Crónicas de Burgos

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La ciudad más hospitalaria.

Burgos tuvo la fama de ser la ciudad más hospitalaria del Camino de Santiago. Viajeros y escritores de diversas épocas dejaron constancia de que la fama de la ciudad tenía base real.

(Texto extractado de El Camino de Santiago para Paganos y Escépticos. Tomás Alvarez. Editorial Endymion, Madrid 2000.)

El códice Calixtino tenía la etapa Nájera-Burgos como quinta del trayecto a Santiago. Era un recorrido que a los hombres del medioevo se les presentaba duro, con terrenos áridos y soledades propicias para el bandidaje. Pero al final del mismo aparecía Burgos, metrópoli poderosa y amable.

La ciudad, ubicada a la vera del río Arlanzón, cobijaba muy bien a gran cantidad de peregrinos. Las crónicas nos hablan de la existencia de al menos treinta y cinco hospitales.

En el siglo XVI, cuando ya empezaba a disminuir el flujo de peregrinos, Santa Teresa visitó Burgos para establecer alguno de sus establecimientos religiosos. Entonces, la santa de Avila quedó absolutamente impresionada. Siempre había yo visto loar la caridad de esta ciudad, mas no pensé que llegara a tanto, escribió en su libro De las fundaciones.

Aún en el siglo XVIII, época de sequía peregrina, el P. Flórez alude a la existencia de veinticinco instituciones hospitaleras, según escribió en España Sagrada. Es tan sobresaliente la ciudad de Burgos en la hospitalidad con los peregrinos y caridad con los pobres enfermos, que no conozco otra que llegase a competirla.

El famoso y generoso Hospital del Rey. Foto guiarte-Moreno Gallo.

En el medievo, religiosos, mercaderes y peregrinos de allende los Pirineos se establecieron en la nueva ciudad, al amparo de reyes que tradicionalmente mantuvieron buenas relaciones diplomáticas y familiares con los francos.

San Lesmes y San Amaro son dos ejemplos de personajes nacidos allende las fronteras y establecidos en Burgos, dedicados a tareas hospitalarias, por las que merecieron la estima de las gentes y los títulos de santidad.

Quizá el prototipo de Hospital famoso ha sido el del Rey, fundado por Alfonso VIII después de la batalla de Alarcos, en 1.195. El monarca lo puso bajo la jurisdicción de la abadesa del monasterio de las Huelgas, y cuidado por trece caballeros de Calatrava. De aquella época se conservan escasos vestigios, porque en tiempos de Carlos I fue objeto de una profunda renovación, con la construcción de la Puerta de Romeros, que da acceso al patio.

Es de gran interés artístico la portada de la iglesia, con sus hojas de nogal talladas en estilo renacentista, obra cumbre de la escuela burgalesa, en la que se nos muestra una visión magistral jacobea: peregrinos cubiertos con sombreros de paja, madres que avanzan amamantando a sus hijos, sin detenerse...

No faltan en el edificio las alusiones al apóstol Santiago. Este aparece en la puerta de los Romeros, sedente; en el patio interior, montado a caballo y con ademán mortífero, y tallado en las puertas de nogal, delante de un caballero orante que lleva la cruz de Calatrava en el pecho.

El Hospital del Rey, en Burgos; y los de Roncesvalles, San Marcos(León) y Los Reyes Católicos(Santiago) destacan en el Camino por su categoría histórica y arquitectónica.

Domenico Laffi, en el siglo XVII, quedó anonadado viendo el centro de caridad burgalés: ...Por su grandeza parece otra ciudad, de suerte que no creo que haya otro sitio similar en España. Tiene una capacidad de dos mil personas y tratan a los peregrinos con gran caridad, y les dan muy bien de comer y dormir

Recientes investigaciones precisan que en el siglo XVI se asistía allí a unos 70.000 peregrinos anuales. Los estatutos del centro estipulan que se diese a cada visitante veinte onzas de pan; dos libras de carnes (una de cecina y otra de carne fresca) para cada tres personas; un azumbre(algo mas de dos litros) de vino para cada tres, amén de guiso de olla hecho con materiales diversos y bien untuoso de tocino.

Las instrucciones al limosnero eran precisas: que no se consienta que se dé a los pobres res alguna mortecina a comer, ni tripas, ni asaduras, ni cabeza, ni cuajares, pues el rey Católico dejó en cada un año 1.500 carneros para los dichos pobres peregrinos.

Frente al Hospital está el cementerio de Peregrinos, con una capilla, llena de ex-votos, dedicada a San Amaro, el devoto francés que a la vuelta de Santiago quedó de hospitalero en Burgos.  

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