Perito Moreno: diamante azul

El Perito Moreno: diamante azul.

Una pampa de nieve. Un campo de hielo. Un casquete glaciar. Estos son algunos de sobrenombres que nos anticipan la magnitud del Parque Nacional Los Glaciares, un área protegida de 600.000 hectáreas situada en el sudoeste de la provincia de Santa Cruz de Argentina.

Guía de Perito Moreno: una aproximación a este territorio glaciar argentino, con texto y fotografías de Ignacio Muro

Cuentaviajes Perito Moreno: diamante azul

Relato de viaje a Perito Moreno: diamante azul

Parque Nacional de Los Glaciares

Una pampa de nieve. Un campo de hielo. Un casquete glaciar.

Estos son algunos de sobrenombres que nos anticipan la magnitud del Parque Nacional Los Glaciares, un área protegida de 600.000 hectáreas situada en el sudoeste de la provincia de Santa Cruz de Argentina.

Situado dentro del Parque, el Perito Moreno se ha convertido ya en un icono universal, una de las referencias turísticas que atraen y justifican, per se, un desplazamiento de 13.000 km. Para todo el mundo constituye el paradigma de los glaciares. Lleno de ignorancia sobre lo que eso significa, uno se apresta, sin más, a disfrutarlo. Con una particularidad: después de visitarlo, uno vuelve con la sensación de que el icono ha satisfecho sus expectativas.

Belleza fría y azul. guiarte.com

Es cierto. Hemos sentido y casi palpado una de las maravillas del mundo.

     

El Calafate

Ese disfrute, para ser completo, precisa de unos mínimos datos, un mínimo conocimiento sobre lo que vamos a ver. Y, cómo no, limpiarse de tópicos.

El primero de ellos afecta a su localización geográfica. Cuando uno viaja a El Calafate, la ciudad y el aeropuerto más cercano, uno tiene la sensación de viajar a una zona polar. No es cierto. Vamos a una zona de mucho hielo... pero estamos aún lejos del Polo.

Ubicada en el hemisferio sur su latitud es equivalente a la de la ciudad de Londres, en el hemisferio norte. Nada más, nada menos.

El territorio. Mapa

Por eso, en la ciudad de El Calafate el clima no es extremo. La temperatura media máxima de verano es de 18 grados centígrados, y la media mínima de invierno es de -2 grados centígrados. Se trata, además, de un clima muy seco, con sólo 300 mm. anuales de precipitaciones, como en Andalucía. Pero con una particularidad: en el Parque Nacional, situado más al oeste, a solo 60 km de distancia, las lluvias son abundantes, casi 2000 mm anuales, equivalentes en España a las zonas de Galicia con más precipitaciones. Lluvias que adoptan regularmente forma de nieve que inunda el Parque 300 de los 360 días del año. Recuerde estos datos al armar su equipaje.

En 60 km, todo cambia. Y el frío o, mejor dicho, la sensación de frío, es mucho más intensa.

     

El campo de hielo patagónico

Cuando ingresamos en el Parque Nacional, estamos adentrándonos en el Campo de Hielo Patagónico, la tercera masa de hielo más grande del mundo, después de La Antártida y Groenlandia.

Se trata de una ingente masa glaciar de 400 por 80 km cuyo rasgo principal es la fuerza del viento que la azota permanentemente, sobre todo en invierno. Una particularidad que la coloca en un primer puesto en cualquier ranking que valore las dificultades objetivas para cruzarlo.

El Campo de Hielo Patagónico, que agrupa a 356 glaciares, es la mayor acumulación de agua sólida fuera de los polos. Entre ellos, el Perito Moreno es el más imponente, el más famoso, con un frente de 5 Km. y una altura de más de 60 metros sobre el nivel del agua. Y el Upsala, una lengua de hielo de 50 km. de largo, 10 de ancho y varios cientos de metros de espesor, el más extenso de toda Sudamérica, más de tres veces la ciudad de Buenos Aires..

Las permanentes nevadas las originan los vientos templados que llegan del Océano Pacifico que, al chocar con la cordillera de los Andes desde el lado chileno, y enfriarse bruscamente, aseguran las precipitaciones necesarias para la supervivencia de los hielos. En cambio, las mesetas esteparias de la Patagonia Argentina son tan áridas justamente porque la humedad permanece retenida sobre las planicies de hielo y sobre los cerros que están a su alrededor.

     

Tributo a un héroe

La exploración del Campo de Hielo Patagónico precisó de grandes hombres y de grandes esfuerzos.

La visita al Perito Moreno pone a prueba la cultura del turista globalizado que, normalmente, ignora las gestas y los nombres de las personas que los realizaron. Y el por qué de las denominaciones de los cerros, lagos y glaciares.

Conocer su historia es un pretexto para saber algo más de esta parte del mundo.

