, sin sombrero, es absolutamente desusado el correr al baño sin haberse encasquetado un bonete a la cabeza.

Existían gorros tricotados, piezas en tejidos encauchutados o sedosos. Se llevaban bonetes, gorros con volantes, turbantes enrollados sobre la cabeza denominados “madrás”...

Estos gorros no eran inconvenientes para los que querían adquirir bronceado, ya que su instalación precaria, en lo alto del cráneo, los convertía en juguetes de las primeras olas.

Con el tiempo se encuentran incluso franjas de cabellos partidos, mechones, que unidos al bonete enmarcan la cara de la bañista.

     

Unisex

Anteriormente el traje de baño había recibido su inspiración de la ropa interior, pero con el tiempo aparece una nueva concepción del bañador.

Este está formado por una túnica y un pantalón; siendo este nuevo modelo adoptado desde finales del siglo XIX por ambos sexos.

Así eran los bañistas que vió Regoyos en Rentería

     

El fin de los vestidos

Hasta bien entrados los años 1880, las mujeres utilizaban el vestido para bañarse, aunque era contrario a todas las prácticas deportivas.

El vestido iba acompañado por una pañoleta o un bonete, armas contra el frío de las aguas del mar.

Rubens descubrió antes el fin de los vestidos

Al salir del agua, la bañista retorcía el bajo del vestido, para escurrir el agua. Esta acción dejaba ver el pantalón enteramente escondido bajo la falda.

No obstante, a partir del año 1860, el bañador de dos piezas, formado por una túnica y un pantalón que cubría hasta la rodilla, tiende a imponerse de manera progresiva. El vestido, por lo tanto, desaparece totalmente a finales de los años ochenta.

     

Trajes de baño del mismo tono, para los dos

Con el fin del siglo XIX, se puede observar el comienzo de la banalización del traje de baño, casi idéntico para hombres y mujeres.

Ya Jan Gossaert les ponía vestidos del mismo tono, 400 años antes

La túnica del traje de baño masculino llegaba justo debajo del talle, mientras que el traje de baño femenino tenía una túnica mas larga, hasta el muslo. El pantalón del hombre quedaba por encima de la rodilla, y el de la mujer la cubría.

Los nuevos trajes estaban confeccionados en tonos generalmente claros, con preferencia de bordados con galones de color blanco, moda que cortaba con los tonos sombríos que pretendían ocultar las formas. La cintura también aparecía galoneada.

La cofia o el bonete de baño seguía siendo algo indispensable en la moda de baño en lugares como Inglaterra o Francia. Siendo todavía usada por muchas mujeres que se empeñan en que no caiga en el olvido. La mayor diferencia proviene del galonaje avispado de los trajes femeninos, en contraste con el porte aún austero del traje masculino.

     

Los niños y el agua

El carácter unisex que se observa en este nuevo bañador aparece de modo más manifiesto en los pequeños.

En el año 1900 no hay nada que proporcione mayor diversión a un niño de corta edad que un bañador ( o maillot ) en punto azul o rojo, con el que poder darse un buen chapuzón en el mar.

También los modelos de Carracci, Venus y Adonis, vestían transparencias similares.

Estos trajecitos suprimían todos los bajos, e incluso en los días de mucho calor se podían poner sin la camisa.

Muchas madres vestían de la misma forma a hijos e hijas, adoptando así un guardarropa común para los dos sexos.

Esta confusión de géneros hace sonreír a los cronistas de la época. Pero esta similitud de vestuario solo dura hasta los ocho años, edad en la cual las niñas empiezan a vestir de forma diferente.

El traje anterior cede su lugar a un simple vestido de gruesa sarga azul o blanca, con una falda plisada, blusa abullonada y gran cuello marino, por el contrario, el bajo y las zapatillas desaparecen a favor de pequeños zapatos de tela.

     

Los vestidos de playa

El fin del siglo XX simplifica de forma considerable el guardarropa contemporáneo en vestidos urbanos y vestidos de deporte, los dos dominios suelen ser interpretados de manera constante.

