Cuentaviajes Gijón, elogio del Cantábrico

Gijón, la primera de las urbes costeras de Asturias; un lugar de interés turístico e histórico, próximo a otra ciudad de gran atractivo, Oviedo.

Un cuentaviajes de guiarte.com, con textos y fotografías de Tomás Alvarez

Cuentaviajes Cuentaviajes Gijón, elogio del Cantábrico

Gijón, la primera de las urbes costeras de Asturias; un lugar de interés turístico e histórico, próximo a otra ciudad de gran atractivo, Oviedo.

El abrazo del Dios

Sobre el alto del Cerro de Santa Catalina, la colosal obra de Chillida, Elogio del horizonte, semeja un inmenso dios posmoderno que abre sus inmensos brazos de cemento en dirección a la ciudad de Gijón.

Estatua de Chillida, Elogio del Horizonte. Foto Guiarte Copyright

Al sur, Gijón parece un lagarto gigantesco que descansa, desmadejadamente, sobre un paisaje en el que se funde el verdor de Asturias con el azul del Cantábrico.

Gijón necesita a ese Dios protector que dirija su futuro. No tiene la ciudad ni la tradición aristocrática de urbes costeras cercanas como San Sebastián ni Santander; ni siquiera el de La Coruña, que frecuentaba el dictador Francisco Franco en sus veraneos.

Tampoco tiene Gijón el sabor artístico de la cercana Oviedo, donde perviven destacados templos medievales al lado de residencias palaciegas de notable interés, en una urbe apacible, a la medida del hombre.

Pero Gijón tiene la sencillez, la humildad y el mar; ese mar por donde llegaron piratas y comerciantes, y que hoy la trae rentabilidad merced a la actividad portuaria y al turismo.

En la costa de Asturias

Está Gijón ubicada en el norte de España, en Asturias, al lado del Cantábrico, que le proporciona zonas de playas y puerto, lo que ha facilitado el desarrollo económico y turístico.

Tranquilidad en el puerto deportivo gijonés, antaño más oloroso y activo, por la actividad de los pescadores. Foto Guiarte Copyright

La ciudad, en los albores del siglo XXI está integrada por cerca de 300.000 habitantes y ha crecido en torno al puerto que ya funcionaba en época romana, pero que cobró un auge notable en el siglo XX por el crecimiento del comercio, la construcción naval y la producción siderúrgica.

Está la urbe en un lugar atractivo, en un triangulo integrado por Oviedo y Avilés, bien comunicado por autopistas, ferrocarril y aeropuerto.

Se desarrolló al abrigo de una península, en cuyo istmo se asentó una población creciente desde la época romana. El desarrollo urbanístico continuó a lo largo del siglo XX en dirección sur, quedando la zona vieja, Cimadevilla, como enclave para el paseo, la gastronomía y la diversión nocturna.

Desde los días de Roma

Hay evidencias de poblaciones prehistóricas en el entorno así como de un asentamiento en lo que es el actual barrio de Cimadevilla, donde creció una población romana denominada Gigia, que tuvo un pequeño puerto y termas.

Gijón estuvo amurallada desde el siglo III al XIV. Foto Guiarte Copyright

De la época romana quedan también restos de las murallas, derribadas en el siglo XIV y que tenían unos 900 metros de largo. Hoy apenas unas hiladas de piedras aún atestiguan ese antiguo vestigio, en los aledaños de Cimadevilla.

Más tarde, en el periodo de dominación árabe, la urbe fue sede durante escaso tiempo de una dominación musulmana, que tuvo sus días finales con el triunfo de la revuelta de Pelayo.

Los gijoneses tienen en estima al rebelde y le valoran como si fuera un rey local. Ante el puerto, una estatua de bronce, inaugurada en 1891, mira a la dársena, mientras sostiene una cruz en su mano.

El desarrollo moderno

Tras la oscura época medieval, en la que sin duda padeció los ataques de los piratas nórdicos, retomó su vigor en los inicios de la Edad Moderna, debido a una actividad portuaria fortalecida con el comercio con las Américas.

Los desarrollos de infraestructuras ferroviarias y de carreteras en el siglo XIX hicieron de Gijón una urbe próspera que obligó a sucesivas ampliaciones portuarias.

Ese crecimiento fue especialmente intenso en la segunda mitad del XX, debido al fomento de la industria siderúrgica, aunque la crisis del sector, en el tramo final del siglo, motivó un nuevo parón en el desarrollo urbano, que sólo se vio paliado por el atractivo turístico del entorno.

La moderna Universidad Laboral. Foto Guiarte Copyright

Gozar de Gijón

El casco viejo, en el istmo de la península tiene zonas agradables y algunos monumentos, como el notable palacio de Revillagigedo, algunas iglesias y la casona donde nació Jovellanos.

El palacio de Revillagigedo, junto al puerto. Foto Guiarte Copyright

Tiene también buenos lugares para la gastronomía y la vida social.

Es agradable también la parte más alta de la península, tras las casas, donde hay una amplia zona verde. Allí, junto a la monumental obra escultórica de Eduardo Chillida, el paseo es una delicia.

Al norte el mar, al sur toda la ciudad, con su puerto al oeste y la playa de San Lorenzo al este, y en torno al viajero, la brisa del cantábrico y el coro eterno de las gaviotas.

El mar y el vacío

Y el mar... El mar, con esa playa de San Lorenzo que se abre ante el turista como un inmenso espacio donde caben todas las toallas y sombrillas de Asturias, pero que se minimiza cuando la marea hincha su pecho.

Aguas limpias, bañando las rocas del extremo de la playa de San Lorenzo, en Cimadevilla. Foto Guiarte Copyright

...Esa playa que, al contrario que las de Santander o San Sebastián, no atrajo tradicionalmente a las grandes familias de la nobleza, sino que se "contaminó" con la presencia del proletariado que aupó la economía asturiana desde las minas o la siderurgia.

Cuando paseo por la playa de San Lorenzo pienso en el significado de la escultura de Chillida.

Las esculturas de Chillida tienen una concepción íntimamente relacionada con el espacio. Los brazos de la obra de Gijón parecen definir un espacio vacío y, justamente, ese espacio vacío es lo que me llama la atención.

Porque hace muchos años, allá por los cincuenta, la playa de San Lorenzo fue la primera en la que mis pies se mojaron con el agua salada del mar. Pasé un tiempo allí, y recuerdo la playa, y recuerdo la existencia de un amigo circunstancial, de quien no conozco ya ni el nombre ni el rostro: es el vacío que queda en cada uno de nosotros con el paso del tiempo, un vacío que amamos y que -como la estatua del artista vasco- seguimos abrazando.