Es habitual que, al referirse al famoso glaciar, se produzcan equívocos con su primer nombre, que puede ser sustituido por el de Pepito o Perico en lugar de Perito, imaginando que se trata de algún argentinismo, algún apelativo cariñoso. Porque nadie que no conozca la historia imagina que perito significa simplemente eso: un perito, un experto en algo, en este caso, en los hielos patagónicos. Ello no impide que, sin saberlo, al ensalzar al glaciar, el significado, se esté glorificando al significante, es decir al perito Moreno como titular del nombre del glaciar. Como veremos, se lo merece.

El perito Francisco Parcasio Moreno, médico, naturalista y geógrafo argentino,(1852-1919) parece un personaje nacido de las novelas de Julio Verne.

     

Cuando Inglaterra aportó algo

Nuestro protagonista, desde que cumplió los 20 años, realizó múltiples viajes a la Patagonia.

Recorrió el Río Santa Cruz hasta su nacimiento descubriendo un gran cuerpo de agua al que llamó Lago Argentino. Descubrió también el lago San Martín, avistó el Viedma y el Cerro Chaltén al que identificó como un inmenso volcán.

Se trata de un hombre muy querido, un héroe nacional argentino. Por dos razones: primero, porque fue el experto que participó, en representación de Argentina, en el arbitraje internacional efectuado por su Majestad Británica, que dirimió, en 1898, los problemas fronterizos con Chile. Se trataba de marcar una línea divisoria, en medio del campo de hielo, que definiera el principio y final de cada país. Sus tesis, que consistían en referenciar las fronteras de ambos países en las grandes cumbres y no en los ríos, salieron victoriosas y Argentina recuperó 42 mil kilómetros cuadrados de territorio en litigio. En 1902, el Rey Eduardo VII dicta el laudo arbitral donde dice: "...desde el monte Fitz Roy hasta el monte Stokes la línea fronteriza ya ha sido determinada...".

De modo que el perito Moreno está vinculado a un episodio en el que, como dicen con sorna los argentinos, fue “la única vez que Inglaterra les aportó algo”. Una broma sobre la que sobrevuela, sin duda, el recuerdo de la guerra de las Malvinas, unas islas cercanas a estos parajes, por cierto.

     

Un personaje altruista

Pero hay otra razón que convierte al perito en un personaje ejemplar para la Argentina de hoy, avergonzada de su clase política.

Y es que Parcasio Moreno fue, siempre, un defensor de los más humildes, incluido el derecho de los indígenas a luchar por su tierra. “Si pelearon y cayeron fue defendiendo su patria. Sayhueque -el jefe caleufú- fue, en todo caso, un leal enemigo” manifestó en confrontación con el lenguaje colonizador dominante en 1880 que reclamaba tierras aptas sin respetar los derechos indígenas.

Moreno fue una persona progresista en el sentido más preciso: creó la Sociedad Científica Argentina y fundó el Museo de Ciencias Naturales de la Plata. Y también desinteresada. Un ejemplo lo dice todo: cuando el gobierno de la Nación le donó, en pago de sus servicios como experto, un territorio aproximado de 75.000 ha de tierra, éste rechazó el regalo y lo reembolsó a su patria con la condición de crear el primer Parque Nacional Nahuel Huapi, en la actual Bariloche. El resto de las tierras recibidas fueron vendidas para crear guarderías en barrios obreros y comedores escolares, entre ellos, el Patronato de la Infancia, con capacidad para 200 niños.

“Tengo 60 años y ni un centavo. No dejo a mis hijos un metro de tierra donde sepultar mis cenizas” dijo, poco antes de morir. Después de varias idas y vueltas su cuerpo fue enterrado en la isla Centinela, ubicada en el lago Nahuel Huapi. Al poner su nombre al glaciar Perito Moreno, que nunca conoció a pesar del descubrir el lago Argentino que lo contiene, su patria nos dio al mundo entero la oportunidad de conocerle. Y, con él, saber, más de 100 años después, algunos detalles de la gesta de esos hombres que explotaron el hielo patagónico..

     

Fauna y flora

La excursión para acercarse y divisar los glaciares lleva algunas horas, casi dos para llegar al Perito y cuatro, de las que tres se consumen en barco, para acercarse al Upsala.

Y otros tantos para volver.

Es éste un tiempo que permite observar la fauna y la flora del Parque Nacional. Y disfrutar de paisajes e imágenes espectaculares.

Podemos divisar tropillas de guanacos, de la familia de los camélidos nos dicen; un animal parecido a la llama. Un sinfin de pequeñas lagunas, alimentadas por aguas de deshielo, constituyen lugares donde recalan aves acuáticas, en las que podemos disfrutar de la elegancia de los flamencos, de los cisnes de cuello negro, de otras aves llamadas patos vapor y de grandes concentraciones de cauquenes.

