Por las arenas de Libia

Éste es el relato de un viaje realizado por cuatro “aventureros motorizados” por los desiertos de Libia, un país de notable belleza y prácticamente desconocido.

Fotografías y texto de Pedro de Castro

Cuentaviajes Por las arenas de Libia

Relato de viaje a Por las arenas de Libia

Aventureros motorizados

Podríamos definirnos como un grupo de “aventureros motorizados” que un día, llevados por el espíritu de descubrir nuevas tierras.

Cuatro amigos -José Ignacio, Oscar, Pedro y Paloma- decidimos hace aproximadamente cuatro años formar un equipo de todoterreno: LEALTANZA-AUTO OJA. Podríamos definirnos como un grupo de “aventureros motorizados” que un día, llevados por el espíritu de descubrir nuevas tierras, nos compramos dos Mercedes G (300 y 320) y los equipamos con los medios más sofisticados para adentrarnos en lo inexplorado.

Los espedicionarios, en una oquedad del desierto. guiarte.com.

Así, hemos recorrido hasta el día de hoy prácticamente todo Marruecos, donde hemos participado en tres ocasiones en el trofeo 4x4 Sahara Aventura y dos veces en el campeonato de España de orientación.

Un oasis en medio de la arena. El verdor nunca fue tan bello. guiarte.com

En el 2005 se nos ocurrió dar al equipo un aire más arriesgado y de esta manera, nos adentramos en las profundidades de Libia, ese gran territorio desconocido del continente africano que constituye un filón de naturaleza en estado puro e inmensidad, con su cielo infinito y sus cientos de kilómetros de arena y rocas milenarias.

Nuestro viaje comenzó un 25 de noviembre y terminó un 12 de diciembre de 2005. En total, diecisiete días de aventura, precedidos de meses de preparación en los que el equipo entero nos esmeramos en preparar los coches para cualquier contingencia que pudiera surgir en un país que, excepto en su zona norte, está casi por completo deshabitado.

    

Preparados para el desierto

Preparamos tanques de combustible supletorios para abastecernos en las travesías de los grandes desiertos libios (Murzuk y Awbari), en que estuvimos hasta cinco días sin ver “la civilización”.

También nos aprovisionamos de agua, alimentos, material de acampada, repuestos y herramienta para los coches (amortiguadores, embragues, neumáticos, compresores de aire, etc.) así como de la cartografía y los equipos de navegación GPS mejores y más sofisticados que entre todos pudimos encontrar y reunir.

Bellísima estampa de una bajada por la ladera de una duna. guiarte.com

Entre el material que manejamos incluso dispusimos de mapas rusos a escala 1:200.000, tracks de viajes anteriores similares al nuestro que encontramos en revistas especializadas y fotos por satélite de la NASA, que nos fueron de gran utilidad para conocer de antemano los pasos que deberíamos tomar para adentrarnos en el desierto y recorrer su inmensidad.

...Pero las dunas tambien atrapan físicamente. guiarte.com

La documentación y los requisitos necesarios para viajar a Libia son laboriosos y complicados de conseguir.

Por ello, LEALTANZA AUOTO-OJA se puso en contacto con el grupo catalán Terrotori 4x4 a través de internet.

Ellos nos ayudaron con el “papeleo” del viaje, así como en la realización de los complicadísimos tramites de la aduana libia y a la hora de conseguir el guía y el policía que nos acompañaron en la travesía por el país, cuyas autoridades obligan a que estas personas viajen con cualquier grupo que decida circular por su territorio.

    

Cinco mil kilómetros

En nuestros 17 días viaje, el equipo realizó 4.907 kilómetros por tierras africanas, a los que hay que sumar los aproximadamente 1.200 que hicimos desde casa hasta llegar a Marsella.

Este fue el punto de partida del transatlántico que nos transportó de Europa a Túnez, en una travesía de 24 horas de duración.

