Etapas de Ría de Guernica

Etapas en las que se sugiere realizar la ruta Ría de Guernica
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Guernica

Guernica, unos 16.000 habitantes, ciudad de trascendencia histórica para el País Vasco, es el punto de partida de este recorrido.

Escultura de Henry Moore, en Guernica.

Guernica es una ciudad que no pasa desapercibida.

Inmortalizada por Picasso en el cuadro de su mismo nombre -no deje de ver el Museo de Euskal Herria y el vídeo allí proyectado-, su Árbol es el símbolo más universal de los vascos.

En torno al Árbol y la Casa de Juntas -ha de visitarla, por su belleza arquitectónica, la importancia histórica y la carga simbólica, bien visible en la Sala de la Vidriera- se teje un más que notable núcleo histórico.

La iglesia gótico-renacentista de Santa María, de solemne sencillez, el Museo de esta hoy industrial ciudad, el Parque de los Pueblos de Europa -los cuatro ecosistemas de Euskadi, esculturas de Chillida y Moore-, hoy símbolo y punto de encuentro por la paz, o los partidos de pelota vasca, cesta-punta, en el frontón Jai-Alai son atractivos suficientes.
Picasso hizo una obra emblemática antiviolencia, en contra del bombardeo de la ciudad, en la Guerra Civil española. La obra inomortalizó el nombre de Guernica.
 

Lekeitio

Con unos 7.000 habitantes, la población es atractiva y posee restos del pasado: iglesias, torres y edificaciones palaciegas.

La iglesia de Santa María preside la vida portuaria


Partimos de Guernica, por la margen derecha de la ría mirando al Cantábrico, hacia Lekeitio, con estructura aún bien palpable de típico pueblo de pescadores.

Aquí ha de tener tiempo el viajero para degustar la arquitectura popular, con magníficas galerías en torno a la vista única del puerto, pasear el casco antiguo, lleno de vida, y grabar muy bien en la retina la iglesia de Santa María, esa nave gótica que parece recién llegada a puerto.

Con otros palacios de interés, y especialmente el entorno físico, de una personalidad única, debe admirar el retablo flamenco del templo gótico, sin duda el más significativo de Vizcaya y uno de los más importantes de la península.

Lekeitio es, en fin, sosiego, para el que busca la paz en los caminos.

Hemos elegido aquí cena y cama.

 

Elantxobe

El autor del recorrido comenta la accidentada y bella geografía de Elantxobe y las historia relativas a la isla de Ízaro.

El caserio parece estar en equilibrio inestable, sobre el pequeño puerto de Elantxobe..

 

 

 

 

 

 

 

La mañana nos sorprende en la carretera de la costa que conduce a Elantxobe.

Está prácticamente este publecito de apenas medio millar de habitantes colgado sobre la montaña que cae al puerto, resguardado por dos enormes centinelas pétreos que cortan la línea del mar.

Se puede llegar al puerto en coche, en una desviación que hay a la entrada. Pero, aunque cueste un poco, es preferible, contemplada la panorámica desde arriba, desde La Atalaya, iniciar la bajada a través de un sistema de escaleras, callejuelas, plazoletas y rincones de difícil olvido, aunque el retorno se haga, más que nunca, muy cuesta arriba.

Es igualmente única la contemplación del pueblo desde el mar, riqueza primera que cede hoy espacio al turismo.

Isla de Ízaro desde cerca de la playa de Laida.

HISTORIAS DE UNA ISLA

Una isla tuvo la culpa. Macués es el gentilicio de los habitantes de Elantxobe, derivación, según me cuentan, de una etimología popular que, en la singular pronunciación castellana de estas gentes de mar, venía de mal juez.

Y todo tiene la explicación de la historia envuelta en leyenda. Dicen que hace mucho tiempo, las localidades de Bermeo y Mundaka -al otro lado de la ría- reclamaban como suya la famosa isla de Ízaro.

Decidieron que el asunto se solventase en una regata -Elantxobe fue juez de la histórica disputa-, que ganó Bermeo.

Lo cierto es que cada 22 de julio se recuerda el hecho con una gira marítima para pasar el día en esta singular población marinera de Elantxobe.

Como no podía ser menos, hay quien asegura, aunque sea tímidamente, la existencia de un monasterio en la isla, dos de cuyos monjes atravesaban cada noche a nado la distancia que los separaba de la costa para buscar los favores de alguna moza de buen ver.

Hoy la isla se somete a la contemplación desde estas poblaciones, y el mar y la serena soledad del islote permiten cualquier tipo de ensoñación.

Cuevas, valle y bosque encantados

En las cercanías de Arteaga, el viajero se encuentra con un trío de joyas: las cuevas de Santimamiñe,el maravilloso Bosque Pîntado por Ibarrola, y el parque natural del Valle de Oma.

El bosque encantado, obra de Ibarrola, es otro símbolo vasco.
De nuevo camina el viajero hacia Guernica, buscando el punto de apoyo que nos dé paso hacia la otra orilla de la ría.

Pero en ese retorno caminamos junto a la costa, y pasamos por las playas de Laga y Laida.

En las proximidades, el espectáculo es único. Frente a nosotros, la entrada a la ría, y en la orilla opuesta, Mundaka y Bermeo.

La naturaleza no sólo es excepcional, también pone el contrapunto del sosiego al espíritu. Es éste otro momento para la confirmación.

