Etapas de Nacional VI: Madrid-Coruña

Etapas en las que se sugiere realizar la ruta Nacional VI: Madrid-Coruña

Madrid-Villacastín

Madrid está ubicada en el centro de la Península Ibérica, y por ello fue transformada en capital del reino durante el período de los Austrias. Desde aquí se inicia el camino hacia el Noroeste.

Un monumento desconocido: en Las Rozas, una inmensa presa de embalse cruza el valle del Guadarrama. Fué un proyecto ilustrado, utópico, para hacer navegable el centro de España, proyecto que jamás se

Madrid está ubicada en el centro de la Península Ibérica, y por ello fue transformada en capital del reino durante el período de los Austrias.

Su desarrollo ha estado íntimamente vinculado a su capitalidad política. Actualmente tiene algo más de tres millones de habitantes y numerosos atractivos que la convierten en una ciudad interesante para el turismo.

Entre sus ofertas al visitante destacan sin lugar a dudas los museos de pintura, catalogados entre los más ricos del mundo.

El patrimonio artístico de Madrid es notable. En el plano constructivo hay escasos vestigios árabes, pero una buena cantidad de edificios de la época de los Austrias y los Borbones.

En concreto merece la pena visitar la zona de ubicación primitiva de la ciudad, donde se halla el Palacio Real, la hermosa Plaza Mayor y algunos conventos de alto interés, sobre todo por su contenido.

Otro entorno de alta calidad se halla por el paseo del Prado, donde a la belleza de las edificaciones se une el patrimonio pictórico de los grandes museos, algo que hace imprescindible la visita a Madrid para los amantes del arte.

El viajero que hace la ruta, deja Madrid por la zona de Moncloa, cruza por el entorno de la Universidad Complutense, pasa ante el palacio de la Moncloa, sede de la presidencia del Gobierno, y cruza el río Manzanares en una zona de amplio arbolado. Poco más al norte está el Pardo.

Desde el Manzanares en adelante, la carretera va subiendo; a la izquierda quedan pueblos como Pozuelo, Majadahonda y Las Rozas , en tanto que a la derecha se puede ver a veces la amplia alfombra verde del Monte del Pardo, un paraíso natural que por fortuna se ha conservado bastante bien. Antaño fue cazadero real, y del general Franco.

De los pueblos citados poco hay que destacar. Son lugares de buen nivel de vida y caras urbanizaciones, que han crecido en la segunda década del siglo XX hasta alcanzar unos tamaños excesivos, lo que se demuestra a menudo con los atascos kilométricos de la carretera.

Al oeste de estos pueblos corre el río Guadarrama, con cierto valor ecológico. En el río, en término de Las Rozas, se puede contemplar un curioso vestigio hidráulico de notable vigor. Se trata de una gran represa de piedra, magnífica obra, que se realizó en el siglo XVIII, dentro de un proyecto hidráulico utópico encaminado a unir esta cuenca con la del Guadalquivir y navegabilizar parte de la España Interior.

Las obras aún sorprenden al viajero. Constan de la represa y algunos canales. Nunca llegaron a tener utilidad porque cuando estaban trabajando en ellas unas tormentas catastróficas arruinaron el proyecto.

Pasado el municipio de Las Rozas se encuentra Torrelodones y Villalba, con más belleza en el entorno, en su monte de encinas y sus rocas graníticas que en los cascos urbanos. Son lugares que siguen creciendo.

De Villalba la autopista sigue hacia delante para pasar bajo el túnel del Guadarrama, por un hermoso valle, en el que resulta agradable el verdor permanente. El trayecto va cerca de El Escorial . El Escorial es un lugar sumamente recomendable, no sólo por el magnífico monasterio de San Lorenzo, sino por el paisaje y la gastronomía.

Muy cerca está también el valle de los Caídos. Se ve desde la carretera la cruz, de 125 metros de altura. También es interesante la basílica. Inmensa. Todo tiene una estética propia del franquismo, muy a la usanza grandiosa cesarista y fascista.

Imagen de Villacastín. Fotografía de guiarte.com. Copyright
Esta obra monumental fue realizada durante dos décadas con abundante mano de obra de prisioneros de la Guerra Civil.

Si el viajero sigue la vieja carretera pasará por el hermoso valle hasta Guadarrama, bello pueblo, de construcciones graníticas. El entorno es placentero y tiene aires de lugar vacacional.

Desde allí la carretera sube en fuerte pendiente hasta el Alto de los Leones. Es una bella zona de pinadas, que permite ver el corazón de la sierra madrileña, llena de olor de a pino y jara en la primavera.

