Qué Ver en Éfeso

Las ruinas de Éfeso se amontonan ante la atónita mirada del viajero, que encuentra en los elementos que aparecen, aquí y allá, muestras de la inmensa capacidad artística del ser humano

La ciudad grecorromana

El yacimiento arqueológico de Éfeso se visita siguiendo un itinerario que conduce al viajero ante notables restos de la antigua ciudad grecorromana.

Fuente de Trajano, en Éfeso. Imagen de Miguel Ángel Álvarez/guiarte.

Si iniciamos el recorrido por el este, desde la antigua calle que conducía al puerto, nos encontraremos de frente con el magnífico teatro. Ante él giraremos a la derecha, para continuar por otra calle recta, vía Marmórea, que nos conduce ante el monumental edificio de la Biblioteca de Celso, a cuyo lado está la puerta de Maceo y Mitrídates.

Ante la portada de la biblioteca aparece la calle de los Curetes que nos lleva ante espacios magníficos, como el templo de Adriano, casi enfrente de este se halla un grupo de casas que muestran la elevada calidad constructiva y decorativa. La calle de los Curetes era una de las más nobles de la ciudad y por eso se puede ver cómo estas casas se hallaban cubiertas de pinturas murales, y con suelos cuidados cubiertos de mosaicos.

Éfeso. Pavimentos de mosaico ante la calle de Curetes. Imagen de Miguel Ángel Álvarez/guiarte.

Más adelante, aparece la Fuente de Trajano, construida en homenaje al emperador romano de origen hispano. Los restos están bastante deteriorados, aunque en el museo de la ciudad de Selçuk se conservan algunas de sus estatuas halladas en las excavaciones.

Finalmente, pasados los restos de la puerta de Hércules, aparecen los del templo de Domiciano y el odeón, entre otros vestigios de edificios civiles y religiosos.

Fuera de este trayecto, cabe visitar el espacio ahora vacío en el que estuvo el famosísimo templo de Artemisia, y ya en las inmediaciones de la ciudad de Selçuk, el fuerte que corona el cerro, la mezquita de y los restos de la iglesia de San Juan.

Interior de una de las casas de Éfeso. © Austrian Archaeological Institute//UNESCO

El Teatro

La grandeza de esta ciudad se palpa en sus monumentos. De forma especial en el teatro, en el que cabían hasta 24.000 espectadores.

El teatro de Éfeso era inmenso y aún se conserva en un estado relativamente bueno. Imagen de Miguel Ángel Alvarez/Guiarte.com

El grandioso espacio asombra por sus dimensiones y estado de conservación, Además, está siendo objeto de mantenimiento. Se halla sobre una montaña, al borde de una vía rectilínea que conducía al puerto, calle de la que se cuenta que fue la primera del mundo que se iluminaba por la noche mediante antorchas.

Su momento de mayor esplendor fue a partir del siglo I, cuando se amplió, en época romana, dotando al edificio de un inmenso graderío. La parte más elevada está a 30 metros sobre la altura del escenario.

En el teatro se organizaban espectáculos diversos, e incluso una gran ceremonia anual en honor de Artemisa.

Una gran avenida columnada y rectilínea unía el teatro con el puerto de la ciudad. Imagen de Miguel Ángel Alvarez/Guiarte.com

La biblioteca de Celso

La Biblioteca de Éfeso es el tal vez el vestigio más fotografiado por los viajeros que recorren las ruinas de la ciudad, por su opulenta fachada, aún en pie.

Biblioteca de Celso, a su izquierda la puerta de Maceo-Mitridates. Imagen © Austrian Archaeological Institute/UNESCO

En realidad se trata de una reconstrucción, pero se estima que es bastante fidedigna.

Se trata de una obra del siglo II, encargada por Celso, que fue gobernador de Asia y poseedor de una considerable fortuna.

En el recinto se albergaban 12.000 rollos, y constituye un magnífico testimonio de la existencia de bibliotecas públicas en el imperio romano. Se ubica sobre una plataforma escalonada, y su fachada se presenta con dos alturas, con tres puertas -la del centro más elevada- y un soberbio conjunto de columnas.

