Ocio y Gastronomía

Lisboa aún es una ciudad a la medida del hombre, en la que se puede caminar sin prisas y relajarse en lugares llenos de sabor y encanto.

Lisboa es bella para pasear o para extasiarse contemplando el brillo plateado del Mar de la Paja desde la costanera de la ciudad. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Es gozoso avanzar por la Baixa, Chiado o la Alfama, en medio del bullicio, o sentarse frente al agua contemplando el brillo plateado del Mar de la Paja, dejándose tostar por el sol declinante.

Por cierto, otra forma de contemplar la ciudad, la de hacerlo desde el agua. Hay cruceros que conducen al viajero por delante de toda la costanera lisboeta.

Es esta una ciudad fácil de recorrer, porque no es masificada como otras megalópolis, y es también sencilla de controlar mediante sus transportes públicos. Hasta el aeropuerto está muy bien situado y comunicado con el centro de la urbe.

Lisboa no es una ciudad cara. Hay establecimientos turísticos –hoteles y apartamentos- para todos los gustos y bolsillos. El viajero puede buscar alguno de los grandes hoteles de edificios ultramodernos o ubicarse en un viejo caserón de aire palaciego en el centro histórico. Y hay una tercera sugerencia, y es la de alojarse cerca de la costa, en Estoril o Cascais, y compatibilizar una parte del día para la playa con otra dedicada al arte o las compras en la eterna Lisboa. 

Existe una forma excelente de recorrer Lisboa y es adquiriendo la tarjeta Lisboa Card. Es aconsejable adquirirla… si de verdad el viajero quiere conocer a fondo la ciudad, porque permite utilizar libremente el transporte público (metro, elevadores, tranvías, autobuses y los trenes que van a Sintra (desde Rossio) y Cascais (desde Cais do Sodré).

Con la tarjeta se entra gratis a algunos palacios y monumentos, como el Monasterio de los Jerónimos o la Torre de Belém. Además, permite el acceso gratis a los museos nacionales y ofrece descuento para los demás. Los niños de menos de 5 años pueden beneficiarse también de la tarjeta si van acompañados de un adulto que la posee.

Para un adulto los precios de la Lisboa Card son (tarifa del 2015) desde los 18,50 para un día a 39 para para tres días. La tarifa de menores es aproximadamente la mitad. Se puede adquirir en las oficinas de turismo de Lisboa: en el Aeropuerto de Lisboa, el Palacio Foz (Plaza de los Restauradores), en el centro de Turismo de la Plaza del Comercio y la Estación de Santa Apolonia.

En materia de gastronomía, Lisboa tiene una excelente oferta culinaria. Por toda la ciudad abundan los restaurantes, muchos de ellos sencillos, en los que se come bastante bien, tanto las carnes como los pescados, preferentemente estos últimos pues no en vano estamos en una urbe que mira hacia el océano.

Bello vehículo ante el clásico café Nicola, en Rossio, Lisboa. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

En los últimos años, un pescado humilde se ha alzado como icono de la ciudad, la sardina. En todas las tiendas de regalos de la ciudad está la sacrosanta sardina convertida en postal, llavero, cenicero o decorando vajillas.

Cierto que la sardina es un pescado típico de los veraneos playeros de buena parte de la Península Ibérica, pero son los lisboetas quienes la han sacralizado. Incluso en las fiestas de San Antonio la Alfama huele a sardina, y en los bares de muchos rincones se disfrutan las siempre olorosas parrilladas de sardinas.

…Y el bacalao, el plato fuerte de toda la costa portuguesa y que en Lisboa se ofrece de mil maneras, entre ellas el bacalao a bras.

También hay magnificas caldeiradas de pescado… y además pescado a la parrilla, al horno, en pastel…no duden en gozar de la oferta.

En general, la gastronomía portuguesa es sencilla; desde la humilde açorda de alhos, una sopa de pan muy ibérica, hasta el caldo de grelos (sopa de verduras) o la canja de gallina, que es caldo de gallina con arroz. Otros guisos son el cocido portugués, realizado con alubias o la feijoada, similar a la fabada española. Entre las carnes destacan el Porco à alentejana, el bife con patatas (filete), coteletas (costillas) o la chanfana, un guiso de cordero cocido con vino, o el cochinillo.

