
León, agosto de 2008
En el mes de agosto, ha sido noticia un caso de éstos en el norte de España.
En las montañas cantábricas, en los lindes de León y Asturias se seguía la pista de un oso pardo que arrastraba la trampa que le cazó. Un lazo de acero envolvía la parte posterior de su cuerpo y le causaba una profunda herida; una herida mortal, tarde o temprano, porque –de no retirarle el cable- las infecciones acabarían enfermando gravemente al plantígrado.
Parece que el número de osos está creciendo en España, tras un declive gravísimo, pero este caso enciende la ira de quien ama a la naturaleza.
Se han endurecido las penas; ahora la colocación de una trampa-lazo ya se tipifica como delito; pero no es suficiente; hay que clamar, criticar, afear el comportamiento de esa gentuza, para que sienta tambien el peso del “rechazo social”.
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