Adan y Eva podrían ir así a bañarse...no había fundamentalistas que les cubrieran de trapos.

Hasta los años treinta el armario de la mujer estaba especialmente dividido, en función de as horas del día y de las diferentes actividades que ésta practicase.

El encuentro de mujeres de clase en las playas, deviene un verdadero terreno de espectáculo. Por lo que el guardarropa de playa adquiere una gran importancia a la hora de ostentar y buscar un reconocimiento.

Las playas, desde el año 1860, se convierten en testigos de una población nueva, formada por bañistas, mujeres con crinolina, vestido largo, sombrero y sombrilla para protegerse del sol y hombres con frac, americana y pantalón.

La evolución del bañador durante el periodo 1914-1946 reside en el abandono de un vestido pesado de piezas separadas en beneficio de lo que se llama desde ahora traje de baño yuxtapuesto. Son los hombres los que lo adoptan primero en los años veinte. Las mujeres tienen que esperar hasta los treinta, años en los que este traje se convierte en un nuevo modelo para los dos sexos.

El fin de la primera guerra mundial marca definitivamente el paso de este decenio en el siglo XX. Al traje de baño que debía de ser cubriente, opaco y largo se intenta oponer un maillot ajustado, corto y abierto que pueda proporcionar mayor movimiento y libertad a los bañistas.

Si en el siglo XIX los intrépidos ingleses, seguidos por los no menos feroces franceses se echaban al agua con grandes y largos vestidos, desde luego un traje más adaptado hace las delicias de todos ellos. Este vestido aparece de manera rápida, y con el tiempo es adoptado también por las mujeres, que copian esos ajustados modelos masculinos.

     

Miss Kellermann

Es Annette Kellermann, la primera campeona del mundo de natación en los Juegos Olímpicos de Estocolmo de 1942, la que osa llevar por primera vez una pieza hasta entonces reservada a los hombres fuera de competiciones.

Lucas Cranach tampoco vistió mucho a la ninfa de la fuente. Así no mojaba la ropa... y además mostraba la belleza

Nacida en Sidney, de padre australiano y madre francesa, miss Kellermann no dudó en utilizar el bañador desde 1905 militando vivamente para hacer adeptos a este nuevo deporte entre la población femenina. En este sentido figura como pionera tanto por sus récords como por su relativa libertad de apariencia.

     

El chaleco calzoncillo

Ya en la mitad del siglo pasado se había propuesto crear un chaleco-calzoncillo de baño.

Estos son verdaderos maillots o fundas de una sola pieza, ligeros y de gran comodidad para los nadadores, ya que no estorban a la hora de realizar movimientos.

Sin embargo ciertos espíritus, velando por el respeto a las buenas costumbres, pensaron que estos bañadores acusaban demasiado las formas del cuerpo, lo que no dejaba presagiar un uso femenino.

Ni Marte se blindaba el cuerpo, como los nadadores de hace cien años...

El chaleco-calzoncillo se consagra como bañador único en el principio del siglo XX. Amoldandose al cuerpo, es a menudo rayado azul y blanco. Abotonado por delante, cubriendo las espaldas, perdura bajo este aspecto hasta el año 1939. compuesto por un tejido jersey de lana o de algodón con bandas horizontales que podían ser en tonos azules o rojos.

Algunos atribuyen la paternidad del nuevo maillot de baño a un fabricante de bonetes proveedor de la Opera de París, que lo había creado en un principio como combinación rosa y ajustada para las bailarinas. De manera más certera, se trata de una evolución lógica de un gesto pertinente, del bañador masculino para las mujeres.

     

El bañador moderno

Al día siguiente de la guerra, hombres y mujeres utilizaban un bañador idéntico.

Elemento nuevo del guardarropa femenino, se ilustra por una reducción optima de los artificios y accesorios que lo acompañaban, mostrando el cuerpo femenino y masculino con brazos y piernas desnudos y con escotes de cuello redondo o cuadrado que imponen el nacimiento de unos tirantes.

