Etapas de La Nacional III

Etapas en las que se sugiere realizar la ruta La Nacional III

De Valencia a Requena

De Valencia a Requena, la ruta va ascendiendo de forma permanente, mientras el paisaje cambia: los naranjos y algarrobos, dejan paso a la vid, el olivo y los pinares. Es un paisaje hermoso y con historia.

Castillo de Buñol. Foto guiarte
Nada más salir de la ciudad de Valencia, la Nacional 3 pasa por el entorno de Chirivella en dirección a Manises. Se trata de sendos centros urbanos típicos de los arrabales, con un urbanismo caótico.

Muchos viajeros tendrán una imagen de Manises vinculada al aeropuerto de Valencia. Quien hace el recorrido entre éste y la capital valenciana sólo ve unos aledaños descuidados, con sus galpones industriales.

Sin embargo, Manises tiene interés, especialmente para aquellos que aman la cerámica. Ya en tiempo de los árabes la ciudad tenía alfares y tras la conquista cristiana prosiguió su tradición.

Antaño destacaron las cerámicas azules y de reflejos dorados, y hoy continúan fabricándose bellas piezas, tanto de reflejos dorados como otras de temáticas clásica y moderna.

En Manises existe un Museo Municipal de Cerámica que es de los más interesantes de España en su género, con materiales desde el neolítico hasta la actualidad. En el centro de la localidad hay numerosas tiendas donde se vende cerámica,

Desde Manises, la vía continúa en dirección oeste, pasando por las inmediaciones de Cheste, donde el viajero verá las amplias instalaciones del circuito de motorismo y de la antigua Universidad Laboral.

Poco más adelante aparece Chiva, con su ermita en lo alto de una colina, desde donde preside los últimos llanos en los que aún se cultivan los naranjales, porque poco más adelante pasado Buñol, se entra en un ámbito más serrano, propicio para pinares, lentiscos y el romero.

Buñol es una población con cierta agricultura, pero que en el siglo XX creció merced a industrias como el cemento. Al lado de la carretera aparecen las inmensas fábricas de éste, que ensucian el bello paisaje de la zona y cubren de polvo blanquecino los olivos, pinares y olivos.

En el interior de la población sorprende su casco urbano lleno de empinadas cuestas y presido por un castillo, monumento histórico artístico, que –pese a destrucciones y guerras- muestra airoso la recia torre del homenaje.

De Buñol, lo más famoso es la tomatina, en sus fiestas de agosto, cuando multitud de gentes se divierten en una batalla a tomatazo limpio. Camiones de tomates maduros se emplean en tan furiosa como colorista lucha.

La ciudad está castigada por un urbanismo incontrolado, pero el viajero percibe que el paisaje es bello. Si se aventura unos kilómetros al sur pasará por Macastre y entrará en un paraje casi desconocido pero sumamente bello: Cortes de Pallás.

Por este municipio de Cortes pasa encajonado en Júcar, entre elevadas montañas llenas de verdor. Es lugar excelente para hacer rutas a pie, siempre respetando una naturaleza generosa, donde abundan las cabras monteses, muflones y una rica avifauna.

La Villa, en Requena, ofrece hermosos contrastes de arte y arquitectura popular. Foto guiarte

Pero volviendo a la Nacional 3, la ruta prosigue en medio de sierras –en las que se aprecian los daños de los incendios forestales- en dirección a Siete Aguas y Requena.

Antes de llegar a Siete Aguas se anuncia una venta del siglo XVII. Esta ha sido en los últimos siglos una ruta de abundantes trasiegos. Pasado Siete Aguas se entra de lleno en un paisaje de abundantes viñedos.

Requena,está a unos setenta kilómetros de Valencia. Es una de las ciudades con mayor patrimonio de la Comunidad Valenciana, aunque aparece desmadejada y caótica a los ojos del viajero.

Romanos, árabes y cristianos pelearon por su núcleo, que domina una llanura por la que pasa el tráfico de Valencia hacia el interior. Tuvo una buena actividad artesanal, pero ahora su economía se basa en el viñedo.

En Requena hay que admirar la Villa, donde apenas viven mil habitantes, pero que conserva un aire medieval, con viejas casonas y restos diversos.

Destacan en Requena los templos góticos de El Salvador y Santa María, y los restos de su fortaleza árabe.

