El esplendor de la Sabiduría

Miguel de Cervantes, natural de Alcalá de Henares, se refiere a la ciudad en El Quijote como la gran Compluto. Y es que con este nombre de Complutum -del que se deriva el gentilico complutense- fue fundada por los romanos en el siglo I a.C.

Hoy, el viajero no debe dejar de visitar con detenimiento esta urbe que rezuma sabiduría.

Alfonso García, escritor e intelectual leonés, nos guía por el interior de las calles y la historia de Alcalá, en búsqueda de la esencia de la ciudad bimilenaria, Patrimonio de la Humanidad.

Es un artículo cedido por la revista Nuevas Iniciativas, que edita Caja España

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Relato de viaje a El esplendor de la Sabiduría

Alcalá: por el camino de la Lengua

Con el nombre de Complutum -del que se deriva el gentilico complutense- esta ciudad fue fundada por los romanos en el siglo I a.C.

Monumento a Cervantes. A. García-guiarte. Copyright

Hoy el viajero no debe dejar de visitar los restos de la ciudad romana, con sus destacadas termas y un excelente mosaico. Un acontecimiento especial, el martirio de los niños Justo y Pastor en la persecución del emperador Diocleciano y el descubrimiento de sus restos un siglo más tarde harán posible el inicio de un núcleo de población, que será el germen de la villa medieval.

A mediados del siglo VIII es dominada por los musulmanes, que construyen un castillo, llamado Qal´at abd al-Salam (castillo de al Salam), del que deriva el actual nombre de Alcalá de Henares.

Sepulcro de Cisneros. Foto Alfonso Golzalez-guiarte. Copyright


Reconquistada en el siglo XII, en 1293 el obispo García de Gudiel funda los Estudios Generales, precedente de la Universidad que fundó Cisneros en el siglo XVI, que, con el siguiente, fue la época de máximo esplendor de la ciudad.

Los siglos XVIII y XIX -en 1836 se trasladó la Universidad a Madrid- son de franca decadencia, y la ciudad cambió las letras por las armas.

El desarrollismo de la segunda mitad de la actual centuria la convierte en un notable foco industrial. Pero será en 1977, con la creación de la Universidad de Alcalá, cuando recupere su verdadera dimensión de centro universitario, histórico por otra parte. No en vano es el primer campus universitario de la historia moderna. En él se mantiene el espíritu de Cisneros, lo que le ha valido a la ciudad ser declarada Patrimonio de la Humanidad.

Este hecho se convierte en auténtico dinamizador de una ciudad en la que, como en pocas, conviven la fuerza de la industria y el esplendor de la sabiduría, que han de complementarse, la modernidad y su ritmo trepidante con la tradición y el sabor de autenticidad. Por eso es una ciudad diferente, especialmente la que se aglutina en el casco histórico.

Es una ciudad para pasear y sentir. Pocas otras permiten, dados de la mano, un largo paseo por los orígenes latinos, la rica fluencia de la lengua y la literatura, el convivir medieval de tres culturas -moros, judíos, cristianos- o por el fulgor de una ciudad que atrajo en su época la mirada de otros mundos y otras gentes.

Alcalá de Henares permite al viajero esta mirada y otras muchas. De ambiente sereno, clásico y monumental, es una ciudad viva.

    

El esplendor de la Sabiduría

Una estatua de Cisneros preside, en la plaza ajardinada de San Diego, la entrada a la Universidad que él fundara. Estamos en uno de los espacios más bellos de Alcalá, el más emblemático sin duda.

Monumento a Cisneros. Foto A. García-guiarte. Copyright

La fachada, una de las más hermosas del plateresco español -se considera prototipo del estilo renacentista llamado cisneros-, finalizada en 1553, es obra de Rodrigo Gil de Hontañón, siguiendo el esquema de la fachada-retablo, con tres plantas -lo humano, el saber, lo divino-: toda una declaración de intenciones y con una función narrativa cuya explicación merece la pena.

Ya dentro, los patios, caracterizados por la austeridad y la sencillez, permiten la ensoñación para dialogar con los estudiantes Ignacio de Loyola, José de Calasanz, Tomás de Villanueva, Lope de Vega, Quevedo, Tirso de Molina, Calderón, Antonio Pérez, Jovellanos..., o con los profesores Nebrija o Juan de la Cruz.

Fachada de la famosa Universidad de Alcalá. Foto A. García-guiarte. Copyright


Por aquí paseó El pícaro Guzmán de Alfarache, al que Mateo Alemán le hace decir: Yo era conocidísimo. Había más de siete años que residía en Alcalá, siempre muy bien tratado, tenido por uno de los mejores estudiantes della y acreditado de recio. Las mozuelas eran triscadoras y graciosas. Por aquí pasó hambre, sufrió y gastó bromas El Buscón don Pablos de Quevedo. Aquí se fraguó el monumento de la cultura renacentista que fue la Biblia Políglota, en latín, griego, hebreo y caldeo. Aquí publicó Antonio de Nebrija la primera gramática del castellano hasta ahora conocida.