Así debió ser el nacimiento de Venus, pero sin gorros ni trajes negros

La conquista de la desnudez y el reconocimiento de las prácticas deportivas conducen a una simplificación radical del traje de baño en el tiempo de entreguerras.

El traje de baño, tal y como las playas de los años veinte y treinta lo descubren está sumido en dos exigencias:

Debe de responder a una necesidad de funcionalidad, que el capricho por los deportes de agua ha suscitado.

Debe igualmente traducir la tendencia estética que viene a establecer este vestido en accesorio de moda.

La adaptación a ciertas necesidades, tanto como la simplicidad absoluta no se obtienen más que por tanteos. Hay que buscar y rebuscar antes de lograr una síntesis del traje de baño, concebido a la vez para el agua salada que encoge la lana y para el sol, que decolora los tonos. Porque por ahora es de buen tono fijar un cierto bronceado y cuando se habla de baño se trata tanto de mar como de sol.      

¿Camino hacia el desnudo?

Los deportes, reclaman una mayor higiene, simplifican considerablemente el vestido de los años veinte. Paul Poiret, suprime del guardarropa femenino el corsé y el vestuario contemporáneo de la época se encamina hacia un proceso de desnudo.

Dos acorazados...

En el año 1927 el bañador de playa entra definitivamente en las costumbres, para la siesta en la arena caliente el pijama conviene menos que el corto culotte ( braga ) sobrepasando el jumper ( especie de pull largo ) en lana tricotada o seda. Se utiliza también el vestido sin mangas, que deja de ese modo que el cuerpo se dore bajo el sol.

En cuanto a formas, colores y materiales, una palabra preside la elección del traje de baño, la simplicidad.

Las mujeres que han visto a la vez acortar sus cabellos y ropas, enarbolan un bañador de horrorosa modestia. En el año 1928 es siempre de tricot y comporta un culotte invisible fijado sobre la parte inferior, tomando forma de túnica. Podía tener espalda ausente, para favorecer el baño de sol.

La cintura intenta imitar el aspecto de un dos piezas, mientras que el bañador mejora la línea del cuerpo.

     

Alta moda y confort

Hacer de este nuevo traje de baño un artículo elegante fue una tarea bastante difícil hasta la llegada de costureros como Patou o Schiaparelli...

que amparan el fenómeno deportivo de los años veinte y formulan un vocabulario de una sorprendente modernidad.

¡Ah picarones! ¡Qué atrevimientos!

El primero, Jean Patou, imaginó una mujer con elegancia deportiva y con un porte flexible, utilizando como motivos decorativos sus iniciales bordadas en los maillots.

Poco antes de 1927, la modista Elsa Schiaparelli se distingue de sus contemporáneos por la creación de sweaters y vestidos de baño. En ese mismo periodo, marcas conocidas especializadas en el traje de baño intensifican las búsquedas de técnicas. Entre ellas Carl Jantzen se diferencia muy particularmente.

Todos los modistos habían adoptado el jersey tubular para los nuevos bañadores, mientras que el americano Janzten se distingue entre ellos por un hallazgo que tiende a reducir el pero del agua retenida en el bañador. Pone a punto en los años veinte una maya de una elasticidad incomparable, permitiendo al bañador ajustarse al cuerpo sin hacer un pliegue y sin deformaciones con el uso.

     

Vestimentas para una playa chic

Mientras que el vestido de baño de los años veinte y treinta se fija en la sencillez y en su extremo de simplificación de forma y de ornamentos...

se multiplican los accesorios que con sobriedad y elegancia vienen a “sofisticar” un momento, ahora mundano, de la jornada.

Con el perrito... la imagen perfecta ¿Y... no hay traje para el perrito?

Sombrillas, albornoz, bonete, blusa, vestidos de playa y pijamas se añaden a un guardarropa chic que conviene exponer en la arena.