Pasado el puerto, se baja hacia San Rafael y El Espinar en zonas de pastizales y media montaña, ya en la Comunidad de Castilla y León. La vegetación va cambiando poco a poco, hasta llegar a Villacastín, donde se inician las llanuras cerealísticas.

Villacastín tuvo vida animada en el pasado. Su gran iglesia granítica atestigua el poderío. El último parón económico lo tuvo cuando se construyó la autopista. Pues éste era lugar de parada y fonda, con cierta vidilla veraniega. El alejamiento del tráfico le reportó tranquilidad y calidad de vida.

Es importante nudo viario, donde se cruzan la carretera Madrid-Coruña y la que va de Ávila a Segovia. La población, que tiene el título de villa desde el siglo XVII, ha dado notables hombres de armas y religiosos y un notable arquitecto del siglo XVI, fray Antonio de Villacastín. La poderosa iglesia, según se dice, fue diseñada por Rodrigo Gil de Hontañón e iniciada en el siglo XVI.

La comarca es buena en el ámbito de la gastronomía, y tradicionalmente se estima el ganado vacuno de la misma. Es terreno donde enlaza la montaña y la paramera, por eso también es territorio de ganadería lanar.

Villacastín-Tordesillas

Desde Villacastín, la ruta continua por el pequeño pueblo de Labajos, en parameras cada vez más llanas, en dirección al Duero.


Un lugar, unido a la memoria de un dirigente del origen del falangismo, Onésimo Redondo, para llegar al río Voltoya, en un paraje de pinares y encinas. Es el kilómetro 100 de la ruta, y al amparo de esa cifra mágica surgieron allí algunas modestas urbanizaciones.
Muy cerca de Villacastín está Segovia, otro Patrimonio Mundial de la UNESCO, que bien merece una visita, por su arte y gastronomía. fotografía de guiarte.com

Sanchidrian y Adanero son los siguientes lugares. Es ya geografía de meseta y arquitectura humilde de barro. Las iglesias se muestran, macizas y dominadoras, sobre el perfil bajo de los tejados. Sigue la ruta por "rbita y Espinosa, en campos de trigo y pinos, para llegar a Arévalo , una de las pequeñas y bellas ciudades de la ruta.

La Nacional VI ahora pasa al este del lugar, pero los campanarios de aire mudéjar y la silueta del castillo se presentan ante el viajero como una invitación a la parada.

El núcleo viejo de Arévalo se articula sobre la base de tres excelentes plazas: la de la Villa, con bellos pórticos; la del Arrabal, con sendas iglesias, y la Real, con un convento, antiguo palacio. En todas ellas, destacan las casas porticadas y de estructura tradicional.

A lo largo de la urbe hay que admirar templos como la Iglesia de San Martín de magníficas torres mudéjares y ábside triple. Es notable en general el mudéjar de Arévalo, visible también en otros templos.

No puede dejar de citarse, muy cerca de la ciudad, La Lugareja, otra iglesia mudéjar, extraordinaria, de triple ábside y notable trabajo. Es lo que queda de un viejo monasterio cisterciense. Monumento Nacional.

El Castillo, muy remozado, también tiene una amplia historia.

Pero Arévalo es buen lugar para la gastronomía. Famosas son sus carnes, de cordero y de cochinillo.

La ruta sigue, recta y llana, por Ataquines, cuya iglesia de San Juan se alza dominadora sobre el poblado. Algo más adelante está Medina del Campo, una población de aire desmadejado, pero llena de elementos de valor.

Medina del Campo es un lugar cargado de historia. De pasado romano y árabe, la ciudad tomó vigor en el tramo final de la Edad Media, cuando su Feria se posicionó a la cabeza de las actividades económicas de la Península Ibérica.

Urbe amada por Isabel la Católica, declinó a medida que el peso de la actividad económica de España se trasladaba hacia el sur y el Atlántico (auge de Sevilla y el tráfico con América) y por la decadencia económica del reino.

La poderosa iglesia de Rueda, cerca de Tordesillas. Fotografía de guiarte. Copyright

Desde la carretera pronto se ve, en un cerro cercano al escaso río Zapardiel, el Castillo de la Mota, una construcción básicamente del Siglo XV. El castillo de la Mota, de ladrillo rojizo y apariencia mudéjar es un edificio medieval, con importantes reformas en tiempos de Juan II y los Reyes Católicos. Con doble hilada de muralla y una airosa torre del Homenaje, fue sólida prisión de estado donde penó, entre otros, el caudillo Cesar Borgia.

