Ruta de la Venta de la Perdiz

Un trayecto de unos dieciocho kilómetros entre los valles de los ríos Órbigo y Tuerto, León.

Itinerario entre Benavides y Villamejil

Desde la cordillera Cantábrica, bajan hacia el Duero, a través de la provincia de León, magníficos valles fluviales en cuyas ricas vegas se producen abundantes cosechas.

Bosque de chopos en otoño, Villamejil, a la orilla del Tuerto. Guiarte Copyright

En torno a los ríos existen buenos bosques de ribera, donde se puede ver una rica avifauna, y en las mesetas aluviales existentes entre ellos también pervive una excelente gavilla de especies animales.

El itinerario propuesto entre Benavides y Villamejil, abarca el trecho existente entre los valles del Órbigo y el Tuerto, y atraviesa la llanura aluvial que los separa, en la que podemos encontrar indudables atractivos.

Ésta es una ruta tradicional de enlace entre la comarca de La Ribera (del Órbigo) y La Cepeda, comarca ubicada en las faldas de los Montes de León, ya en los límites del Bierzo.

Es, además, un recorrido sencillo de unos dieciocho kilómetros, practicable para la mayoría de las personas, tanto a pie como en bicicleta.

Salimos de Benavides por la carretera que va hacia Antoñán. Junto al inicio de la misma podemos ver la calle porticada que recuerda la vida comercial de esta localidad leonesa que tiene una feria comercial desde la Edad Media.

Muy cerca del inicio de la carretera se halla la popular fuente de los ocho caños, junto al edificio del Ayuntamiento, y un puente de piedra, sobre una moldera en la que aún hay vestigios de los molinos que funcionaron antaño.

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Entre pueblos y campos de cultivo

Avanzamos por la carretera en dirección oeste y pasamos ante el orgulloso templo parroquial de Benavides, originario de la segunda mitad del siglo XVIII.

Grupo de vacas pastando, a la salida de Benavides. Entre ellas, multitud de cigüeñuelas. Guiarte Copyright

Benavides, a una orilla del ancho valle del Órbigo, tiene un urbanismo desordenado, pero es un pueblo con cierto auge; tradicionalmente es lugar de veraneo de bastante gente, especialmente de Asturias, y en torno al casco viejo crecen buenas edificaciones residenciales.

Si seguimos hacia adelante pronto llegaremos a Quintanilla del Valle, a donde se accede cómodamente por una buena acera que acompaña a la carretera. En el trayecto dejaremos atrás el riachuelo que viene del embalse de Antoñán, algunos bosquecillos y prados en los que es habitual ver animales pastando.

Este pueblo del municipio de Benavides tiene unos 200 habitantes. La edificación es humilde. Lo más destacado del lugar es su iglesia. El campanario tiene su cuerpo bajo de excelente piedra y la parte superior de ladrillo. En la edificación anidan media docena de parejas de cigЧeñas.

Hay más nidos de cigЧeñas en el entorno inmediato. La explicación radica en la abundancia de aguas, que surgen en diversos manantiales, nutren arroyos y riegan las numerosas praderías, tal como se contempla a la salida del pueblo.

En el entorno de Quintanilla siempre abundaron los prados, regados por las numerosas fuentes del lugar. Guiarte Copyright

Por caminos agrarios

Para avanzar más tranquilos y libres de automóviles, como medio kilómetro más delante de Quintanilla nos encontraremos con una rodera que sale hacia la derecha.

Excursionista cruzando el pequeño riachuelo, para avanzar por los pagos agrarios. Guiarte Copyright

Avanzamos por ella y cruzamos el riachuelo (hay unas piedras en medio del cauce) para seguir en direcciσn oeste, en paralelo al rνo, por el camino de concentraciσn.
Si no queremos cruzar sobre las piedras, avanzar medio kilσmetro, hasta Vega de Antoραn, y girar allν hacia la derecha, para pasar al otro lado del rνo.