Para la intrépida nadadora maillots con tirantes, y para muchas mujeres, túnicas amplias que descienden a medio muslo. Se desarrolla un nuevo vestido de balneario, sobre un culotte corto a menudo en jersey, se lleva la túnica de una ligera amplitud como “vestido”. Derecho o en forma alargada en el bajo, acoge colores y detalles ornamentales de mil géneros: tafetán cuadriculado, crêpe rojo y cuello de corbata blanco, etc...

     

El gorro de baño

No hay mujer que durante el baño se atreva a llevar la cabeza desnuda con desenvoltura.

En el año 1919 se usaba una cofia de baño generalmente de tafetán y guarnecida de cintas negras, otros prefieren el turbante que durante todo el decenio servirá en todas las fiestas tanto en la ciudad como en la playa.

El perro parece más valiente en el agua que su compañera

En tafetán azul se enrolla en un envuelto informal alrededor de la cabeza, y en seda imprimada e impermeabilizada se transforma en un accesorio muy atractivo.

A partir del año 1925 aparecen gorros mejor adaptados para las actividades acuáticas, y derivados de los que usan los nadadores con una pequeña cinta que para bajo el mentón. Estos gorros daban un porte deportivo y moderno. El rostro parece fuera de todo artificio y se hace extrañamente expresivo. Para crear un efecto de moda garantizado se podía usar un pañuelo de color, enroscado y torcido rodeando la cabeza y anudado bajo el mentón o una gruesa cinta de satén adornando el gorro.

     

Y el albornoz

Las playas de los años veinte ven eclosionar una cantidad de nuevas fantasías entre las que el albornoz es el accesorio constante en el guardarropa del balneario. Siendo el que concretamente da un porte estival a la moda.

Nunca falta un rescatador

Permite callejear con la mayor elegancia antes de la entrada a las olas, y es muy apreciado por sus juegos de efectos “doble cara” o por sus monogramas cada vez más esparcidos y que confieren un sello muy personal.

El albornoz chic se impuso en la década de los veinte y treinta, y toda bañista que se preciase tenía uno. El albornoz sigue los caprichos de la moda, marcando el estilo de la muchacha. Así, poco a poco se aleja de la franela del siglo XIX para convertirse en albornoz con capucha de jersey o reversible de color doble y con franjas y una variedad infinita de cuellos. El albornoz de Patou era de gran elegancia, de un tejido abigarrado y en seda florida.

     

Echarpe y pañuelo

Estos dos accesorios de bellos colores e imprimaciones constituyen una novedad en las playas hasta el año 1930. el pañuelo se usaba de mil diferentes formas, protegiendo la cabellera contra los golpes del sol.

Los echarpes de playa son tan largos que uno de los faldones puede alcanzar el bajo del vestido, envolviéndolo suavemente. El otro pañuelo podía estar anudado alrededor del cuello.

Durante el 1930 los echarpes eran estampados y también los trajes de baño, siendo este ultimo una auténtica novedad en las playas para los bañistas.

¡Qué modales!

     

La sombrilla

De todos los accesorios que dibujan la elegancia de las playas de entre guerras hay uno que recibió una acogida prácticamente unánime.

El capricho fulgurante de que es objeto no tendría igual hasta su desaparición repentina.

La sombrilla japonesa aparece en el año 1914, instalándose duramente en los hábitos balnearios de la época. Solían estar fabricadas en Francia o importadas de extremo Oriente. Estaban hechas de monturas de doce o dieciocho ramas, tradicionalmente tienen ocho. Recubiertas de papel aceitado o de cretona florida, en formatos diferentes.

Las sombrillas desaparecieron totalmente y de forma muy rápida, con la moda del bronceado que se intensifica a partir de 1945.

Como pez en el agua

     

Nuevas materias

En 1919 el tricot de seda, de algodón o de lana, estaban en boga en todas las playas. La gabardina y la franela le hacen concurrencia.

Para trajes de baño se usaban tejidos en los que el agua no penetrase fácilmente, tejidos como la alpaca, el satín o la sarga ajustada.