El punto central de la ciudad es la Plaza Mayor, rectangular y amplia, donde se celebran las ferias que dieron fama europea a Medina desde el siglo XIV. Los viejos nombres de las aceras (Armería, Joyería, Especiería, Mercería, etc.) recuerdan la actividad comercial. En uno de sus ángulos se encuentra el Palacio Real, donde murió Isabel la Católica. A su lado están el ayuntamiento, y la iglesia de San Antolín, obra de los Gil de Hontañón, del XVI.

Hay más cosas en Medina, y hay –como en todo el trayecto- buena comida. La grandeza histórica del país se denota también en Rueda, poco más adelante, con su poderosa iglesia. Es ésta un terreno bueno de viticultura. Es recomendable parar en Rueda y cargar una botellas de blanco.

Luego, el camino recto hacia otra ciudad de notabilísima historia: Tordesillas .

Tordesillas tiene unos 8.000 habitantes y se encuentra en el estratégico paso del Duero. Es ciudad íntimamente ligado a la historia, especialmente en tiempos de los Reyes católicos; corte de reyes, en algún momento previo, y ciudad-prisión para la Reina Juana, doña Juana la Loca. Aquí se firmó el Tratado de Tordesillas, por el que –con la intervención del Papa Alejandro VI- España y Portugal se repartieron el dominio del Nuevo Mundo.

Desde el airoso puente de piedra blanquecina se tiene una apacible visión del Duero, y de algunos de los monumentos de la ciudad. Allí se ve el Monasterio de Santa Clara, antiguo palacio construido en tiempos de Alfonso XI, en el siglo XIV, con intervención de maestros llegados de Sevilla y Toledo.

Este bello palacio-alcázar fue transformado en convento en tiempos de Pedro el Cruel. Es especialmente famoso –aparte de por su calidad- por el hecho de haber sido lugar de residencia de la Reina Juana. Es lo más destacado del lugar.

La iglesia que más resalta, por su campanario de piedra blanca, es la de la de Santa María. Es del XVI al XVIII. Muy cerca está la plaza Mayor, centro de la vida ciudadana.

Tordesillas-Astorga

Saliendo de Tordesillas hacia el noroeste, siguiendo la Nacional VI, se sigue por zona cerealista hasta llegar al magnifico valle del Esla, para seguir luego hasta Astorga.

Lo que queda del magnífico alcázar de Benavente es este gran torreón, actualmente parador de turismo. Fotografía de guiarte.com. Copyright

Saliendo de Tordesillas hacia el noroeste, siguiendo la nacional VI, se pasa pronto al lado de Villalar de los Comuneros, donde se consumó la derrota comunera ante el ejercito realista.

La carretera sigue por Vega de Valdetronco, con la inconfundible imagen de su ermita semiderruida al lado de la carretera, para llegar rápidamente a Mota del Marqués.

La imagen de Mota permite imaginar su pasado esplendor, que tuvo su cenit en torno al siglo XVI. La silueta del lugar es inconfundible, con su cerro coronado por el castillo, del que pervive, semiderruida, la poderosa torre del homenaje.

Entre los personajes que alguna vez deambularon por el lugar figura Don Juan de Austria, que de pequeño estuvo al cuidado de Doña Magdalena Ulloa, Toledo, Osorio y Quiñones, hermana del primer Marques de la Mota. A esta familia pertenecía el palacio de los Ulloa, del siglo XVI, construcción dirigida por Gil de Hontañón.

También es de Rodrigo Gil de Hontañón la iglesia de San Martín, magnífica construcción que preside el tejido urbano del lugar, con su excelente portada plateresca y su sólida torre, de época posterior.

La carretera prosigue en campos de austeridad que, aparentemente no revelan arte ni historia. Pero ésta se halla cerca. Tiedra es una ciudad romana, donde aún pervive el castillo del siglo XIII; San Cebrián de Mazote tiene una iglesia de origen mozárabe; muy cerca está el viejo monasterio de la Santa Espina, y algo más adelante, a un tiro de piedra de la carretera está la interesante Urueña. Todo esto en apenas un trecho de diez kilómetros.

La carretera pasa al lado de Villardefrades y sigue, solitaria, hasta Villalpando. Con precedentes celtíberos y romanos, ciudad amurallada en el medievo, venida a menos, y que aún conserva restos de los muros y puertas del siglo XII y de su grandioso templo románico de Santa maría, venido abajo en 1933, del que quedan los ábsides.

