Cuentaviajes: Luz de Valencia, en la capital de España.

No hace falta acercarse al Mediterráneo para contemplar el bullicio de la playa y sentir como la brisa marina agita los cabellos de alguna bella bañista.

No hace falta recorrer los 350 kilómetros que separan Madrid y Valencia para sentir el pálpito de las aguas del mar y los brillos tornasolados de los cuerpos mojados en el punto de encuentro de las aguas y la arena.

Basta con acudir a la casa en la que habitó Sorolla en Madrid para encontrarnos con la visión luminista de este artista que llegó a ser en su tiempo el pintor más cotizado del mundo, y que hoy se nos presenta como un tanto oscurecido en su fama… aunque no en sus lienzos.

Una visita al Museo Sorolla, escrita por Beatriz Alvarez Sánchez.

Comenzar Cuentaviajes Luz de Valencia, en la capital de España.

Cuentaviajes Cuentaviajes: Luz de Valencia, en la capital de España.

No hace falta acercarse al Mediterráneo para contemplar el bullicio de la playa y sentir como la brisa marina agita los cabellos de alguna bella bañista. Basta con acudir a la casa en la que habitó Sorolla en Madrid.

Un museo para Sorolla

En pleno centro urbano de Madrid, cerca del paseo de la Castellana (Paseo del General Martínez Campos, 37) se halla una antigua casa en la que residió el pintor valenciano Joaquín Sorolla.

Joaquín Sorolla: Clotilde con traje gris (detalle). Museo Sorolla

El pintor Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia, 1863 - Madrid, 1923) llegó en algún momento de su vida a gozar de una fama universal, y que aún sigue teniendo atractivo por la luminosidad mediterránea de sus pinturas.

Este museo fue creado por deseo de la viuda de Sorolla, Clotilde García del Castillo, quien, en 1925, dejó todos sus bienes al Estado Español. En el antiguo edificio se exhiben objetos diversos, tanto artísticos como de otro tipo, reunidos en su mayoría por el propio Sorolla. La colección se ha incrementado en los últimos decenios mediante diversas adquisiciones realizadas por el Estado, para complementar la donación de origen familiar.

Para conocer un poco más al pintor vamos a recorrer este edificio –realizado entre 1910 y 1911 por el arquitecto Enrique María Repullés- contemplando las obras del pintor valenciano, conocido popularmente por su exquisita capacidad, heredada del impresionismo, de representar una luz vibrante en sus pinturas.

Interesado desde sus inicios por la pintura al aire libre, Joaquín Sorolla hacía de los paisajes y costumbres mediterráneas el objeto central de muchas de sus obras. Sin embargo, esta versátil colección cuenta también con retratos de personalidades españolas y cuadros de temática social, con las miserias y problemáticas del país, en la época en la que vivió el artista.

En efecto, Sorolla alcanzaría su cenit con las imágenes en las que contempla un país costumbrista y popular y con los efectos luminosos sobre los paisajes costeros valencianos… pero también gozó de prestigio con las escenas de pintura social, temas emergentes de sus inicios, y con una pintura histórica cargada de gestualismo efectista y retórica nacionalista que tanto gustaba a los prebostes artísticos oficiales de su juventud, quienes le premiaron por estas creaciones.

Escena sevillana, del conjunto de obras de Joaquín Sorolla de la Hispanic Society de Nueva York. Imagen de guiarte.com

Inicio de la visita

Al comienzo de la visita del Museo Sorolla nos hallaremos con la primera estancia, que recoge cuadros de distintas épocas del autor valenciano.

La esposa del pintor, Clotilde, en traje de noche, en el Museo Sorolla.

Entre ellos, el sobrio retrato de Clotilde en traje de noche, donde la esposa del pintor es retratada en una postura elegante, sensación reafirmada por la combinación cromática granate /negro.

En la vida de Sorolla, Clotilde tuvo una importancia excepcional, como esposa, consejera y modelo. Clotilde era hija de un prestigioso fotógrafo, protector de Sorolla, y el artista le dedicaría numerosos retratos y dibujos.

El afecto entre Clotilde y Sorolla se inició en la infancia y perduró siempre, y Clotilde fue la mujer más retratada por el pintor valenciano.

