Arbas, el Roncesvalles de la Cordillera Cantábrica

Junto a la cima del puerto de Pajares, en un territorio sumamente atractivo y climatológicamente adverso, hay un caserío solitario, prácticamente abandonado, con una joya artística: la basílica de Arbás, resto de un monasterio de gran importancia en el medievo.

Relato con texto y fotografías de Artemio Artigas

Cuentaviajes Arbas, el Roncesvalles de la Cordillera Cantábrica

Junto a la cima del puerto de Pajares se encuentran los restos de un monasterio de gran importancia en el medievo: la basílica de Arbas.

En el paso de la cordillera

Cerca de la cima del puerto de Pajares, atendiendo a la peregrinación del paso más escabroso en la vía que unía San Salvador de Oviedo con León, se levantó el monasterio de Arbas.

Magnífica vista, desde el cercano Puerto de Pajares. Imagen Guiarte Copyright

Del conjunto pervive su hermosa basílica románica que sigue en pie en medio de las soledades. Parece que el excelente templo, de tres naves, fue obra encargada en el año 1214, tras unas donaciones de Alfonso IX, con añadidos posteriores, como la torre que es del XVII y la bóveda de la nave central y el portal, que datan del XVIII.

El último retoque a la estructura vino de la mano del arquitecto Luis Menendez Pidal -año 1968- quien hizo una restauración a fondo, para salvar a la basílica de una situación difícil.

Historia y leyenda

Este edificio tiene historia y leyenda. Ésta atribuye al mismo Pelayo la fundación del centro religioso, que creció en los siglos XI, XII y XIII al amparo de los reyes leoneses.

La basílica de Arbas está en un territorio de dura climatología, en el ayuntamiento de Villamanín. Imagen de www.ayuntamientovillamanin.com

Éstos lo usaron como hospedaje de paso hacia Oviedo y lo engrandecieron para que atendiese a los peregrinos que viajaban por estos difíciles pasos montañosos.

En el ventisquero cubierto de nieves se mantuvieron abiertos hasta dos hospitales para atender a los peregrinos, a los que, en los días de invierno más crudo, se les orientaba con el tañido de las campanas y se les ofrecía calor y alimento.

Buena parte de esos montes que rodean a Arbas pertenecían al monasterio; el propio Alfonso IX le dio, además, tierras en Mayorga de Campos (Valladolid) y su entorno, así como en Toro (Zamora), destinadas a proveer al establecimiento religioso de abundante pan y vino.

La decadencia

Durante la Edad Moderna la abadía fue perdiendo importancia, hasta trocarse en una simple parroquia dependiente de la de Busdongo.

Tumba del arquitecto Luis Menéndez Pidal. Imagen de Guiarte.com Copyright

Esta iglesia es Monumento Histórico Artístico desde 1931, aunque pasó por difíciles momento en el siglo XX, siendo dañado en la guerra Civil, cuando se destruyó una extraordinaria sillería y se quemaron imágenes.

La salvación del templo llegó con la vinculación del mismo a la Abadía de San Isidoro de León, en 1968, época en la que Luis Menendez Pidal hizo una importante tarea, remediando su ruina.

En el sepulcro del arquitecto, en la propia Colegiata de Arbas, un epitafio ruega a la divinidad: "Oh Dios salva a su alma de la perdición, como él salvó a esta iglesia de de la ruina".

Un bello templo

El templo de Arbas es de planta casi cuadrada y no tiene crucero. Tiene tres naves y otras tantas capillas en las cabeceras.

Vista del interior del templo, desde el coro. Guiarte Copyright

La nave central, unida a la nave con un excelente arco toral, es un ámbito de excelente factura, en el que el románico deja paso al gótico primitivo.

En realidad, este edificio es la última obra notable del románico leonés.

Destaca en toda la basílica su sobriedad, atenuada por la bella decoración basada en motivos vegetales y dibujos geométricos, trabajos que brillan en sus capiteles y en el magnífico portal de mediodía.

El exterior la decoración es mínima, destacando los canecillos del ábside.

El toro y el oso

En la puerta del oeste, más humilde, el viajero se sorprende al contemplar las cabezas de un toro y un oso, esculturas rodeadas de leyenda.

Toro y oso son protagonistas de una conocida leyenda sobre la construcción del monasterio. Imagen Guiarte Copyright

En los días en que se hacía el templo, un monje partió con un carro a buscar piedra, pero un oso mató a uno de los animales de la yunta.

Entonces, el monje, de nombre Pedro, unció bajo el mismo yugo al oso y al buey que quedaba vivo, para continuar con el trasiego de la piedra... Y la yunta funcionó, según dice la leyenda.

Territorio decadente

Arbas pertenece al ayuntamiento de Villamanín, provincia de León. Es una localidad que tuvo cierta vida en el siglo XX.

El cercano Parador de Turismo de Pajares está cerrado, pese a ser éste un territorio sumamente atractivo. Guiarte Copyright

Hubo por allí una fábrica de cemento -Tudela Veguín- y minas. Funcionó el gran edificio del economato... y la casa de alterne. Hoy sólo queda una magnífica iglesia y edificaciones abandonadas.

La casa rectoral, aneja a la iglesia, está desierta; en el resto del pueblo las casas permanecen vacías.

A distancia mínima -un kilómetro- se halla el paso del puerto, a 1378 metros de altura. La soledad también anida en torno a él y en el viejo Parador de Turismo, ahora cerrado. Un sinsentido de los tiempos, porque arte, historia y paisaje son suficientes atractivos como para hacer de este lugar un territorio con vida económica.

Y un futuro con incógnitas

El siglo XXI es duro para Arbas, hasta la propia Basílica ha pasado por momentos críticos. De momento, en el tramo final del 2008 se están haciendo unas intervenciones de emergencia.

La revisión de la cubierta, que estaba en una situación absolutamente penosa, y algunas reparaciones de urgencia en el exterior. Se trata de una reparación estructural, que no incluye elementos artísticos.

Para dar vida a este espléndido legado, queda pendiente una labor de limpieza interior y exterior, y un mínimo mantenimiento de sus elementos artísticos. La basílica, de tamaño pequeño, es una joya grande, tanto por su historia como por su testimonio artístico, como reconoce, entre otros, el propio abad de San Isidoro, Francisco Rodríguez Llamazares, quien estuvo un tiempo desempeñando labores pastorales allí.

Él opina que hay que darle vida a la basílica para mantenerla. Bueno sería intentar un mantenimiento de sus elementos artísticos y un plan para dinamizar la zona. Recursos hay: arte, historia y paisaje.

Detalle de la capilla central, donde el románico y gótico se funden. Imagen Guiarte Copyright