Pese a la sequedad del paisaje, cerca hay una sorpresa. Al oeste de Villapando se halla el humedal de Villafáfila. Es un magnífico espacio natural donde se juntan millares de aves en la invernada. Se trata de una lagunas salobres en medio de un paisaje estepario, Tierra de Campos. Este espacio está protegido como reserva Nacional de Caza y la UE lo considera como Zona de Especial Protección para las Aves. Tiene la mayor población mundial de avutardas, así como una buena cantidad adicional de patos.

Cerecinos de Campos y San Esteban del Molar son sendos lugares de arquitectura de barro, en los que aún se pueden ver restos de los bellos palomares que antaño proliferaron por la zona. La carretera sigue recta para cruzar el Esla, el antiguo río Astura, al lado del viejo Castrogonzalo, donde aún perviven algunos buenos ejemplares palaciegos. Al fondo aparece Benavente,

La ciudad de los antiguos Condes de Benavente se ubica en el encuentro de los fértiles corredores fluviales del ”rbigo, Tera y Esla.

Apenas conserva parte de su trama medieval, con escasos ejemplos de arquitectura popular a lo largo de la Rúa, la vieja calle Mayor, y otros puntos de la población, pero su recinto urbano se ha expandido en todas las direcciones.

el bellísimo conjunto monumental de Astorga. fotografía de guiarte.com

La historia de la ciudad arranca de la época romana. En sus cercanías estaba la antigua Brigeco. Lo más destacado de la ciudad es la torre del gran castillo medieval. Pero en medio de la urbe quedan otras dos iglesias con interés, Santa María y San Juan, y un viejo hospital de noble portada.

Actualmente pasa por un período de desarrollo, beneficiada por su excelente ubicación viaria.

Aquí, la Nacional VI va paralela a la vieja Vía de la Plata, ruta bimilenaria que une Astorga y Mérida.

La Vía de la plata corría al oeste del ”rbigo, por pueblos interesantes como Alija del Infantado y Quintana del Marco. En Alija pervive un ruinoso castillo, de los siglos XIII y XV, incendiado por los ingleses en 1808, en su retirada al noroeste. Felizmente, está siendo restaurado. También tiene dos buena iglesias.

Quintana del Marco tiene un notable pasado romano, que aún se muestra en importantes museos de León y Madrid. Como elemento romano visible existe un busto de Marco Aurelio, ubicado en la flecha de la iglesia parroquial, y conocido por el vecindario como San Pedro. De época medieval es el palacio-castillo, vinculado a los Quiñones, en el que destaca la alta torre de homenaje, coronada por garitas y nidos de cigíeña. Muy cerca está Villanueva de Jamuz con otro buen castillo de los Quiñones.

Pero la ruta Nacional no va por estos pueblos. En la guerra de la Independencia se destruyó el puente de La Vizana, y quedaron aislados del tráfico hasta el siglo XX, en tanto que la carretera siguió, paralela, al este del río ”rbigo hasta el paso de Cebrones.

Luego se pasa al pie de San Martín de Torres, que ya no muestra el poderío que tuvo en tiempos romanos( es la Bedunia romana) para llegar a La Bañeza.

La Bañeza, ubicada cerca del viejo Ornia, actual Duerna, y del Tuerto, es centro económico de unas ricas vegas leonesas, y por eso mantiene una progresión ascendente. En la actualidad alcanza los 10.000 habitantes. La ciudad contó ya en el siglo X con un monasterio, donado al obispo San Genadio, el monasterio de San Salvador. La iglesia del Salvador es lo que queda de aquella fundación. Tiene restos románicos y renacentistas

Sólo en el siglo XVI empezó La Bañeza a tener cierta importancia. De 1532 es el inicio de la iglesia de Santa María, con planta de cruz latina y tres naves. En el interior se halla un excelente retablo barroco y una Piedad, de Gregorio Fernández.

Pasado La Bañeza, al este, está Santa Colomba, con una iglesia del siglo XIV, de una nave y capilla, con arco triunfal apuntado, declarada Monumento Nacional en 1943, cubierta con un artesonado mudéjar. Al otro lado de la carretera está Palacios de la Valduerana. Los Bazán, familia oriunda de Navarra, fueron señores de la comarca leonesa de La Valduerna. Palacios fue una notable villa hasta los siglos XVI, luego decayó ante la pujanza comercial de La Bañeza. El excelente castillo de los Bazán, con torreón de planta elíptica, está bastante destruido.