En el año 1925 el traje de baño estaba hecho con tejidos y materiales preciosos, siendo el algodón base de todas estas fabricaciones. Sin embargo, la lana tricotada según diversas técnicas seguía siendo empleada para ciertos bañadores y para los albornoces.

El traje de baño fue definitivamente moldeado y adaptado a las formas de la figura gracias al uso y descubrimiento de las nuevas fibras elásticas.

La moda progresa a ritmo alocado

A estos nuevos tejidos se les añaden los nuevos motivos decorativos, venidos directamente del cubismo. Estos motivos se alejan de los impresos en flores. Se buscan inspiraciones simplificadas, sintiéndose netamente la influencia del arte cubista de pintores como Picasso, Juan Gris, Léger, Matisse o Derain . Este movimiento, en boga durante los años 1907 y 1914 tiende a la geometrización de las formas, dando como resultado un nuevo lenguaje plástico en el que la protagonista es la forma.

     

El reto provocador

Esta nueva estética tendrá repercusiones perceptibles mas allá del circulo de los amantes del arte. Más profundamente este movimiento da al cuerpo una representación inesperada, troceada y desnudada.

Los modistos de la época no son insensibles a esta formulación provocadora.

En el mismo momento del descubrimiento de los deportes, la relativa liberación del cuerpo femenino y la exaltación del cuerpo sano son reivindicaciones en ruptura con los valores tradicionales, el motivo cubista, aparece por tanto al servicio de una moda nueva en busca de la libertad.

La playa ya es animada y popular

Bajo las prestigiosas manos de modistos como Patou, Chanel o Schiaparelli, los trajes de baño se sacrifican al cubismo, desapareciendo bajo un sinfín de figuras geométricas, futuristas y abstractas.

Los bañadores adquieren un aire chic y moderno y aparecen en publicaciones de moda como la revista Vogue.

     

Sonia Delaunay

En los años veinte, la artista pintora de origen ruso Sonia Delaunay aplica a la moda y a la costura sus hallazgos pictóricos, que revolucionan el arte del tejido y ejercen una gran influencia sobre los tipos de decorados.

Vestidos, mantos y trajes de baño son los soportes de este procedimiento elaborado junto a su marido Robert Delaunay, según el cual el juego de colores y de contrastes desdobla el espacio pictórico.

Esto de la playa se pone ya muy abigarrado

Sonia Delaunay emplea ritmos y yuxtaposiciones de formas simples, círculos, discos... para crear fulgurantes giros no pictóricos. Esto constituye un primer acercamiento a la investigación de los vestidos futuristas.

     

Transparencias

Hasta los años veinte el ideal femenino estaba enteramente orientado a la palidez, signo de fragilidad.

Los accesorios indispensables del guardarropa femenino lo confirman: sombrillas, guantes, capucha y velo mantenían un tono diáfano protegiendo a la dama de los rayos solares.

La coquetería avanza

La mujer empolva su cuerpo y blanquea sus manos, siendo solo las mujeres de pueblo las que mostraban un bronceado poco honorable.

     

Chanel

En 1913 Chanel inventa la moda sport para los bañistas, comenzando así la coquetería, para imponer al año siguiente su moda de baño abriendo una tienda en Deauville.

¡Qué cambios!

Esta moda de pololos bajo las rodillas y el vestido de manga corta marinero fue toda una innovación que rápidamente encontró oposición.

Chanel realizó un vestuario para el ballet ruso que le valió para adaptar los maillots a los trajes de baño para playa, encontrando también oposición con los pantalones a ¼ del muslo y una camiseta de igual género siendo ya una vestimenta deportiva identificativa con la moda de Chanel.

Chanel lanzó a la moda el bronceado como accesorio de moda al exponer su rostro al sol en Deauville. Es entonces cuando los valores de la burguesía se invierten, adquiriendo importancia el tener un buen tono de piel, en el año 1939 se dice que hay que afrontar el sol sin llevar nada en la      

Un distrito soleado

Calor y sol hacían antiguamente preservar un tono lácteo y mantener una palidez de rigor. Los años veinte ligeran el cuerpo a la mujer del corsé y conducen a un mayor desnudo.