Pronto estamos en Arteaga, con su torre y castillo decimonónico hecho construir por la emperatriz Eugenia de Montijo sobre el solar de los Arteaga, de los que descendía. Y, apenas dos kilómetros después, a la salida de Kortezubi, una desviación, a la izquierda, nos conduce a una de las grandes sorpresas del viaje.

Desde una explanada con aparcamiento y múltiples servicios, tres excelentes posibilidades.

La primera son las cuevas de Santimamiñe, en un hermoso espacio a cuya entrada se accede por una escalera rústica que atraviesa una zona de bosque, de gran belleza natural y buenas pinturas rupestres.
Nacido en esta tierra, Ibarrola es un artista moderno comprometido con su tiempo.


La segunda posibilidad está a poco más de media hora a pie: El Bosque Pintado por Ibarrola, que bien puede ser El Bosque Encantado, mágico ya de por sí. Se acrecienta la magia gracias al color, la imaginación y la búsqueda de las propias imágenes y sugerencias. Es un bosque que, situado el visitante en las bases que se le proponen, invita a cada persona a recomponer las imágenes señaladas así como a añadir sus propias motivaciones históricas, mitológicas o sus estados de ánimo.


En medio de cueva y bosque se abre la tercera posibilidad y la puerta del idílico Parque Natural del Valle de Oma.

La suma de las tres, una sorpresa y una satisfacción inauditas. Mereció la pena.

Mundaca y Urdaibai

El viajero toma dirección a Mundaka, donde se encuentra con una agradable población y unas magníficas vistas sobre la ría, designada por la Unesco como Reserva de la Biosfera.

Desembocadura de la Ría, cerca de Mundaka.
Ya en Guernica, volvemos hacia el mar por la margen izquierda de la ría. Pasamos Forua, Murueta, Busturia, Sukarrieta -es recomendable un paseo por la isla de Txatxarramendi, donde tiene su sede el Instituto Oceanográfico- y llegamos a Mundaka, un rincón que tiene su propia atmósfera y es punto excelente para el windsurf.

Las casas se apiñan en un callejero de suma complejidad, donde la mayoría de las calles son estrechas, con pasadizos y rincones inverosímiles.

Además del casco antiguo, hay que visitar el Ayuntamiento, porticado, la ermita de Santa Catalina - hermosa vista frente a la isla de Ízaro-, y la iglesia renacentista, en cuyas proximidades una atalaya nos permite una vista excepcional de entrada a la ría, y una cerámica decorada, apoyada sobre atril, ilustra y explica detalles de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai.


Urdaibai: Reserva de la Biosfera La anteiglesia de Mundaka se encuentra ubicada en la desembocadura de la ría, área que ha sido designada por la Unesco (1984) como Reserva de la Biosfera, tanto por su singularidad natural como humana.

En 1989 el Parlamento Vasco estableció un régimen jurídico especial para este primer espacio protegido de la Comunidad Autónoma en razón de su interés natural, científico, educativo, cultural, recreativo y socioeconómico.

Con una extensión de 220 km2 repartidos por 22 municipios -con los núcleos de Guernica y Bermeo como más importantes- y una población de unos 45.000 habitantes, sus asentamientos humanos son sobre todo de tipo rural y marinero.

El paisaje ofrece gran diversidad, y destaca el sistema estuario, un extenso bosque de encinar cantábrico y un litoral costero con playas y acantilados, enmarcado por la presencia de la isla de Ízaro.

Con un notable sistema agrario, son numerosos sus yacimientos arqueológicos y los vestigios históricos. Clima oceánico templado y húmedo. Es muy diferente su vegetación. E importante y variada la fauna (aves, mamíferos, anfibios, reptiles, insectos, peces, moluscos y crustáceos), subrayando su valor como área de paso y descanso de las migraciones de aves entre Europa y África.

Pero, además de las aves, existe una equilibrada presencia de otros vertebrados (jabalí, tejón, garduña...).

Un recorrido por el itineario base que describimos en este viaje supone, sin duda, un verdadero encuentro en esta Reserva que hace de Urdaibai una experiencia extraordinaria para los amantes de la naturaleza.

 

Bermeo

El último capítulo de este recorrido está dedicado a Bermeo, población de unos 18.000 habitantes, fundada en el siglo XII por Diego Lope de Haro. Bermeo es uno de los puertos pesqueros más potentes del Cantábrico.

El puerto de Bermeo es uno de los más activos del cantábrico.
Apenas 2 kilómetros más allá de Mundaka, Bermeo es el último asentamiento humano previsto en esta visita, el puerto pesquero más importante de la zona, al abrigo del monte Sollube y del cabo Machichaco, a sólo 6 kilómetros y con espectacular vista de toda la costa.

El mar es en Bermeo la razón de ser, y el puerto es la zona que ha de pasear el viajero.

No puede olvidar, como en prácticamente los demás lugares visitados, la arquitectura popular, la iglesia de Santa Eufemia, la iglesia y claustro de San Francisco, el Museo del Pescador en la Torre de Ercilla, uno de cuya familia, Alonso, el autor de La Araucana, tiene busto próximo al puerto -en el parque que lleva su nombre, centro de la vida social- y en la columna que lo sustenta se recuerdan estos versos del Canto XXVII de la famosa obra:Mira a Bermeo, cercado de maleza, / cabeza de Vizcaya, y sobre el puerto / los anchos muros del solar de Ercilla, / solar antes fundado que la villa.

Con estos versos aún en la memoria, la decisión del retorno. Más que nunca, hoy camino inevitable hacia la nostalgia de este mar y de sus gentes.