Muy cerca de allí está el Santuario de Castrotierra. En Castrotierra se encontrará ante el castro de la Edad de Piedra, que corona una ermita solitaria, rodeada de una noble pared de piedra. Es uno de los puntos mágicos de León, entroncado con las civilizaciones precristianas y cultos a dioses y elementos vinculados a la naturaleza. Es el castro de la diosa Tierra, la divinidad de los sembrado y la lluvia. La ermita del castro se ve al oeste de la ruta, al pasar por Toral o Toralino, pueblos de robustas iglesia con campanarios de tipo menhir.

Pasado Riego, a la izquierda, sobre el arroyo Valimbre pervive un bello puente romano. Luego viene Celada, y finalmente Astorga, la Vieja Asturica Augusta, fin de la Vía de la Plata.

Astorga ha sido una ciudad con notable protagonismo histórico desde hace 2000 años, consecuentemente en numerosas zonas de la urbe se pueden hallar restos del pasado.

Cabe destacar el conjunto integrado por las murallas de origen romano, la catedral gótica y el palacio episcopal, obra del genial arquitecto catalán Antonio Gaudí. Los diversos museos de la ciudad (Romano, Catedralicio y de los Caminos) presentan muestras de arte de todas las épocas.

Astorga también posee un monumento culinario célebre, o mejor dos: el cocido maragato y las mantecadas. El cocido se elabora a base de productos de la tierra, y su novedad mayor radica en el orden de la ingesta: primero la carne, luego la garbanzada, posteriormente la verdura y, si fuera necesario, por fin la sopa.

Se cuenta que este orden surgió en los días de la Guerra de la Independencia, cuando los soldados, apresurados por la inminencia del enfrentamiento, optaron por comer primero lo más alimenticio. La moda bélica aquella arraigó. Hay muy buena gastronomía y buenos hoteles. Merece la pena un descanso en la ciudad.

Astorga-Villafranca

Desde Astorga el camino empieza a subir. Es una senda secundaria del Camino de Santiago, porque la principal iba algo más al sur, por el puerto de Foncebadón, en dirección al Bierzo, y Villafranca.

En pleno Bierzo hay que hacer tiempo para ver las Médulas, minas de oro romanas, Patrimonio Mundial de la UNESCO. Fotografía de guiarte.com

Desde Astorga el camino empieza a subir. Es una senda secundaria del Camino de Santiago, porque la principal iba algo más al sur, por el puerto de Foncebadón.

El camino va subiendo hasta Manzanal del Puerto, entre pastizales, pinares y campos de urces. Manzanal es un lugar de La Cepeda, bella comarca que está a caballo de las vertientes del Duero y el Miño. Es un paso natural y como tal ha sido lugar duro. En la guerra de la Independencia quedó absolutamente arrasado. A la vera de la autopista queda el lugar, con sus casitas de piedra, su bella ermita y la ermita subterránea de santo Tirso, un santo milagrero.

Baja la autopista dejando al lado a La Silvay Montealegre, los últimos pueblos cepedanos. En Montealegre hubo un monasterio románico que se dejó caer en el siglo XX. Una salvajada más de la modernidad. En el pequeño pueblo perviven los miliarios de la Vía Nova romana, reutilizado uno de ellos como fuente-abrevadero.

El Bierzo comienza a partir de aquí: se suceden pueblos que han tenido vida económica activa, como Torre y Bembibre. El desnivel para bajar de la Cepeda al Bierzo es notable. Por eso esta es una zona donde el ferrocarril que iba de Madrid a La Coruña tardó varias décadas en realizarse. En esta zona aún se habla del accidente ferroviario de Torre, el más grave de la historia del ferrocarril español, ocurrido durante el franquismo y pasmosamente silenciado.

Esta es zona que tuvo animación económica durante la autarquía, básicamente por la minería. Pero la minería vino abajo y los lugares han detenido su progreso.

Bembibre ha perdurado con mayor pujanza. Entre sus atractivos está el museo del Alto Bierzo y el templo del Cristo, al que se le tiene una gran devoción en este territorio.

Más adelante está San Miguel de la Dueñas. Destaca en medio del lugar el monasterio de Nuestra Señora de la Asunción, de monjas cistercienses, cuyo origen se remonta al siglo X, aunque remozado en los siglos XVII y XVIII. No es visitable salvo la iglesia. Tiene algunos elementos románicos, entre ellos una virgen de piedra de aire marcadamente primitivista.

Poco más adelante está Ponferrada, una ciudad industriosa, capital económica del Bierzo, una comarca leonesa cuyos ríos vierten al Sil, de clima relativamente dulce y excelentes producciones agrícolas, con algo más de 50.000 habitantes.