Estilismo... con mucha tela aún

Ya no se duda exponerse al sol, siendo de buen gusto parearse y más aún pavonearse para afirmar su estatus social prestándose a ser fotografiados.

Las estaciones balnearias de la costa Atlántica pierden terreno frente a la Costa Azul francesa. Cannes, Niza o Antibes son otros tantos lugares privilegiados para tomar el baño, pero no ya asimilado a prácticas terapéuticas, sino al descubrimiento deportivo o del placer que supone tomar el sol y descansar.

Las revistas de moda de la época como Vogue, Fémina o L`art de la mode, dan cuenta de esta exhibición de cuerpos y mundanidades. Las páginas de sociedad dedican un número durante las vacaciones de verano a las celebridades instaladas por un tiempo en el sur.

Condes, condesas, príncipes y princesas se dedican al juego deportivo y al placer en las soleadas playas del Mediterráneo. Estos personajes ponen de moda el adornarse con vestidos a la ultima y accesorios elegantes.

La Costa Azul se rebautiza con el nombre de “Riviera”, un enclave muy chic, símbolo de refinamiento y de elegancia. Esta moda está íntimamente ligada a la práctica reciente por las mujeres de deportes hasta entonces reservados a los hombres: tenis, golf, bicicleta, natación... el guardarropa se integra y adapta al componente deportivo como signo de modernidad.

     

Pijama de playa

Progresivamente, estaciones balnearias y playas mediterráneas se ven llenas de una nueva elegancia.

En el seno de esta eclosión de formas la modista Coco Chanel surge como figura pionera en Cannes al lanzar el porte del pantalón y del pijama de playa para la mujer, en los años treinta.

Llegan los concursos de mises...con bañadores cada vez más atrevidos

El capricho es tal que desde ese mismo momento, Riviera y pijama de tarde serán indisociables.

En 1927, la revista de moda Vogue admite que “la cuestión del pijama tiene un gran lugar, puesto que es realmente el vestido admitido para almorzar al borde del agua y para errar en los alrededores cuando no se piensa en bañarse”.

     

Réart

De Cannes a Saint-Tropez, de Deauville a Biarritz, la gran época del bronceado está comprometida, el traje de baño de los años veinte y treinta no permite descubrir el ombligo con cintura o bien no es a buen seguro de una sola pieza.

El fin de los años cuarenta va a caer este último bastión con la aparición del bikini.

Y sigue el destape en las playas.

Fue presentado en Julio del año 1946, y realmente no tuvo una gran acogida, sino más bien todo lo contrario. Fue prohibido en Bélgica, España, Italia o Francia. Con el tiempo el mundo entero llegaría a aceptarlo, considerándolo algo dentro de lo normal.

Para este nuevo traje de baño se utilizaban fibras artificiales, resultando ser toda una revolución. Las mujeres comienzan a enseñar el vientre, con bañadores compuestos por un sujetador drapeado o anudado en el pecho y un pantaloncito corto que podía llevar volantes. El bikini de Réart recibe su nombre de los primeros ensayos nucleares americanos en el atolón de Bikini, este nuevo traje, caracterizado por su escaso contenido en tela, no encontró modelo profesional que quisiera lucirlo, ya que las jóvenes a las que se les propuso llevar esta “demasiado insinuante” prenda se negaron a llevarlo, al final el diseñador utilizó a una bailarina del casino de París como socorrida modelo, Micheline Bernardini.

Louis Réart llegó a crear modelos exclusivos y a ser uno de los modistos más importantes de la época, teniendo el honor de “desvestir” a actrices y modelos muy conocidas.