El cambista, en pleno ajetreo. guiarte.com
Cruzamos Túnez de norte a sur para llegar a la frontera Libia. En total, 1.107 kilómetros –sumadas la ida y la vuelta - que aprovechamos para visitar las ruinas romanas de El Djem y el pueblecito de Matmata, que sirvió de decorado a “La Guerra de las Galaxias”.

Antes de cruzar a la frontera, cambiamos dinero a algunos de los cambistas que nos salen al paso en los límites de Túnez. El cambio aproximado es 1 euro, 1,6 dinares libios.

También observamos como a los lados de la carretera se vende gasolina de contrabando, traída a Túnez desde Libia, donde es mucho más barata, aproximadamente a 0,10 euros el litro, frente a los 0,36 euros que cuesta al cambio en territorio tunecino.

Bella estampa. El animal de transporte... transportado. guiarte.com
Los trámites de frontera son tediosos. Tanto a la ida como a la vuelta tardamos horas en atravesar la aduanas de ambos países. A la entrada a Libia existe una vigilancia extrema de las emisoras de radio (nosotros las quitamos, para una vez dentro del país, volverlas a poner) y del alcohol, cuyo consumo está fuertemente prohibido por las autoridades libias.

A la salida, sin embargo, el control se centra principalmente en impedir que los turistas se lleven restos arqueológicos y piedras curiosas del desierto donde, hasta cierto punto, resulta muy sencillo encontrar verdaderos tesoros de épocas remotas.

    

Desiertos

Durante nuestra estancia en Libia, atravesamos tres desiertos: Awbari, Akakus y Murzuk, cada uno de ellos distinto, con paisajes, colorido y características diferentes, pero todos ellos impresionantes y grandiosos.

El Awbari nos sorprendió por sus magníficas dunas., algunas de las cuales alcanzaban los 125 metros, a pesar de lo cual los Mercedes subían sin apenas dificultad, algunas veces empleando reductora pero otras muchas, especialmente en las planicies, navegando en largas.

Caravana de vehículos cruzando el Murzuk. guiarte.com

En este tramo tuvimos algunas “enganchadas” en la arena, donde empleamos planchas, cabestrante e incluso, el globo que se infla con el tubo de escape y evitar el tener que utilizar el gato, complicado de poner en la arena.

Impresionante arcada natural del desierto de Akakus. guiarte.com

Atravesar el desierto del Akakus resultó más sencillo pero no por ello menos impresionante. Su paisaje se asemeja mucho a las fotografías de Marte: arena rojiza, que se intercala con inmensas rocas basálticas de formas curiosas, parecidas a todo lo que nuestra imaginación pudiera dar de si.

    

Huellas del pasado

Al pié de muchas de estas formaciones rocosas encontramos dibujos prehistóricos de cazadores, animales, vehículos primitivos y bajorrelieves que muestran elefantes, jirafas o cocodrilos.

Es un lugar invadido hoy por la arena, pero donde hace miles de años existió una selva cubierta de agua y vegetación.

Pinturas prehistóricas en una roca del trayecto. guiarte.com
La magia del Akakus da paso al Murzuk, un mito para los que viajan a Libia y se atreven a adentrarse en lo más profundo de su desierto. El Murzuk aparece en los mapas reflejado con el nombre de “Sand Sea” y realmente aquello es un auténtico mar de arena de dorados reflejos y de color casi blanco, al que se accede a través del Coll D’Anai, paso natural comprendido entre dos impresionantes cadenas montañosas de piedra.

Una roca que recuerda el aspecto de una mujer embarazada, en el Akakus. guiarte.com
Estuvimos tres días en el Murzuk, en los que hicimos más de 700 kilómetros y un recorrido de dificultad intermedia. Este desierto posee tres zonas definidas en función de su dificultad. La situada más al oeste es la más difícil y sus dunas son muy elevadas, sin apenas planicies entre una y otra.

