De la época romana quedan también restos de las murallas, derribadas en el siglo XIV y que tenían unos 900 metros de largo. Hoy apenas unas hiladas de piedras aún atestiguan ese antiguo vestigio, en los aledaños de Cimadevilla.
Más tarde, en el periodo de dominación árabe, la urbe fue sede durante escaso tiempo de una dominación musulmana, que tuvo sus días finales con el triunfo de la revuelta de Pelayo.
Los gijoneses tienen en estima al rebelde y le valoran como si fuera un rey local. Ante el puerto, una estatua de bronce, inaugurada en 1891, mira a la dársena, mientras sostiene una cruz en su mano.
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