Nos informan que los predadores mayores de la zona son el puma y los zorros colorado y gris.

El cóndor andino, al que podemos divisar haciendo círculos en lo más alto, el águila mora y el ñacurutú -lechuza de gran tamaño que anida en el Parque-, forman parte también de la avifauna que habita en el lugar.

En cuanto a la flora se distinguen claramente dos zonas: por un lado la zona seca, la estepa, representada por ejemplares de mata torcida; por otro, la zona húmeda, el bosque, constituido casi exclusivamente por lengas que se localizan en mayor medida en las zonas costeras de los lagos.

En los lugares de clima más atemperado, crece el guindo, el árbol más sensible al frío.

    

Perito Moreno y Upsala

Parece que estamos preparados. No, todavía no.

En el camino los tutores del Parque nos darán las últimas pistas de lo que vamos a ver, desvelando datos que contribuirán a destruir otros tópicos comunes. Uno de ellos afecta a la naturaleza misma de un glaciar.

Un glaciar, nos avisan, no es agua congelada, no es sólo agua sólida, si así fuera no provocaría esas irisaciones azules tan intensas al contacto con la luz. Es nieve prensada, es hielo generado por la presión y el peso de las capas superiores de nieve que comprimen hasta el infinito las partículas de oxígeno que contiene.

La refracción de la luz sobre esa capa inmensa de hielo es la que produce esos colores.

La explicación discurre mientras observamos, por primera vez, la bellísima gama de azules que colorean las vetas del Perito Moreno. Y el obsequio de las extraordinarias puntas poliédricas de sus agujas de hielo. Es como un diamante azul.

     

Belleza y frío, en movimiento

La masa de hielo del Campo Patagónico se mueve, en promedio alrededor de 170 metros por año, pero también más deprisa.

Pero ese movimiento es desigual. El Perito Moreno, por ejemplo, avanza casi dos metros al día lo que permite al turista, en las dos o tres horas que dura la visita, oír como cruje y disfrutar con el desprendimiento de agujas y témpanos de hielo sobre el lago Argentino.

Otros glaciares, como el San Rafael son aún mucho más rápidos: alrededor de 17 metros por día. La rapidez de deslizamiento de ciertos glaciares es, también, efecto de la gran cantidad de agua producida por derretimiento y precipitación, que termina accediendo y lubrificando el fondo rocoso.

La singularidad del Perito Moreno es que, al deslizarse sobre el lago Argentino, se apoya sobre la península Magallanes, separando en dos partes incomunicadas las aguas del lago. El resultado de esa incomunicación es que el nivel de las aguas del brazo Sur crece varios metros, hasta 10 o 12, hasta que la presión ejercida por el agua acumulada, rompe la lengua del glaciar que atasca el intercambio.

Ese fenómeno, que provoca el nacimiento de un puente de hielo entre la península y la lengua del glaciar, se produce cada tres o cuatro años.

     

Fortaleza de hielo

Los trozos de hielo que observamos caer o flotando en el lago, de muchas toneladas de peso, fueron nieve hace muchos cientos de años, miles probablemente.

El espectáculo es hermoso, indescriptible. Agujas de 50 metros de intenso color azul se perfilan sobre el contorno de las montañas.

Después de disfrutar del Perito, la navegación, al día siguiente, por las muy azules aguas del lago Argentino en dirección al Upsala es otro espectáculo maravilloso. El barco se desliza suavemente entre tremendos témpanos que, una vez desprendidos del glaciar, flotan por el lago. Es un pequeño aperitivo para lo que vendrá después.

La pared del glaciar aparece a lo lejos entre nosotros. El barco se acerca poco a poco hasta la misma pared del glaciar Upsala. La lengua de hielo que se introduce en el lago es inmensa, son casi cuatro kilómetros de ancho y veinte metros de altura. Más que como un muro, se percibe como una fortaleza un tanto fantástica, que nos permite navegar debajo de torres inmensas que se destacan sobre la pared del glaciar.

     

Hora de volver

Bajo el agua, la parte no visible del glaciar alcanza los doscientos metros de espesor.

Como la profundidad del lago alcanza en ese punto los seiscientos metros, cada varios meses la superficie de hielo que flota se rompe generando un nuevo témpano.

El témpano, que puede llegar a pesar cientos de toneladas, se hunde hasta el fondo y vuelve a salir a flote generando grandes olas que pueden hacer naufragar a un barco.

El autor, de regreso del viaje. guiarte.com

Ya lo sabemos. Sabemos, al menos, algo más de lo que son los glaciares y algo de los hombres que explotaron esta zona apartada del mundo. Es hora de retornar al embarcadero de Puerto Bandera. Es hora de llegar a El Calafate. Es hora de volver a casa. Ha merecido la pena.