Hay restaurantes abundantes por Rossio y también en la zona de Chiado, aunque algunos de los más recomendables están esparcidos por la Alfama. En la Baixa también abundan, aprovechando que es una zona fija del paso de los turistas. Sin embargo resulta agobiante el trasiego exterior y la presión de los camareros por llevar al paseante a sus respectivos locales.

Hay buenos quesos en el país, y a veces en el restaurante los ofrecen como entrada. Los de cabra y oveja son excelentes.

Lisboa es también buena ciudad para los postres. Lo comprobará el viajero en su recorrido. Las pastelerías, en general son buenas. No hace falta sino darse un paseo por La Baixa y Rossio para ver pastelerías por todas partes. Y si sale de Lisboa al entorno cercano lo seguirá comprobando. Tartas de chocolate, hojaldres, helados…

Pero hablando de repostería, el pastel de Belém es un clásico. En Belém hay pastelerías que se dedican “industrialmente” a satisfacer la demanda de los cientos de turistas que desfilan por los Jerónimos. También se le llama pastel de nata. Es redondito, pequeño, sobre una base hojaldrada y una crema basada en la yema de huevo, azúcar y leche (no te darán la receta en la confitería, seguro) y cubierto de azúcar lustre y canela. Cuando llegan del horno (en Belén se ven hasta los hornos en los establecimientos) con un calor tibio están deliciosos.

En Sintra también se hallan excelentes pastelerías que ofrecen al viajero magnificas tartas, helados y hojaldres.

El inevitable gallo de Barcelos, un icono turístico portugués. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Y buenos vinos, aparte del conocidísimo Oporto. Vinos que van desde los verdes del norte a los magníficos caldos de las cuencas del Duero y del Tajo. Entre los del norte, los blancos Alvariño y Loureiro. Aparte de los vinos de Oporto, en el centro-norte del país destacan los vinos del Dao nombre un río que fluye hacia el Duero y donde se elaboran magníficos tintos. Otros de los vinos habituales en las mesas de Lisboa son los del Alentejo, tierra del centro-sur del país, con prestigio vinícola desde la época romana. Y hasta de Madeira llega vino, un vino con cierto aroma tostado.

Con tanta tradición vinícola (Portugal está entre los países con mayor producción mundial) no es extraño que abunde la fabricación de licores, como el bagaço (orujo) y la ginjinha, aguardiente de guindas. Y compras.

Es buen sitio Lisboa para compras, y el viajero hallará en su recorrido numerosos lugares para adquirir desde un sobrero hasta un vino o ropa de diseño.

Empezando por lo típico, cabe destacar que la sardina ha llegado a ser un producto icónico lisboeta. En las tiendas ofrecen bellas sardinas de tela como llavero, y hasta vajillas con delicadas sardinas azuladas. En Lisboa, la sardina está desplazando al popular gallo de Barcelos como elemento icónico para turistas.

Si buscan pastelería, hay quien no se resiste a llevarse unos pasteles de Belém. En alguna de las pastelerías especializadas ofrecen los pasteles bien envueltos para el traslado. Aunque es seguro que llegarán en mejores condiciones los vinos, algún Oporto o los blancos del norte, son una sugerencia.

Si busca otro producto bello y típico, están los corchos. Se hacen de corcho bellísimos bolsos. No son baratos, pero realmente son bellos.

También se puede adquirir ropa, desde camisetas típicas hasta ropa más formal y con diseño.

Los típicos pasteles de Belém, el dulce más famoso de Lisboa. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Para comprar, en toda la Baixa hay multitud de tiendas, desde un suvenir hasta moda. Por Chiado, en torno a la rúa Garrett, aparecen desde librerías hasta centros de moda. Si busca tiendas de lujo, encontrará varias en la avenida da Liberdade.

En los últimos tiempos han surgido varios centros comerciales en el que encontrará de todo, desde lugares para la restauración a tiendas en las que ropa o alimentación.

Entre la infinidad de restaurantes y tiendas de todo tipo de productos, incluidas joyerías, en Lisboa escasean buenas queserías. Parece como si a los propios portugueses les faltase confianza en la calidad de sus magníficos quesos. Al turista siempre le cabe el recurso de darse una vuelta y adquirir quesos en el Corte Inglés o en alguno de los hipermercados

…Y los buscadores de compras también pueden encontrar algo en un conocido oulet, Freeport, en la localidad de Alcochete, al otro lado del estuario del Tajo, donde marcas de moda y complementos ofrecen a más bajo precio producto de temporadas anteriores.

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