Con la aparición del bikini el traje de baño y la ropa interior femenina no se diferencian ya más que por el tejido, colores y motivos decorativos. Su origen proviene del sujetador, una pieza de lencería compuesta por dos telas sujetas por tirantes y atadas en la espalda por medio de elásticos. El sujetador tal y como lo conocemos hoy en día fue inventado en el año 1889, pero no fue realmente necesario hasta que los nuevos modistos, como Paul Poiret suprimieron el uso del corsé para la mujer.

Gracias al sujetador, el bikini se convierte en la prenda principal a la hora de tomar un baño en los años cincuenta, convirtiéndose en símbolo de seducción y sinónimo de sex-appeal.

     

El biquini

Las actrices comienzan a llevar este nuevo traje de baño, dejando sus cuerpos prácticamente al descubierto, y consiguiendo de esa manera llegar a ser grandes celebridades por medio de sus encantos femeninos.

La industria cinematográfica busca bellezas sin preocuparse por el talento de las mismas.

Lo que fué y lo que es

Aparecen las chicas Pin-up, vestidas con provocadores dos piezas. La mujer adquiere un mayor carácter erótico, apareciendo series televisivas que presentan a una mujer más coqueta y pícara.

     

Christian Dior

Después de la segunda guerra mundial, el vestido, tanto de calle como de baño, se vuelve pobre en materiales, utilizándose en ocasiones cortinas viejas para la confección de trajes de chaqueta.

En esta situación de autentica penuria aparece el modisto Christian Dior, que propone una vuelta a la elegancia, a una población marcada por la guerra.

Este nuevo look consigue ser aceptado por la mujer con sorprendente rapidez, talle fino, caderas anchas, hombros menudos... el traje de baño adquiere el corte de los vestidos de tarde, el cultote de baño se viste de mil fantasías, envuelto, abullonado, con botones, dando volumen a las caderas para que el talle parezca más fino.

Nuevos tiempos

Las empresas se especializan en bañadores y bikinis, creando elásticos o pliegues que ayuden al adelgazamiento de la figura.

     

El bañador masculino

Durante el siglo XIX, el vestido masculino y el femenino no eran muy distintos, los hombres llevaban una túnica con cinturón sobre un pantalón corto por encima de las rodillas.

El color llegó a todo lugar

La única diferencia con el traje de baño femenino era la falta de albornoz de baño y del gorro. En el siglo XX los bañistas de ambos sexos son fácilmente distinguidos por sus vestidos. Los hombres empiezan a usar el bañador de una pieza realizado en punto.

Este bañador queda perfectamente adaptado al cuerpo, cubriendo busto, hombros y llegando hasta la mitad del muslo. A partir de los años setenta aparece la moda del top-less para el hombre, que empieza a dejar al descubierto el torso, al estilo Tarzán. Ante esta puesta en desnudo público, el hombre necesita exhibir un cuerpo musculoso, de modo que empieza a practicar ejercicios físicos. Es importante hablar de la aparición del slip, más reducido que el calzón de baño y hecho con las nuevas fibras elásticas, que, al ser ajustado y cómodo consiguió hacerse un hueco en el guardarropa masculino.

     

Nueva silueta

En los años setenta la silueta femenina se vuelve esbelta, deportiva, el bikini gana en simplicidad, se usan motivos del pop´art, colores vivos y llamativos y elementos abstractos.

*

Los accesorios de baño empiezan a desaparecer, ya que son un estorbo a la hora de tomar el sol, y el objetivo principal es el broncearse. La reducción de la talla de los bañadores nos anuncia la próxima desaparición del sujetador.

     

El monokini

En el año 1964, el estilista americano Rudi Gernreich crea un traje de baño femenino que deja al descubierto el pecho, este bañador estaba formado por una braga negra con dos tirantes finos que se cruzan en medio de los senos.

El monokini fue considerado por el Vaticano como un producto derivado de la industria erótica.

En el 68, las chicas más atrevidas mostraron sus pechos al sol, como modo de reivindicación a la libertad sexual y a la igualdad de sexos. Tras la aparición del monokini se le suceden los strings o tangas, el bikini de triángulo, que enlazado con una cinta resbala por la cadera, y es en medio de los años ochenta, cuando el traje de baño de una pieza vuelve a hacer su aparición, esculpiendo el cuerpo de forma más sugestiva que una desnudez prácticamente integral.