Otros lienzos que contemplaremos cerca son Nadadores, perteneciente al conjunto de pinturas que más caracterizan al pintor, donde unos niños se encuentran tumbados en la orilla de la playa y sus pieles mojadas parecen brillar con luz propia.

En Investigación destaca el realismo con que representa tanto al grupo de hombres como la luz que incide sobre ellos y los numerosos botes de cristal del Laboratorio- En trabajo es efectista y enormemente atractivo. El claroscuro marca las texturas de todos los materiales, sugiriendo sus volúmenes y otorgando profundidad a la composición.

El doctor Simarro investiga, rodeado de colaboradores. La luz de la lámpara incide sobre la bata blanca del investigador y genera un espacio luminoso en el que se perfilan los objetos y seres humanos… El trabajo, de 1897, fue elogiado en distintos puntos de Europa.

La Investigación del doctor Simarro, en el Museo Sorolla.

La voluptuosidad de la playa

En la segunda sala el tema principal radica en las representativas imágenes de la playa, donde la vaporosidad de las telas de las vestiduras y su movimiento evocan la brisa mediterránea.

Después del baño, o La bata rosa, una de las mejoras obras playeras de Sorolla, en el Museo Sorolla.

Los blancos empastes de pintura representan con fuerza los brillos de las pieles y la textura del agua bajo la luz del incidente sol.

Se pueden observar obras como Saliendo del baño, Niña jugando en la playa de Valencia y la gran pieza Después del baño, conocida también como La bata rosa, de tamaño imponente y exaltante luminosidad.

El encuadre casual e intimista representa una escena cargada de ritmo por la postura de los personajes y la fluidez de las telas. Los brillos que se cuelan por las ranuras del panel de cañas que hay detrás de las figuras y el resplandeciente mar al fondo envuelven al espectador en el cálido clima.

Sorolla pintó la obra en 1916, cuando estaba en la tarea que le encargó la Hispanic Society, en unos de sus descansos en la playa de Valencia. Es sin duda una obra maestra en la que el pintor consigue con unas manchas gestuales crear una mujer cargada de sensualidad. Su cuerpo inunda el cuadro y se presenta ante nuestros ojos como una poderosa Venus helenística.

... De mares y jardines

La tercera estancia está dedicada al paisaje, la naturaleza y el ambiente de playa, con obras en las que se puede sentir el viento levantino en el movimiento de las ropas de las mujeres y las pinceladas que componen el mar.

Niñas en el mar, otra obra del Museo Sorolla

Esta direccionalidad es lo que aporta dinamismo a la composición; una sensación que se enriquece con el suave acorde cromático, lo que genera ese ámbito de luminosidad propia de las obras de este gran autor. El encuadre de tipo fotográfico capta un momento esporádico, instantáneo, de las mujeres paseando con sus pamelas y la sombrilla (elemento que incluye frecuentemente en sus composiciones).

También se puede contemplar en esta zona la pintura Niñas en el mar, dulce y llena de vida. El reflejo de las niñas parece moverse con el vaivén del agua. Sorolla dotó de dinamismo su obra gracias al contraste de los efectos de la luz dura del sol.

En el piso superior es posible ver una exposición temporal dedicada a los jardines. El interés del pintor por la naturaleza se renueva a partir de 1908 durante sus viajes a Andalucía, que lo llevan a plasmar en su última etapa los bellos patios andaluces llenos de vegetación y colorido, así como sus propios jardines, inspirados en los anteriores.

El estilo que adopta es más cercano al impresionismo. Con gruesos trazos y empastes de color da vida a las flores que adornan los floreros y patios de las casas. La iluminación sigue siendo su punto fuerte y consigue dar este efecto gracias a las variaciones de tonos y empastes blancos que representan los brillos.

Existe un gran dinamismo marcado por los contrastes entre los verdes de los tallos y hojas, los infinitos colores de las flores y los blancos de la ornamentación que compone la escena.

La obra de Sorolla está desperdigada por museos de todo el mundo, desde el Prado de Madrid al Museo d´Orsay de París. Sin embargo, las mayores colecciones del autor son las de la Hispanic Society de Nueva York junto con la de este tranquilo, casi intimista, museo madrileño.

La alberca, en el Alcázar de Sevilla, 1910. Museo Sorolla.