El mayor interés de la ciudad radica en su cualidad de centro geográfico de un territorio de notable vigor artístico, paisajístico y gastronómico. En la segunda mitad del XII, desarrolló la fortaleza, originariamente un castro prerromano, ubicada en una de las colinas e hizo de Ponferrada plaza fuerte, donde recaló el un creciente flujo del peregrinaje.

Disuelto el Temple en 1312, el castillo pasa por diversos dueños: la propia corona y destacadas familias señoriales, que engrandecen el conjunto, para luego caer en el abandono.

En la Plaza de la Encina se sitúa la basílica de la Encina, donde está la imagen de la popular patrona de la comarca. La Virgen de la Encina. Es una imagen venerada por fieles del Bierzo e incluso de las comarcas vecinas. El templo es del siglo XVI, sólido, y con una buena torre, de época ligeramente posterior. La imaginería es básicamente del XVII.

En las afueras de Ponferrada está Santo Tomás de las Ollas, con una iglesia de portada románica, del XII, en la que destaca su interior, con una cabecera del entorno del X, caracterizada por su sabor mozárabe, presente en los nueve arcos de herradura. Es interesante analizar las huellas mozárabes en otros puntos como Peñalba y el Valle del Oza (Valdueza).

El valle de la Valdueza, la Tebaida Leonesa, es centro de los eremitas del noroeste desde el periodo visigótico. Allí, el monumento más importante es la iglesia mozárabe de Santiago de Peñalba. La otra alternativa está en la visita a las minas de oro romanas de Las Médulas, que han merecido la consideración de Patrimonio de la Humanidad.

Pasado Ponferrada, y a corta distancia de Cacabelos se halla el monasterio cisterciense de Santa María de Carracedo, fundado al filo del milenio, y reconstruido en tiempos de Alfonso VII. Durante los últimos años se han realizado interesantes labores para rescatar parte del conjunto ruinoso.

Pero es Villafranca del Bierzo, en la confluencia de los ríos Burbia y Valcarce, el punto de esta etapa donde late más intensamente el ambiente de la peregrinación jacobea.

El conjunto urbano resulta armónico y hermoso, con calles cuidadas y casonas palaciegas. La pequeña ciudad, capital de la provincia del Bierzo, en la división administrativa de 1.822, posee una riqueza artística notable.

Además, Villafranca es puerta de acceso a los Ancares, tierra de naturaleza virgen, donde perduran las pallozas, viviendas circulares de piedra, techadas de paja, de indudable origen céltico, aferradas a un paisaje de montañas, prados y bosques misteriosos, en los que cantan los urogallos y subsisten osos solitarios.

Muy cerca de Villafranca está Corullón con sendas iglesias románicas y un castillo.

 

Villafranca del Bierzo-Lugo

La Nacional VI sigue paralela y cerca del Camino de Santiago hasta el entorno de Piedrafita. El paso hacia Galicia está cargado de magia y belleza, luego sigue más al norte, en dirección a Lugo.

Villafranca tiene notable monumentalidad. Imagen de guiarte.com

Es zona preñada de historia, misterio y leyenda. El paisaje es aquí algo más dulce, pero también verdeante, montuoso y húmedo.

A la vera del torrentoso Valcarce, el viajero cruza poblaciones como Pereje, Trabadelo, Ambasmestas o Vega de Valcarce. Son lugares de tradición hospitalaria, pequeños pueblos, en los que se puede apreciar la hermosura de las construcciones rurales bercianas, de piedra azulada y techumbres pizarrosas, sumidas en un entorno verdeante, donde reinan los mirlos y lavanderas. En las montañas perduran restos de viejos castillos.

En el tramo final de acceso a Galicia, la carretera va por el este del valle, hasta Piedrafita, manteniendo a la vista el viejo camino de peregrinación. Éste, abandona la hondonada del Valcarce y avanza, por el oeste, hacia La Faba, pequeña localidad asentada sobre un otero, quizá otro viejo castro prerromano, a cuyas faldas se extienden las praderas y bosques de robles, arces, abedules, castaños y cerezos. Luego pasa por La Laguna, último pueblo leonés, y llega a El Cebrero, O Cebreiro, enclave cargado de arcaísmo y hermosura, desde el que la mirada puede avanzar hacia las profundidades de Galicia o en dirección a los imponentes valles bercianos.

El Cebrero es una aldea con aire prehistórico, construida en la cima que separa León de Galicia, allá donde los vientos soplan con furia; mundo de pallozas, nieves y lobos, donde los peregrinos, agotados por el duro viaje, recibían el auxilio de los benedictinos.

