Buçaco: de convento carmelita portugués a hotel de lujo

La Sierra de Bucaco está en la parroquia de Luso, a 30 kilómetros al norte de Coimbra y unos cien al sur de Oporto.
Los carmelitas descalzos fundaron allí el convento de Santa Cruz y plantaron un bosque rodeado por una tapia de seis kilómetros. En medio de la foresta erigieron trece ermitas para la oración y la meditación. Estamos en uno de los centros hoteleros más elegantes de Europa.

Un cuentaviajes con texto y fotos de Miguel Moreno

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Cuentaviajes Buçaco: de convento carmelita portugués a hotel de lujo

La Sierra de Buçaco está en la parroquia de Luso, a 30 kilómetros al norte de Coimbra y unos cien al sur de Oporto. Estamos en uno de los centros hoteleros más elegantes de Europa.

Buçaco

Al norte de Coimbra, en un punto estratégico para recorrer una interesante comarca portuguesa que comprende Figueira de Foz, Aveiro y Porto, se encuentra el bosque de Buçaco (concello de Mealhada, parroquia de Luso).

La recepción del hotel es auténticamente suntuosa.

Se trata de una frondosa montańa que alberga un edificio singular, frondoso también si atendemos a sus formas, que comenzó siendo un humilde convento carmelita y ha terminado siendo uno de los hoteles más lujosos del mundo.

Los carmelitas se instalaron allí en el siglo XVII y en el XIX, tras la prohibición de las órdenes religiosas en Portugal, los frailes abandonaron el lugar donde, más tarde, se edificaría un pabellón de casa para la familia real.

Un bosque singular

El bosque tiene el interés de todos los jardines botánicos: variedad, sombra estudiada, alegría en primavera y color en otoño.

Aunque no deja de ser una creación reciente de la mano del hombre, de antigüedad bicentenaria, las 700 especies de árboles y el conjunto de ermitas construidas en el siglo XVIII, forman una atmósfera romántica difícil de encontrar hoy en día.

Desde el pueblo de Luso se toma una carretera, construida a base de adoquines, como casi todo Portugal, que invita a pensar en cuántas horas de trabajo son necesarias para empedrar cada kilómetro del trayecto.

Pero la sorpresa llega de repente. Al cabo de unos minutos de trayecto, un remanso abierto en el bosque, con un jardín y un conjunto de edificios manuelinos, pero de finales del siglo XIX, encargo del rey Carlos, que parecen construidos como escenario para una película.

El paisaje extraordinario de Buçaco, desde la Cruz Alta

El convento-palacio

Bienvenidos al hotel Palace: si ustedes tienen cien euros para la habitación doble y cuarenta euros para el menú, podrán pasar un día inolvidable.

Otra imagen exterior del convento-palacio, actualmente hotel.

Si han encontrado una opción más económica en las proximidades, podrán tomarse un par de refrescos en la cafetería por cinco euros. Eso sí, se verán rodeados por una pequeña legión de turistas que disparan sus cámaras digitales hacia las escaleras, el salón de la chimenea, la recepción, el comedor, las galerías... o los grandes azulejos que decoran varias estancias.

La mejor excursión en coche, una vez terminada la visita del hotel, es la que lleva a la Cruz Alta. En diez minutos se llega a un mirador desde el que se contempla una gran extensión del interior de Portugal y se llega a ver el mar, situado a 40 kilómetros de distancia.

A la Cruz se puede llegar también a pie, aunque es más recomendable la bajada que la subida. Asimismo puede hacerse un circuito de poco más de una hora para ver la Fonte Fría, que brota en una gruta, y la alameda de los helechos, aunque lo importante no son ni los álamos ni los helechos, sino los pinos y las secuoyas gigantes.

Un suntuoso salón del edificio.