En Requena detenemos esta primera etapa. Es buen lugar para la gastronomía, con buena carne y caza. A destacar los gazpachos manchegos. También ésta es tierra de vinos.

De Requena a Alarcón

Desde Requena a Alarcón hay multitud de paisajes variados. Es tierra de excelente gastronomía. En el aspecto historico-artístico sobresale Alarcón, una pequeña joya.

El embalse de Contreras se halla en medio de un territorio relativamente inexplotado. Foto guiarte
Desde Requena se continúa hacia Utiel siguiendo el valle del río Magro. Utiel también es gran centro vinícola. Conserva un viejo barrio –antaño amurallado- y en su casco destaca la iglesia de La Asunción, del siglo XVI y XVII, de estructura gótica.

En medio de los campos de viñas, la ruta sigue ascendiendo hacia Caudete de las Fuentes –donde se han encontrado importantes restos ibéricos- y Villagordo del Cabriel, el último pueblo valenciano, arracimado en un otero, poco antes del embalse de Contreras.

El río Cabriel divide aquí Valencia de Castilla La Mancha. Pasa por una profunda hoz, donde está el embalse de Contreras, zona que supera actualmente la autopista merced a una ambiciosa obra.

La Hoz de Contreras es un paraje hermoso, El río discurre hundido, en medio de un paisaje de rocas, barrancos y cárcavas, por lo que existen microclimas especiales. Es un territorio casi inexplotado por el hombre. Encinas, pinos, lentisco, romero, brezo, esparto, etc. colonizan estos enclaves de notable hermosura.

Luego aparece Minglanilla, recostada a la vera de la ruta, que discurre entre abundantes viñedos y algunos pinares por Graja de Iniesta y Castillejo de Iniesta hasta llegar a Motilla del Palancar.

Motilla es un pueblo extendido radialmente en torno a su recia iglesia, cruzado por la carretera nacional, a la que se asoman numerosos restaurantes, talleres de automóviles y tiendas de jamones y quesos.

Aunque está más cerca de Madrid que de Valencia, tradicionalmente se tomaba como la mitad del camino, habida cuenta de las fragosidades del paso del Cabriel.

Hermosa imagen de Alarcón. Foto guiarte
En Motilla se puede degustar buena comida manchega. Entre las especialidades cabe citar los zarajos, tripas de cordero enrolladas en una rama de vid y asadas al horno de leña. También se hace buen cordero al horno y a la brasa. Es posible comer también el típico morteruelo, preparado de distintas carnes, y un buen bacalao al ajoarriero, acompañado a lo sólido con algún tinto de la zona. Tanto en la comarca de Iniesta como en el entorno de Motilla se hacen aceptables vinos.

Pero uno de los puntos más bellos del trayecto aparece poco después: Alarcón.

En Alarcón, el río Júcar hace un meandro acusado, dejando en el medio un roquedo que corona el castillo. Es un paisaje bello, con sus iglesias y multitud de elementos defensivos, un marco de rocas y pinares.

El pueblo –de aire medieval- tiene tres recintos defensivos. Cabe destacar dos iglesia, la de Santa María, del XVI, con magnífica portada y un retablo atribuido a Alonso de Berruguete, y la de Trinidad, plateresca. El castillo, originario del VIII y con elementos de numerosas épocas, es actualmente Parador de Turismo.

Desde Alarcón a Tarancón

Es sorprendente el contenido histórico de este trayecto. El viajero puede conocer lugares de elevado interés, principalmente Uclés y Segóbriga.

Imagen del imponente monasterio de Uclés. Foto guiarte
La autopista pasa al sur de Alarcón; la carretera nacional lo hace un kilómetro más al norte, cruzando el valle por la presa del embalse.

Antaño la carretera aún pasó más al norte, por Valverde y Olivares de Júcar, pasando cerca de las ruinas romanas de la vieja Valeria.

Vuelto a la Nacional 3, el viajero ha de cruzar de nuevo el Júcar a la altura de la presa de Alarcón. Igual que Contreras, el embalse de Alarcón es parte importante del sistema de abastecimiento de los regadíos que fecundan las riberas de la Comunidad Valenciana. Luego se prosigue bastantes kilómetros en un terreno de peñascos en el que apenas crecen pinares y pequeñas encinas.

