País de bosques

La Selva Negra está en gran medida cubierta por excelentes bosques de coníferas, que constituyeron una riqueza histórica de la región.
Las cimas boscosas tambien sirven para prácticas deportivas, como las alas delta. Foto guiarte. Copyright

Desde la antigüedad, los madereros de la Selva Negra cortaban los largos y rectos troncos y los encaminaban por el Rin para llevarlos a Holanda, donde servían para sostener una activa industria de construcción naval.

Junto a la naturaleza, se puede hallar una notable cultura. Bicicletas junto al Museo de los Agustinos, en Friburgo. Fotografía de Tomás Alvarez. guiarte. Copyright
La madera no sólo se comercializaba en el exterior, sino que servía para los excelentes edificios de entramados de madera y para un artesanado que trabajaba con primor. Fe de esto son los tradicionales relojes de cuco, típicos de estos territorios.

Otra explotación tradicional era la ganadera, con su respectiva obtención de carne, leche y derivados: quesos, etc.

Pero más cerca del Rin, en las laderas que se asoman a la llanura fluvial, se acumulan las terrazas de viñedos, que –a semejanza de la zona alsaciana- generan unos excelentes caldos. Y ya en el borde de los ríos, la fertilidad de la tierra y la dulzura del clima, se unían para permitir cultivos de tradición más meridional. Otras producciones tradicionales, como el vidrio, la cerámica, la miel, etc. se unían para hacer de este país un territorio amable y de bellos paisajes, blanquecinos en invierno, verdosos en primavera, floridos de petunias y geranios en verano y de tonos dorados en el otoño, cuando las laderas de viñedo adquieren unas tonalidades vivas que anuncian la vendimia y el frío.

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