Son tantas y tan notables las referencias lingíísticas y literarias de Alcalá -no olvide tampoco el Libro de Buen amor del Arcipreste de Hita, ni la finura como escritor del político Manuel Azaña, natural de la ciudad- que se hace imposible recurrir a todas.

Saltando a la actualidad, desde el llamado Patio Trilingíe se accede al Paraninfo, donde uno siente una indescriptible sensación de belleza y la fuerza del colorido. Aquí, cada 23 de abril tiene lugar la entrega del Premio Cervantes, máximo galardón de las letras hispánicas, cuyos ganadores se recuerdan artísticamente a la entrada.

Desde estos espacios, en fin, se puede acceder a la magnífica Capilla de San Ildefonso, con preciosas yeserías renacentistas, platerescas y góticas, y el delicado sepulcro renacentista del cardenal Cisneros, que esculpió en mármol de Carrara Domenico Fancelli, autor, según algunos, del doncel de Sigíenza.

Bastaría esta visita para justificar la presencia del viajero en Alcalá. En esta ciudad, abierta a otras muchas posibilidades, es inevitable, sin embargo, la referencia a la vivencia, que no la nostalgia, del pasado, capaz de enriquecer su presente. Ya es mérito.

Muy cerca, la Plaza de Cervantes -antigua Plaza del Mercado-, de amplia belleza rectangular y ambiente vivo y cálido, convertida en el corazón de la ciudad. Abrazada por torres y edificios notables -la cigíeña es también aquí referencia inevitable-, entre ellos un antiguo Corral de Comedias y el Ayuntamiento -custodia la Biblia Políglota y el acta de bautismo de Cervantes-, el tiempo parece detenerse. Con templete y farolas de época, un notable monumento al autor de El Quijote, pasajes de cuya obra se referencian en los laterales de la columna sobre la que se asienta la estatua del escritor alcalaíno.

Es bueno pasear la plaza bajo el túnel sombrío de sus plátanos de Indias, para salir frente a los restos de Santa María la Mayor, destruida en 1936, de la que se mantiene en pie la Capilla del Oidor -aquí fue bautizado Miguel de Cervantes- y la torre, recientemente restaurada.

    

La vertebración judía de Alcalá

Caminando las calles colegiales, Santa Úrsula y de Escritorios...

...una serie de colegios -de Málaga, de Manchegos, Irlandeses...- ofrecen la posibilidad de reflexionar acerca de la acción restauradora, llevada con sensatez por parte de la Universidad y otras instituciones para dar utilidad, dentro del respeto y la coherencia, a notables edificios históricos: facultades, Centro de Salud, Juzgados, Colegio de Abogados, Hostelería del Estudiante...

Interior de la Casa de Cervantes. Foto A. García-guiarte. Copyright

Con la reflexión enredada en tantos edificios notables como se suceden, estamos en la Plaza de los Santos Niños, donde se alza la Iglesia Magistral Catedral de los Santos Justo y Pastor -comparten patronazgo de la ciudad con la Virgen del Val, con fiestas, respectivamente, a principios de agosto y finales de septiembre-, en el lugar en que se supone fueron degollados los niños y en torno al cual se desarrolló el núcleo urbano.

Con interior gótico de tres naves, conserva en la cripta las reliquias de los niños santos, tiene un destacado retablo mayor plateresco y algunos sepulcros, como el de Gregorio Fernández.

Prácticamente frente a la plaza, la conocida como Casa de la Entrevista, en la que los Reyes Católicos recibieron a Colón antes de su viaje a América. Entramos, sin embargo, en la Calle Mayor, que vertebra en buena medida la vida de la ciudad.

El sabor de los soportales -herencia comercial judía- y la peatonalización hacen de esta calle sabrosa imagen viva. Y, además, cita obligada. Porque aquí está la Casa Natal de Cervantes, de dos plantas, de la que se mantiene el patio, el tiro de la escalera y una pared original. El resto, recientemente restaurado, se ha convertido en una excelente muestra de mobiliario de la época y de referencias bibliográficas del Príncipe de las Letras.

Al lado, el Hospital de Nª Sª de la Misericordia, fundación particular de Antezana en 1483, aún con actividad. Distribuido como un teatro, en él trabajó de médico el padre de Cervantes. Y en la cocina, para pagarse los estudios en la universidad, Ignacio de Loyola.

También en esta calle el corral de la Sinagoga, donde se hallaba uno de los dos templos que los judíos poseían en la ciudad.

Un giro a la izquierda por la calle de Cervantes -en la esquina el Salón-teatro que también lleva su nombre- le conduce a la Calle de Santiago, nombre que no sin cierto ironía, o mala intención, fue dado por Cisneros al eje de la vida musulmana.

Siguiendo hacia su izquierda por ella, desemboca en la Plaza del Palacio. Está frente a uno de los rincones más hermosos de la ciudad. Por una parte, el Palacio Arzobispal, señores que fueron de Alcalá hasta el siglo XIX, explicación de tanta magnificencia.

Torreón de la muralla. Foto guiarte.Copyright
Restaurado después de la guerra, se conserva la fachada renacentista y una torre de piedra del siglo XIV, llamada el torreón del Tenorio.