La zona intermedia es también de dificultad media, a nuestro juicio, la más divertida porque permite combinar la subida y bajada de dunas –en ocasiones con caídas bastante agudas- con la navegación por llanuras de arena fina y casi blanca. Una auténtica delicia.

    

Dunas y soledades

La parte del Murzuk situada más al este es la más fácil, pero para los aventureros del 4x4 resulta algo monótona, pues las dunas casi desaparecen del paisaje.

Nuestra ruta discurrió por un área intermedia entre la zona centro y la zona de este de este desierto. LEALTANZA – AUTO OJA ha elaborado su propio track del Murzuk. Es un recorrido divertido, sin excesivas complicaciones, algo más complejo en su primera parte, desde la entrada por el sur a través del Coll D´Ánai, y sencillo en su tramo final.

Otra estampa inolvidable. guiarte.com

En general, los coches no encuentran dificultad para atravesarlo, salvo algún paso por dunas y alguna “enganchada” en la arena.

Siempre es apetecible un alto en el camino. guiarte.com
Sin embargo, y al igual que sucede con todas las rutas de 4x4, es conveniente ir juntos al menos dos vehículos ante la posibilidad de tener que ayudar con eslingas.

Y si no que se lo pregunten a los de Territori, que viajaron con un Mercedes Unimog para transportar herramienta, material y para que, en general, sirviera de vehículo de asistencia. El camión, a pesar de estar preparado para esta clase de travesías, volcó en una duna a la salida del Akakus. En el momento de suceder esto, los cuatro ocupantes del vehículo (entre los que se encontraban el policía libio y la doctora del grupo) estaban solos, separados del resto de los coches. Les costó un día entero encontrar ayuda, hasta que al final dos de ellos echaron a andar y consiguieron localizar a unos hombres junto a un pozo.

La hospitalidad del pueblo libio es muy grande y pronto acudieron en ayuda del camión y de sus ocupantes, que pasaron unas horas de angustia hasta que consiguieron poner de nuevo el vehículo en pié y hacerlo funcionar.

    

Los colores de la arena

En general en el desierto libio las bajadas y subidas de las dunas se entremezclan con lagos secos de arena.

En algunos de ellos, sobre todo en el Murzuk, es fácil encontrar restos de vasijas de barro, puntas de flecha o cuentas de collares de piedra.

El color de la arena toma tonalidades sorprendentes. guiarte.com

Es una delicia escarbar en la tierra y que aparezca casi en la superficie alguna de estas “joyas” del pasado. Tras contemplarlas, lo mejor es devolverlas a donde estaban pues, como dije anteriormente, las autoridades libias vigilan y castigan el “saqueo” de piezas y restos arqueológicos.

Paloma, junto a pinturas rupestres. guiarte.com

De los tres desiertos que atravesamos en nuestro viaje, sorprenden los colores de su arena, que cambian con la luz del sol; sorprende la variedad del paisaje, la cresta de las dunas, que asemeja las olas del mar embravecido; sorprenden las bajadas y subidas bruscas de temperatura (de día unos 35 grados y de noche, alrededor de 8); emociona la inmensidad del paisaje, donde todo es minúsculo en medio de una grandiosidad que se prolonga más allá de donde alcanza la vista, pero sobre todo, sorprenden sus noches, en las que es una delicia contemplar el cielo, la luna, las estrellas fugaces que pasan a decenas sobre nuestras cabezas, las constelaciones y la vía láctea, que se observa perfectamente en toda su extensión.

La infraestructura hotelera en Libia es más bien escasa. Tan solo en el norte existen algunos hoteles y los de mejor categoría prácticamente se reducen a la zona de Trípoli, la capital. El resto del país es prácticamente un páramo.     

El turismo ...en lontananza

A medida que nos adentramos en el sur, la civilización va desapareciendo. Salvo el pueblecito de Gadhamés (antigua aldea Tuareg, Patrimonio de la Humanidad) lo que existe por debajo son localidades de escasos habitantes.

Por esta zona, con suerte, lo máximo que se puede encontrar para pasar la noche son lo que los libios denominan “campings”.