Junto a la fachada se halla la monumental Puerta de Maceo y Mitridates, obra del siglo IV que constituía la entrada al ágora comercial.

El templo de Adriano

Otro de los bellos edificios del antiguo Éfeso es el templo de Adriano, de pequeñas dimensiones, dedicado al emperador de este nombre, en los inicios del siglo II.

Turistas en el templo de Adriano de Éfeso. . Imagen de Miguel Ángel Alvarez/Guiarte.com

Ante la fachada se presentan cuatro basas para columnas; luego aparece la propia fachada con cuatro columnas, las laterales cuadradas, con capiteles corintios.

El entablamento se curva graciosamente entre las dos columnas del centro para mostrar un bello arco decorado con el busto de la diosa de la Fortuna.

Tras el pronaos se ubica una cella de pequeñas dimensiones. La puerta frontal está ricamente decorada, con una figura femenina, tal vez Medusa, en medio de decoración vegetal.

El Odeón

El visitante que recorre las ruinas de la ciudad se asombrará ante el coqueto Odeón, que parece una reproducción en miniatura del gran teatro.

El Odeón de Éfeso fue uno de los mejores de Asia. Imagen de Miguel Ángel Alvarez/Guiarte.com

En la antigua Grecia, y en Roma, muchas ciudades llegaron a contar con un odeón, que era una especie de teatro de menor tamaño, cubierto en parte o en su totalidad, para acoger espectáculos poéticos o musicales.

Este odeón de Éfeso es uno de los mejores que hubo en la antigüedad y contaba con 23 gradas, en las que podían sentarse más de mil personas.

El templo de Artemisa

Poco hay que ver del templo de Artemisa. Una columna solitaria se yergue en medio del campo, como testimonio de algo que hoy es leyenda.

El ayer (reconstrucción ideal) y el hoy del templo de Artemisa de Éfeso. Imágenes del Dosier de inscripción de Éfeso como Patrimonio Mundial de la UNESCO

El solar del templo de Artemisa está ya cerca del casco de la ciudad de Selçuk, relativamente apartado del meollo urbano del viejo Éfeso, la vía de los Curetes y la zona del Teatro y el puerto.

En la historia de Éfeso se observa la existencia de cierta sacralidad desde un periodo muy antiguo, una cualidad sagrada tal vez relacionada con el culto a la Diosa Madre.

El primer gran templo dedicado a Artemisa, diosa de la naturaleza, la caza y la fertilidad, parece ser el entorno del siglo VIII a.C.

Tras su destrucción por los cimerios, se erigió el famoso templo que se incluiría entre las Maravillas del Mundo. Fue realizado a partir del siglo VI, e impulsado por Creso, el rey de Lidia. El templo adquirió prestigio en todo el ámbito oriental del Mediterráneo, y siempre fue lugar de refugio. En el siglo IV fue destruido por un incendio causado por Eróstrato, un ególatra que propició el desastre para ganar fama eterna.

Reedificado el monumento, la invasión de los godos, en el siglo III lo volvió a arruinar. Reedificado, llegó a su fin cuando el cristianismo dominó el imperio. Sus piedras fueron reutilizadas por los cristianos para edificar nuevas edificaciones religiosas, ya en tiempos bizantinos. Hay columnas de Éfeso hasta en Santa Sofía de Constantinopla.

La obra era magnífica, 115 metros de largo por unos 55 de ancho, hecho en mármol, con una soberbia fachada realizada con tres filas de ocho columnas. Tenía en total 127 columnas de casi 20 metros de alto…

El templo fue mantenido en uso hasta finales del siglo IV. El culto a Artemis se prohibió al comienzo del siglo V por Juan Crisóstomo, patriarca de Constantinopla. La mayor parte de las piedras se utilizaron en la basílica de San Juan y en la cercana mezquita de Isa Bey.

Hoy, el lugar donde estuvo la maravilla de la antigüedad está marcado por una columna rehecha allí como testimonio del pasado.

El solar fue posteriormente zona de talleres artesanos, cementerio y hasta como caravasar o caravanserai, refugio para las caravanas de comercio, por eso se han hallado allí restos cerámicos de puntos tan lejanos como España y China, testimoniando el activo tráfico comercial.