En el templo de El Cebrero se muestra el cáliz y una patena de origen románico donde, cuenta la tradición, la hostia y el vino se transformaron en carne y sangre, ante el pasmo del monje descreído que oficiaba la misa al lado de un solitario campesino, un día de tempestad.

Pero la carretera, al llegar a Piedrafita del Cebrero, ya no sigue el camino de Santiago; ni siquiera hace paso por El Cebrero; sino que prosigue en una dirección más norteña. En un paisaje hermoso lleno de verdor. Ésta es zona montañosa. Al norte de Piedrafita se halla la Sierra de Ancares, cuyas cimas dividen las provincias de León y Lugo.

Esta es buena tierra de quesos. El queso Cebreiro es blanco, granuloso, algo ácido y mantecoso, con una forma de gorro de cocinero. Se come fresco y curado. Se come a veces con dulce de membrillo.

Pasado Piedrafita se desciende hacia As Nogais, en las estribaciones de los Ancares. Lucenses. La Torre de Doncos, visible desde la misma carretera Madrid - A Coruña, es un indicio de que esta es zona de sabor histórico.

Poco más adelante está Becerreá, un magnífico lugar para partir hacia los Ancares de Lugo, siguiendo valles casi paradisíacos, cubiertos de bosques y praderías: Robles, castaños, tejos, fresnos, abedules, avellanos, sauces, alisos... esconden una magnífica avifauna entre la que pervive el urogallo. Lobos y ciervos son relativamente abundantes. Las aldeas campesinas tienen arcaísmo y belleza.

Becerrea está en medio de una magnífica geografía. Es el territorio de los zoelas prerromanos. Esconde en sus aldeas bellos parajes. En Penamaior, conserva una iglesia con toda su fábrica románica, restos de un antiguo monasterio del Cister. En Liber se halla el puente medieval de Pontes de Gatín, “construido por el diablo” según la leyenda.

Imagen de las murallas de Lugo, Patrimonio Mundial de la UNESCO. Fotografía de Turgalicia.
Baralla está un poco más allá, en un territorio bello, donde se conservan algunos puentes antiguos de bella factura. Luego se avanza hacia O Corgo, ya en la comarca lucense, en un territorio de penillanura.

Lugo está a 511 kilómetros de Madrid, y conserva un casco viejo de valor, enmarcado por unas murallas de 2,6 kilómetros de largo que son Patrimonio Mundial de la UNESCO.

En su origen, esta ciudad es de fundación romana, en el año 14 a.C. Su recinto murado también es romano, del siglo III. Se trata, sin duda, de la urbe más antigua de la comunidad gallega.

La ciudad tiene una excelente construcción de granito, y monumentos de diversas épocas. De época romana quedan, además de las murallas, unos baños termales y un puente, reconstruido en el medievo. También es romano el ninfeo de Santa Eulalia, muy cerca de la ciudad.

De época románica es la catedral, aunque con añadidos góticos y posteriores. En ella se muestra de forma permanente la custodia, presente también en el escudo de Galicia, y se venera la Virgen dos Ollos Grandes, popular entre los lucenses.

Es buena la plaza Mayor, con un bello ayuntamiento, construcción barroca. Otro excelente edificio barroco es el palacio Episcopal. Merece la pena ver el museo provincial, con buen material romano y prerromano.

Es bueno Lugo para el paseo, por encima de la vieja muralla romana. Y es bueno también para gozar de la gastronomía. Los pescados son excelentes; se hace excelente lacón con grelos y buen caldo gallego. Se trabajan bien la carne de ternera y la de cerdo.

Lugo-Coruña

El camino hacia la Coruña va perdiendo el tono abrupto de la etapa anterior. Pero el viajero se anima intuyendo el mar. Pasa la ruta por Outeiro de Rei, con buena construcción solariega y religiosa, y por Rábade.

Iglesia de San Francisco. Betanzos. Imagen de Turgalicia

Estamos ya en el entorno de la Terra Cha, zona de relieve horizontal, con terrenos arcillosos y mal drenaje de aguas, lo que posibilita la existencia de abundantes lagunas en los concejos de Cospeito, Castro de Rei y Rábade.

En el municipio de Begonte, la carretera vuelve a ser peregrina. El Camino de Santiago que viene por el Cantábrico, baja por la bellísima localidad de Mondoñedo y Villaba para unirse a la Nacional VI a la altura de Bahamonde, luego pasa por Guitiriz, abandonando la ruta algo más adelante en dirección sudoeste.

