San Martín del Camino, León (España).

A la vera de la carretera Nacional 120 y a medio camino entre León y Astorga, es un pueblo caracterizado por el trasiego de vehículos de motor en una ruta colapsada, y trasiego de peregrinos, en busca de una cada vez más cercana Compostela.
Interior del templo de San Martín. Guiarte Copyright

En la mitad del siglo XIX, el Diccionario Geográfico de Pascual Madoz definió al lugar como tierra de páramo, con clima frío, propicio para catarros y pulmonías. Era entonces San Martín un pueblo de 45 vecinos -225 almas- con "no muy abundantes" aguas potables, terreno de secano y flojo del que se obtenía centeno, algunas patatas, y en el que había ganados vacuno, lanar y caprino… y muchos pavos. El cuidado de pavos -dice el texto- era la principal industria de los moradores.

Hoy, San Martín es un pueblo rico merced al agua, y esa riqueza se aprecia en sus dotaciones públicas.

Iglesia de San Martín del Camino. Foto Guiarte Copyright

La iglesia, de humilde espadaña, está sumamente cuidada y con un retablo relativamente reciente, que preside un inmenso Cristo sobre un cuadro de tonos tenebrosos, a cuya izquierda se halla San Martín, el santo titular de la parroquia, montado a caballo y en actitud de cortar su capa para entregarla a quien la necesita.

En la entrada de la iglesia local se conserva una piedra con la fecha de 1643, previsiblemente el año de construcción del templo. La piedra, por su forma, parece ser la clave de la antigua puerta de entrada. Aquella iglesia se renovó hacia 1900, época de la que es la parte superior de la espadaña de ladrillo, y posteriormente, ya en el final del siglo.

Más moderna es la placita que se halla ante el atrio del templo, en la que reina un excelente crucero de granito de factura galaica… Es como un pequeño aperitivo de lo que el peregrino va a encontrar a partir de Piedrafita.

Hay una gran explanada al este del templo en la que San Martín tiene de todo: el inconfundible depósito; los campos de tenis, un parquecito para los niños, el albergue de peregrinos, un montón de cedros… y hasta una casa que ardió hace años, el mismo día de su inauguración, y cuyos restos se conservan tal como quedaron tras el fuego.

En la población hay sendos albergues para peregrinos, uno público y otro privado. Es ésta una muestra de su tradicional hospitalidad. El catastro de Ensenada nos recuerda que en el siglo XVIII funcionaba un hospital que acogía a pobres, transeúntes y enfermos, a los que se les asistía con cama, lumbre, pan y manteca para hacer sopas.

(Resumen del texto de Tomás Alvarez, recogido en el libro Gastronomía del Ajo, ed. Lobo Sapiens 2009)

Parque con zona deportiva en San Martín. Guiarte Copyright

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