Poco más tarde aparece Honrubia, otro de los puntos de la ruta donde más han proliferado los restaurantes. En Honrubia se junta la carretera Nacional 3 con la que procede de Albacete y Alicante. El paisaje pierde cobertura vegetal y se trueca en parameras cerealistas y oteros estériles.

Pocos kilómetros más adelante se pasa a la derecha de Castillo de Garcimuñoz, donde se aprecia un conjunto fortificado, monumento nacional. La silueta del castillo destaca sobre las casas del pueblo, en un pequeño altozano.

El lugar fue conquistado a los árabes por Alfonso VIII hacia el año 1117. Sobre el fuerte árabe se edificó otro por uno de los caballeros del rey, Garcimuñoz. El infante don Juan Manuel vivió y escribió aquí. También estuvo por estos lares Jorge Manrique

El siguiente pueblo es La Almarcha. Allí, cerca de la ermita del Santillo, está la laguna Airón, de agua salada.

Prosigue la ruta por Cervera, Villares del Saz y Montalvo para llegar a Saelices .

Entre Montalvo y Saelices se ven, al norte, las grandes conducciones del trasvase Tajo-Segura, que discurre elevado sobre columnas en esta zona. Es una de las grandes obras hidráulicas del franquismo.

Poco antes de Saelices hay un desvío hacia el sur que conduce a las ruinas de Segóbriga. Resulta sorprendente hallar a 4 kilómetros de la ruta una antigua ciudad que incluso fue sede episcopal en los primeros tiempos del cristianismo, hasta que desapareció víctima de decadencias y guerras.

Era una urbe importante situada en la calzada de Cartago-Nova a Complutum. Quedan restos de la basílica, junto al acceso al yacimiento. Es la mayor iglesia conocida de la España paleocristiana y visigoda.

Desperdigados por el lugar perduran partes del anfiteatro, el teatro, las termas, tumbas, etc. También hay un museo donde se exhiben algunas de las piezas originales encontradas en las excavaciones y copias en yeso de otras estatuas importantes que se exhiben en el Museo de Cuenca.

En el centro urbano de Tarancón la iglesia de la Asunción domina, airosa, un pequeño cerro. Foto guiarte.
Pero poco después de Saelices aparece otro lugar de obligada visita: Uclés, un fuerte-monasterio que destaca sobre los eriales, especialmente al atardecer, cuando el sol amarillea las paredes verticales de sus muros y defensas.

Pasado Villarubio hay una desviación que conduce al pequeño pueblo de Tribaldos, con paredes encaladas y buenas rejas, y luego a Uclés. Es un desvío aconsejado.

Encima de una elevada roca se alza la mole de la fortaleza-monasterio. Sobre la base del fuerte árabe continuaron obras en época medieval y se culminaron en los siglos XVI, XVII. El Monasterio de la orden de Santiago, impulsado en buena medida por Felipe II, se articula en torno a un patio central, con claustro de dos cuerpos, comunicados por una gran escalera. En el exterior destacan las portadas, siendo la principal, churrigueresca, atribuida a Pedro de Ribera.

Vueltos a la Nacional 3, aparece Tarancón, con su caótico urbanismo, resultado de un crecimiento descontrolado, por su calidad de centro comarcal.

Es tiempo de volver al yantar. Tarancón tiene abundantes restaurantes a la carretera y lugares donde dormir. Es lugar de buen comer, de platos proteicos y abundantes. Gazpachos, cordero y caza son algunas de sus especialidades. Tarancón sigue siendo zona de vinos, tintos y claretes, especialmente.

Desde Tarancón a Madrid

Es tal vez el tramo con menores sorpresas artísticas, pero siempre es posible buscar rincones para pasear o algun lugar con sabor histórico. No desciende, en cambio, el interés gastronómico.

Villarejo de Salvanes conserva parte de su airoso castillo. Foto guiarte

Tarancón ha crecido a la vera de la carretera, donde se han alineado bares, restaurantes y hostales. En el interior de la población lo más destacado es la gran iglesia de la Asunción de porte catedralicio, con tres naves, originariamente gótica y con bastantes añadidos renacentistas, entre ellos una hermosa portada lateral con airosas columnas.