Es aconsejable, a veces, apartarse un poco de la ruta y buscar otros paisajes. No es mala idea viajar hasta Mondoñedo. Es una elección que el viajero agradecerá, porque ésta es –sin duda- una de las más bellas poblaciones de la región.

Si en lugar de ir hacia el norte prefiere una pequeña excursión hacia el sur, pudiera marcarse el objetivo de bajar hasta Sobrado de los Monjes; donde hay otro magnífico monasterio barroco de la siempre poderosa iglesia gallega.

De Guitiriz, lo más famoso fueron sus aguas termales, durante los siglos XIX y XX, aunque en toda la zona abundan los pazos y construcciones señoriales, en una tierra de pastizales

La Coruña cuenta, cerca del faro Romano, con una muestra de la modernidad, Domus, Casa del Hombre. Imagen de Turgalicia

Betanzos parece ser la romana Brigantium Flavium del Itinerario de Antonino, aunque se dice que el emplazamiento actual de la ciudad no es el que tuvo hasta el siglo XIII, cuando ocupó un alto donde se hallaba el castro de Untia. Antes estaba situada en Tiobre, donde aún se conserva el lugar de Betanzos Vello.

La ciudad, en el origen de la ría que lleva su nombre, tiene diversas edificaciones religiosas de interés, como la de San Francisco, del XIV, una de las mejores iglesias góticas gallegas. Es interesante su portada y su estatuaria interior, dado que era un lugar de enterramiento de nobles familias gallegas, especialmente los Andrade.

También es buena la iglesia de Santa María do Azogue, romanico-gótica, y la de Santiago, posterior, así como el convento de Santo Domingo. Entre los edificios civiles el del Archivo del Reino.

Todo este territorio está ya muy densamente poblado, y en torno a la ría se ubican buenas poblaciones. Cerca esta La Coruña, final de trayecto de la ruta del noroeste.

Merece la pena gozar de los paisajes de estas rías que rodean a la ciudad de La Coruña y conocer poblaciones como Pontedeume y Sada, con su curiosa terraza modernista, o visitar viejas iglesias románicas como la de Bergondo, o pazos como el de Meirás. Se puede dar pequeños circuitos de navegación y –sobre todo- gozar de la gastronomía.

En el entorno de Betanzos hubo un vino famoso en tiempos medievales, y aún se celebra ahora una fiesta del vino, en honor de la producción local. De los pescados y mariscos no hace falta ni siquiera hablar...

La Coruña es como un inmenso pulpo urbano cuyos brazos se extienden a lo largo de este extremo noroeste de España.

El faro de Hércules, en la orilla del Atlántico, es el más antiguo del mundo aún en funcionamiento. Es romano y atestigua que por aquí hubo una activa vida hace 2000 años.

El nombre de la ciudad deriva de Clunia, y perteneció a la mitra compostelana hasta alcanzar, en el siglo XIII fueros y privilegios. De ésta época medieval son diversas iglesias del casco antiguo, como la de Santiago, donde se reunía el concejo del lugar, y donde se guardaba la pólvora para defender la urbe en casos de necesidad.

Perviven en la ciudad otros monumentos religiosos como las iglesias de Santa María del Campo y Santo Domingo, y el convento de Santa Bárbara, en torno a una bella plazuela.

Entre los elementos civiles hay que citar al castillo de San Antón, sede del museo arqueológico.

Fue desde esta ciudad donde arrancó el periplo de la triste Armada Invencible, y fue aquí donde los ingleses intentaron recalar. En defensa de la ciudad –frente a los ingleses- destacó el coraje de María Pita.

Desde el siglo XVIII se inició un periodo de crecimiento para la ciudad, atestiguado con diversas edificaciones civiles y religiosas. Ese crecimiento se ha consolidado en el tramo final del siglo XX, con mejoras urbanas y dotacionales, como la Casa de las Ciencias o la Domus, museo dedicado al hombre, magnífica obra de Arata Isozaki.

Tiene la ciudad bellos espacios urbanos. Uno de ellos –sin duda- es la plaza de María Pita, con sus bellas galerías y soportales, donde está el magnífico palacio municipal, de inicios del siglo XX.

Otra zona de encanto es la de la Avenida de La Marina, con su encanto portuario y sus hermosas balconadas de cristal.

Y para que no falte de nada, tiene la ciudad una excelente gastronomía, y un buen microclima, y una play –Riazor- al lado mismo del centro. Y por tener tiene unos magníficos alrededores, como la famosa Costa da Morte o el eterno Santiago de Compostela.

La Coruña es la meta de la Nacional VI, una meta para ser gozada.