     

Geometría variable

A partir de los años 70 los bañadores y las formas ganan en pluralidad, para el sujetador se puede elegir entre la brasiére, le balconnet, la banda, los mini triángulos, el escotado, el nadador...

mientras que las formas de los cultotes pueden ser de talle alto, escotado o fino.

El traje de baño y el modo de llevarlo varía según el país. Las italianas se decantan por los tonos vivos, dorados, y trajes de baño escotados. Las alemanas prefieren el una pieza. Que exalta el cuerpo de las nadadoras. En Francia es predilecto el bañador chic transformado en vestido de calle y en las costas Británicas se lleva un desvestido estricto y sexy.

En los años 80 vuelve el gusto por las mujeres rellenitas, el sujetador vuelve a estar de moda, con copas escotadas, ballenas, recortado en tulipanes... también reaparecen los accesorios, los pareos, los mini vestidos de mujer... el traje masculino de baño se adapta a la aparición de deportes novedosos, se diferencia de los trajes anteriores por sus nuevos colores y tejidos.

El boxer logró un gran triunfo entre los surfistas australianos, mientras que las bermudas fueron adoptadas en las ciudades. Los tejidos para los bañadores son el poliéster, la poliamida y la lycra, ya que estos materiales son de secado rápido. Los estampados tienen inspiración hawaiana e india.

     

Los años noventa

Es al final de los años 90 cuando el bikini vuelve a la carga, con el único imperativo de realzar el pecho. Para ello se utilizan sujetadores de triángulo, con distintos cortes de copa y bragas más o menos escotadas de cadera.

Los motivos eran o bien discretos o bien llamativos, pequeñas flores en colores suaves o frutas como la fresa, con colores de fondo agresivos como amarillos, rojos, azules... las top models o la gente famosa fueron (y son) un modelo a seguir.

El bikini de baño pasa a estar omnipresente en todas las playas, Chanel relanza el sostén de triángulo con una braga atado a las caderas con un cordón y con el anagrama de su doble “c” bordada. Con esta iniciativa los modistos empiezan a bordar las prendas para intentar dar un signo de distinción a su cliente.

La cirugía estética, el bronceado, la práctica del aeróbic, la musculación...son los métodos elegidos por las bañistas para poder lucir un cuerpo de escándalo en las playas, la piel comienza a ser tratada como un vestido, la variedad de bañadores, con sus cortes y estampados ayudan a que el efecto sea aún mayor.

El culto al cuerpo entre las estrellas marca moda, los modistos comienzan a sacar nuevos modelos en lycra y algodón con escotes de braga bien altos, el mini-bikini de Chanel tenía un sostén que tan solo cubría con un círculo del tamaño del pezón unido por finos tirantes ambos a la espalda atados y a los hombros.

     

Bañadores de diseño. La actualidad

Hoy en día las firmas de baño reconocidas lanzan sus ultimas tendencias en sus desfiles veraniegos antes del verano, aumentando así la atención sobre los trajes de baño y aumentando de ese modo la demanda.

Aparecen los bañadores convertibles en bikini, que hacen furor entre las jóvenes gracias a su doble función, el bikini top-pareo de lycra juega con las piezas pudiendo convertirse el top en pareo al bajarlo a la cintura. El bikini 2 x 1 es el bikini reversible, de gran éxito, debido a su partido doble.

El mundo de la moda de baño es algo cambiable, cada año aparecen nuevos modelos y modas que hacen la silueta más esbelta, las figuras se estilizan, dejan zonas al descubierto, juegan con la sensualidad, los tonos de piel y del traje de baño... poco a poco los tabúes de antaño han ido desapareciendo y prácticamente todo es válido a la hora de vestir o desvestir el cuerpo para tomar el sol.

     

Bibliografía

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