Un tuareg, ofrece esquís en alquiler, para utilizarlos en la arena. guiarte.com

En realidad, se trata de albergues con bungalós de techos de paja, baños y aseos comunes, pero bastante aceptables dadas las circunstancias.

La comida en ellos tampoco es mala y la estancia, con media pensión incluida, ronda los 10 euros por persona.

En el trayecto también hubo tiempo para auxiliar a la policía libia. guiarte.com

Son un lujo para el viajero, teniendo en cuenta que son escasos y que permiten darse una ducha, un auténtico sueño cuando se llevan sobre las espaldas tres o cuatro días de acampada.

Siete de los 14 días que estuvimos en tierras africanas acampamos en ruta (seis de ellos en dunas); tres dormimos en campings y los otros cuatro en hoteles, dos de ellos en Túnez y los otros dos en Libia.

El país no ha sido aún “tomado” por el turismo. Los libios (sobre todo los tuaregs, en la zona sur) se muestran en general sorprendidos ante la llegada de grupos de coches de 4x4 a sus aldeas. Algunos de ellos han empezado a fabricar en bloque objetos de artesanía, bisutería o algunos souvernirs que venden a los turistas a precios, la mayoría de las veces, bastante altos.

El “regateo” en Libia no es tan frecuente ni tan sencillo como en Marruecos.

    

Lagos en el mar de arena

El nivel de vida de Libia es relativamente elevado. Los coches son de buenas marchas (Mitsubitsi, Hyundai). Hay bastantes 4x4 y no se trata de vehículos de “desguace”, como sucede en otros lugares del norte de Africa.

Los escaparates de las tiendas son vistosos y modernos. Las calles y restaurantes, en general, son limpios y aseados y también la vestimenta de los libios es muy cuidada.

Incluso existen modernos sistemas de riego por aspersión instalados en las huertas próximas a Sabah, la ciudad situada al final del desierto del Murzuk, que da paso a los lagos de agua salada del Awbari.

El apacible lago Gabón. guiarte.com

El lago Ulma es quizá el más bello de todos, y uno de los más fotografiados del mundo. Situado en mitad de las dunas, sus aguas son tan saladas que resulta más fácil flotar en ellas que en el Mar Muerto.

Lo mismo ocurre con el lago Gabón, más grande que el anterior, a cuya orilla existe además un “chiringuito” de palmera cuyos responsables alquilan, por 5 euros, tablas de esquí –con botas incluidas- para deslizarse por la duna próxima al lago, que mide unos 150 metros. La subida a la cumbre “corre por cuenta del esquiador”.

     

...Y la huella de Roma

Más al norte, cuando se llega a la costa, merece la pena visitar las ruinas romanas de Leptis Magna, urbe levantada en el siglo IV DC por el emperador Septimio Severo.

En su momento llegó a tener 90.000 habitantes y de la que solo ha salido a la superficie la cuarta parte de sus ruinas, mientras que el resto continúan bajo tierra, a orillas del Mediterráneo.

Leptis Magna es una sopresa para el viajero. guiarte.com

Merece también la pena recorrer la Medina y la Plaza Verde de Trípoli, presidida por un enorme dibujo de Gadaffi saludando al pueblo. Pero, por encima de todo, merece la pena visitar el desierto de Libia y vale la pena mantenerlo como es, limpio, grandioso y sorprendente. Ojalá que no acabe invadido por las caravanas de vehículos y las autopistas turísticas.

Para nosotros y para nuestro equipo LEALTANZA AUTO-OJA, ha sido una experiencia inolvidable pero no irrepetible. El año próximo volveremos otra vez. Que Alá nos proteja y nos ayude a conseguirlo.

Pedro de Castro

No falta la propaganda política, con Gadaffi presidiendo una plaza de Trípoli, motivo nuevo para fotografiarse y dejar un recuerdo gráfico de la capital libia. guiarte.com