Fortaleza de Ayasoluk

Ya fuera del ámbito del antiguo Éfeso, sobre el cerro de Ayasoluk se alza una gran fortaleza bizantina, en un ámbito en el que se han hallado restos de civilizaciones antiguas.

Fortaleza de Ayasoluk, en Éfeso © Ephesus Museum/UNESCO

En torno a esta colina se asentó la población cuando decayó el Éfeso grecorromano, castigado por guerras, terremotos y finalmente por el aterramiento del puerto que impidió que continuase su rico negocio comercial.

Dominando la colina se alza aún la magnífica fortaleza de Ayasoluk, construida en el siglo VI por los bizantinos para dominar esta ciudad que fue una de las más importantes de este imperio oriental.

La obra conserva unos buenos lienzos de ladrillo y piedra y 15 torres que le dan un aspecto de lugar inexpugnable. Dentro, es un ámbito despejado, en el que aún se observan cisternas, una mezquita y restos de pavimentaciones y antiguas construcciones.

Basílica de San Juan

Otro punto muy importante de Éfeso, al lado de la fortaleza de Ayasoluk, es la basílica bizantina de San Juan.

Vista aérea de los restos de la basilica de San Juan, en Éfesi © Pamukkale University/UNESCO

La iglesia fue construida en tiempos de Justiniano, siglo VI, y tuvo el rango de catedral de la ciudad.

Las ruinas del edificio muestran su grandeza. Fue en su tiempo uno de los mayores templos cristianos del imperio bizantino, con planta de cruz latina y cubierta cupulada.

Es tradición que bajo la cúpula central se enterró el cadáver de san Juan evangelista, quien vino a esta ciudad acompañando a la Virgen María y escribió aquí su evangelio, después del fallecimiento de Cristo.

El gran templo, que medía 110 por 130 metros, estaba precedido por un atrio de 34 por 47. Parece ser que estuvo activo hasta que el lugar cayó en poder de los turcos, en 1304, y que parte de él se transformó en mezquita. Un terremoto dañaría irreversiblemente al edificio en ese mismo siglo.

Aún hoy asombran los vestigios del complejo religioso, así como los de su cercado, con la monumental puerta de acceso al recinto.

Entrada al recinto de la basílica de san Juan, en Éfeso. Austrian Archaeological Institute/UNESCO

Casa de la Virgen María
Además de la gran basílica de San Juan, en el entorno de Éfeso hay otro edificio de gran interés desde el punto de vista religioso y cristiano, la casa de la Virgen María.

Se trata de una construcción humilde pero de notable valor simbólico, que se halla a unos 7 kilómetros de Éfeso.Según la tradición, esta casa de planta baja fue edificada por san Juan para la Virgen en el siglo I. Cuatro siglos más tarde se reharía la edificación para transformarla en una pequeña capilla.

Los peregrinos visitan fervorosamente el lugar y su fuente de aguas pretendidamente milagrosas. Excavaciones de la zona confirman la antigüedad del sitio, precisando que está habitado desde finales de la época helenística.

Tanto los restos de la basílica de San Juan como la casa de la Virgen María están incluidos en el “sitio” definido por la UNESCO como patrimonio de la Humanidad.

Mezquita de Isa Bey

Entre las mezquitas turcas, la de Isa Bey ocupa un lugar destacado por su arte y longevidad. Está situada entre la iglesia de san Juan y el templo de Artemisa.

Mezquita de Isa Bey © Ephesus Museum Directorate/UNESCO

La importancia de la ciudad de Selçuk en el siglo XIV se tradujo en varias construcciones, entre ellas la mezquita de Isa Bey, de la que fue arquitecto Alí de Damasco. Terminada en 1375, la obra está inspirada en la mezquita Omeya de Damasco y en algún otro ejemplo turco.

Cuenta con dos naves paralelas a la pared del mihrab. La amplia estructura está integrada por dos cúpulas y otras dos cubiertas a dos aguas.

En la edificación se pueden ver columnas y otros elementos del templo de Artemisa. En la antigüedad tenía dos minaretes pero un terremoto destruyó uno. Se considera a esta como la mezquita activa más longeva de Turquía.


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