En sus proximidades se entiende la idea de ciudad amurallada. Justo al lado, el hasta hace poco monasterio de Bernardas, hoy sólo parroquia. Su excepcional templo barroco posee cúpula y planta ovaladas, la más grande de España hasta la construcción de la Universidad Laboral de Gijón. Otro convento, hoy convertido en Museo Arqueológico, cierra este conjunto.

Dé la vuelta hacia la catedral, en cuyo trayecto podrá admirar el Oratorio de San Felipe Neri, única congregación masculina que perdura en Alcalá. Pueden visitarse iglesia y sacristía junto a las salas del museo, con importantes tallas y pinturas. Aquí vivió el P. José de Lecanda (1853-1939), defensor y divulgador del patrimonio cultural de la ciudad, amigo entrañable de Unamuno. Es aleccionador ver éste y otros muchos reconocimientos en placas y otros monumentos.

    

Esculturas al aire libre

Frente a la puerta de la catedral, una pequeña iglesia, del siglo XVII, bajo la advocación de Santa Lucía.

-hoy lugar de culto de la numerosa comunidad polaca-, la casa de los Linaza -la más antigua de las existentes, siglo XVI- y la Puerta de Madrid, el punto más apropiado para contemplar el recinto amurallado, que tuvo su origen en el siglo XIII -la muralla actual es de la época de Cisneros-.

Obra del Museo de Esculturas al Aire Libre. Foto A. García-guiarte. Copyright

Alrededor de las mismas se inauguró en 1933 un interesante Museo de Esculturas al Aire Libre: en su más de medio centenar de obras pueden contemplarse los más diversos materiales utilizados, técnicas, estilos y autores, entre ellos Pepe Noja, promotor de esta colección de arte al aire libre.

Cuando el viajero llegue frente al Parque O´Donnell, un verdadero pulmón que se abre hacia la ciudad nueva, la puerta de la muralla le devolverá a pasos anteriores. Bien para repasar algunos puntos de especial interés, bien para gozar rincones apenas saboreados, bien para perderse por la fascinación de ese intríngulis histórico y humano...

La ciudad está abierta a todas las decisiones. El viajero, como siempre, tiene la suya.

     

Datos prácticos

Puerta de Madrid. Foto A. García-guiarte.Copyright
ÉPOCA

Aunque cualquier época del año es buena para disfrutar de Alcalá, la mejor es, sin duda, primavera. No está mal el otoño. Los rigores del verano e invierno son notables, y el viajero ha de contar con ellos.

De cualquier forma, un fin de semana es, en principio, suficiente para un primer contacto. El gusto por lo visto dirá el resto. Quizá el alargamiento, por qué no el retorno. Esta idea es uno de los eternos dilemas de quien viaja y siente.

RECOMENDABLE

Dado que el eje de interés se hace mejor a pie, es conveniente utilizar calzado cómodo. La ropa, adecuada a la estación elegida. Ha de tener en cuenta que, aun no siendo generalizado, los lunes son días de descanso para muchos museos y monumentos. Y que los horarios varían según la época.

Hay un interesante programa de visitas guiadas, de las que le informarán en la Oficina Municipal de Turismo (Callejón de Santa María, s/n. Teléfono: 91 889 26 94), donde le facilitarán igualmente, si lo desean, planos y folletos de la ciudad, muy útiles.

CÓMO LLEGAR

A 30 kilómetros de Madrid y 25 de Guadalajara, por la N-II. El aeropuerto de Barajas está a 20 km por la misma carretera. Con el título de ciudad concedido por Carlos II en 1687, Alcalá de Henares pertenece a la Comunidad de Madrid, con cuya capital tiene buenas y rápidas comunicaciones: trenes cada 5/10 minutos y autobuses cada 15. Alcalá es cabeza de partido judicial y sede episcopal desde 1991.

Desde Alcalá puede acercarse a Loeches (15 km) y Nuevo Baztán (21 km), interesantes ambos y curiosos.

GASTRONOMÍA

Alcalá de Henares se distingue por una gastronomía variopinta y universal -puede comprobarlo siguiendo la Ruta de los Mesones-, aunque sea la castellana la que mejor la defina: la sopa castellana como primero -si le ofrecen berenjenas rellenas de rape y gambas, no lo piense; tampoco las migas- y el lechazo en cualquiera de sus variantes justifican una agradable sesión gastronómica. Ocurre lo mismo con el cocido en puchero de barro. El fuerte característico y propio, sin embargo, son los postres: las rosquillas de Alcalá y, sobre todo, la costrada (un pastel que asemeja un milhojas), no pueden ser nunca olvido de esta cita.

Antaño fue muy considerada la huerta alcalaína. Complutum es lugar entre ríos. La idea de tal fertilidad, unida al hecho de ser lugar de paso, hicieron de éste un espacio siempre apetecido.

BIBLIOGRAFÍA

Además de las guías específicas, de menor circulación, es verdad, cualquiera de Madrid puede resultar válida. De plena garantía es la editada por Anaya sobre Madrid y su entorno. Como queda dicho, tanto folletos como planos conseguidos en la Oficina de Turismo son de gran utilidad.