En la desmadejada geografía urbana subsisten escasos elementos de interés: los restos del convento de San Francisco y la Casa Parada, parada –como dice su nombre- de las diligencias que cruzaban por este estratégico punto. En ella estuvo Carlos I, camino de las Cortes de Monzón.

Pasado Tarancón, la primera población que aparece ante el viajero es Belinchón, con su maciza iglesia con su torre cuadrangular dominando un cerro estratégico, en el que en los años de la conquista musulmana hubo un pequeño castillo.

Antaño Belinchón tuvo especial interés económico por sus salinas, hoy es un pequeño lugar dormido a la vera del intenso tráfico de la Nacional 3.

Fuentidueña de Tajo aparece luego, en medio de las desoladas laderas del valle del Tajo, como un privilegiado lugar por el hecho de contar con un río, a cuya vera crecen algunos chopos y sauces, que no quitan al viajero la impresión de sequedad.

Fuentidueña tiene una iglesia, de San Andrés, un viejo barrio de cuevas y un castillo medieval, parte de cuyas paredes aún dominan un cerro desolado, como si fuera un monumento a la decadencia.

Luego la ruta avanza entre oteros estériles donde aparecen alternadas fincas cerealisticas con encinas y algunos viñedos, hasta llegar a Villarejo de Salvanés, que sorprende al visitante con la airosa torre del siglo XVI, en medio de una plaza agradable.

La torre es único resto de un fuerte que allí tuvo la Orden de Santiago.

No es esta zona de grandes atractivos artísticos, aunque si el viajero no tiene prisa de alcanzar su destino puede distraerse unos kilómetros para acceder a Chinchón, uno de los mejores conjuntos monumentales de la Comunidad de Madrid.

La localidad está a unos diez kilómetros de la ruta y presenta elementos de bastante sabor, empezando por su Plaza Mayor, irregular, dominada por su iglesia parroquial, donde se celebran corridas de toros y representaciones teatrales. Es un escenario excepcional.

Hay mucho que ver en el lugar: la iglesia de la Asunción, de gótico final y con un cuadro de Goya; la Torre del Reloj, de una iglesia destruida en las guerras con Francia; el parador de turismo, convento agustino del siglo XVI, con un hermoso claustro; el castillo, etc.

No es mala opción la de comer en el lugar: hay mesones de diversas calidades y categorías. En general se ofrece buena carne, especialmente cordero, asados y guisos proteicos.

Vuelto a la Nacional 3, poco antes de llegar a Perales de Tajuña , se contempla a la derecha de la carretera un farallón vertical de marga yesera, donde aparece medio centenar de oquedades excavadas: son cuevas de los habitantes del neolítico, declaradas de interés turístico nacional, hace mas de medio siglo, pero prácticamente abandonadas.

En torno a este yacimiento, ubicado cerca de la carretera de Tielmes, se han hallado diversos materiales prehistóricos. Son el aspecto más destacado de un territorio donde también se puede practicar el senderismo.
centro urbano de Arganda, con la iglesia parroquial de San Juan Bautista. Foto guiarte


Arganda, el siguiente pueblo, surgió, parece ser, en torno a alguna atalaya de uno de los caminos que conducía a Complutum(Alcalá) por la vega del Jarama. Arganda creció sobre todo a partir del final del medievo, junto a un Camino Real que hoy es eje de la ciudad.

En torno a este eje se alza el magnífico templo parroquial de San Juan Bautista. Construido entre 1696 y 1714 sobre la antigua iglesia renacentista. Se trata de un edificio poderoso, con tres naves, y una airosa torre cuadrada. En el interior conserva un retablo churrigueresco y una figura atribuida a Salzillo.

Pasado Arganda se accede e la vega del Jarama, donde este río se une al Manzanares. Es zona de abundantes humedales. Aquí es elevada la densidad de cigüeñas, como se aprecia al contemplar los nidos de éstas colonizando numerosos postes de difusión radioléctrica, al lado mismo del río Jarama.

Luego la carretera pasa por Rivas Vaciamadrid, que crece rápidamente pero no ofrece interés al viajero. El destino ha rodeado por esta parte a la ciudad de Madrid de una miserable paramera, sin rastros de arte ni paisajes de interés. Con ello se hace más apetecible llegar a la cosmopolita capital del estado. Es el término de una ruta moderna: la Nacional 3.