Seguiremos por caminos de concentraciσn parcelaria, dejando a nuestra izquierda los nϊcleos de Vega de Antoραn y de Antoραn del Valle, muy prσximos el uno al otro.

Vega apenas tiene unos 60 habitantes y no presenta grandes atractivos. Antoραn es un lugar mayor, unos 250 habitantes. Tiene una buena iglesia con altiva torre, de aire neomudιjar. Siempre tuvo Antoραn una excelente arquitectura de tapial que estα, por desagracia, desapareciendo dνa a dνa.

Vieja noria en desuso, a la vera del camino. Imagen Guiarte Copyright

Seguimos por los caminos rectilνneos en direcciσn al oeste y contemplamos prados, bosques y campos de cultivo. Alguna vez podemos ver cerca de nuestro paso elementos tradicionales, como las norias, antaρo el sistema habitual para el riego, abandonado tras la construcciσn del pequeρo pantano existente poco mαs al oeste.

En el camino, podemos contemplar los laboreos agrνcolas tradicionales. Son estampas campesinas clαsicas. A veces podemos sorprender a las cigόeρas escudriρando en la tierra reciιn arada o deleitarnos con la avifauna, las lavanderas alondras o cogujadas. Tambiιn podemos encontrar perros sueltos junto a un galpσn agrario de Antoραn. Ladran, pero son inofensivos (al menos yo no he tenido problemas con ellos).

Si se contempla con detenimiento toda la ladera del monte que queda al norte del valle, desde Benavides, podemos descubrir las tνpicas huellas de intervenciσn humana que denotan usos mineros. En este caso han quedado sumamente desfiguradas por el laboreo agrario, pero hay diversos indicios de que ιsta era una zona complementaria de las explotaciones mineras romanas de La Cepeda.

El embalse de Antoñán

Pasados tres kilómetros desde la altura de Antoñán, entramos en el ámbito natural más ameno y atractivo. Un embalse recoge las aguas del monte comunal de Cogorderos y Villamejil y las retiene para el regadío de este pequeño valle.

El Embalse de Antoñán, extraordinario enclave de vida salvaje. Al fondo se divisan los Montes de León. Guiarte Copyright

En torno al mismo embalse hay una densa vegetación, en la que abundan los salgueros, chopos, pinos y sobre todo robles. En el lago proliferan las anátidas. No es difícil espiar a las garzas o a los sigilosos somormujos. Por favor, respetar la fauna. Es un patrimonio de todos.

Multitud de avecillas tanto de ribera como de monte hacen de este enclave solitario un lugar sumamente agradable.

Recomiendo continuar hacia el oeste por el camino antiguo, que queda junto a la orilla sur del embalse, y asciende por el vallecillo en dirección a Cogorderos. El caminillo queda oculto con la vegetación que lo rodea a un lado y otro. Deteneros y quedar un rato escuchando a las aves... es algo inolvidable, sobre todo en primavera.

Luego el camino asciende siempre en dirección oeste por el vallecillo. En la pradería, ahora ya inexplotada, se ven las pisadas u otros indicios que denotan la presencia de jabalís y corzos.

Este camino, abandonado desde hace tiempo, nos permite seguir en solitario gozando del concierto de las aves... y viendo las águilas que nos sobrevuelan.

La Venta

Aproximadamente un kilómetro y medio más adelante se une el viejo camino rural con el asfaltado. La carretera hace un recodo justo en el punto de encuentro.

En ese recodo se pueden apreciar aún algunos restos de la Venta de la Perdiz.

Esta venta estaba en el Camino Asturiano que unía la vieja Asturica Augusta con el norte peninsular. Fue una primitiva vía romana que llegaba hasta Flavionavia, en el entorno de Avilés. La venta estuvo funcionando hasta el siglo pasado y el último ventero, de memoria magnífica, aún reside en Cogorderos. Los muros de barro del recinto no han resistido el abandono.

Seguimos ya por la carretera en dirección hacia el oeste. Al fondo vemos los montes de León. A la izquierda queda el Teleno; al frente el paso del Puerto de Manzanal, más hacia la derecha la mole de El Suspirón, y hacia el norte se perciben las estribaciones de la Cordillera Cantábrica.

Avanzamos un trecho de menos de un kilómetro y se abre ante nosotros el valle del Tuerto, tan bello y verdeante como estrecho. El pueblo que aparece ante nuestra imagen es Cogorderos, con su excelente iglesia en medio del lugar.

“El Ventero”, último habitante de La venta de la Perdiz, dejó el lugar y pasó a vivir en Cogorderos, un excelente narrador de las viejas historias camineras. Guiarte Copyright

Campos con historia

Estos campos son famosos por una batalla de tiempos de la Guerra de la Independencia.

En el entorno de Cogorderos tuvo lugar una notable batalla, en la Guerra de la Independencia. Guiarte Copyright

En 1811 un destacamento de tropas españolas, bajo el mando del general Taboada vigilaba la zona acampado en la Veiga, entre Cogorderos y Villamejil. El día 23 de junio subía por el Camino Asturiano el general francés Villetaux, con 3000 soldados, quienes atacaron desde los altos de Cogorderos a las tropas españolas.

La caballería española debió generar una tenaza desde los altos de Quintana y Villamejil, mientras avanzaba desde el entorno de Manzanal otra tropa española al mando del general Federico Castañón. La aparición de ésta por la zona de los Tesos de Vega atemorizó a los franceses y envalentonó al resto de los españoles que provocaron una carnicería en la que pereció el general francés, once de sus oficiales y un sinnúmero de soldados.

Por Valdicadierno

Antes de entrar en Cogorderos, tomaremos la senda que sale a la derecha y pasa junto al cementerio, para dirigirnos en dirección norte por medio de un vallecillo: Valdicadierno.

Es éste un bosque de robles que nos permitirá disfrutar de otro interesante hábitat. No hacer ruido, escuchar los murmullos del bosque. No están lejos los jabalís, ni los corzos, ni tal vez el lobo. Tampoco anda lejos el cuco o el pico carpintero, a quienes podemos escuchar a menudo.

Avanzaremos por el fondo del valle, sobre un caminillo tapizado por la hierba, en medio de un bosque denso de robles, en cuyas ramas crecen los líquenes verdosos.

El camino finaliza como dos kilómetros más adelante. El bosquecillo es solitario. Mejor recorrerlo en compañía porque la soledad "asusta" un poco.

Pasados esos dos kilómetros, otro camino cruza verticalmente el nuestro. Tomar el ramal de la izquierda y seguirlo, primero entre robles y luego entre pinares para llegar al valle del río Tuerto, en Villamejil.

Excelentes ejemplares de roble, en Valdicadierno. Guiarte Copyright
Los líquenes crecen sobre las viejas ramas del robledal. Guiarte Copyright

Y el frescor del valle

Desde el alto, la vista es magnífica, con una excelente perspectiva sobre buena parte de La Cepeda.

Crucero de aire céltico, en Villamejil. Imagen Guiarte Copyright

Villamejil, que aparece ante nosotros, en medio del valle, es un pueblo de origen romano, su nombre deriva de Villa Megisti (Villa de Megisto). En los documentos de la Edad Media aparece con diversos nombres como Villamexir, Villamexitus y Mexito.

En el pueblo, podemos ver algunas muestras de buena edificación, tanto moderna como tradicional, junto a otros elementos atractivos, tales como el crucero céltico, la torre neomudéjar de la iglesia, los murales pintados por muchachos de la localidad...

Y tras una caminata de una veintena de kilómetros, lo mejor: sombra y agua. El entorno de la zona del Camping es privilegiado. Allí, junto a la cascada de La Patera, el bosque de ribera se nos presenta en todo su esplendor: aguas, aves, frescor, belleza...

Un extraordinario punto y final para un recorrido variado, lleno de encanto natural.

El rio Tuerto, entre bosques, en La Patera. guiarte Copyright