Bruselas: destino de esperanza

Bruselas, capital europea, es una ciudad bella, culta y amable. A su lado, el Bosque de Soignes nos habla de eternidad y esperanza.

Interior de la catedral de San Miguel y Santa Gúdula, en Bruselas. Guiarte.com

Llega la viajera al corazón de Europa con otras dos jóvenes españolas. Una viene a reunirse con su esposo que lleva trabajando en este país desde hace más de tres años, pues perdió su empresa en España; quiere buscar colegio para sus hijos, pues no soporta tanta lejanía. La otra, una profesional de alto nivel, acude a un importante Congreso desde el que piensa promocionarse. Ambas buscan futuro y lo hacen con la esperanza puesta en esta ciudad cosmopolita, que a todos acoge, que todo lo integra.

Para muchos, Bruselas significa esperanza; esperanza que los belgas, aseguran, encontrarán todos aquellos que visiten el bosque de Soignes. Un lugar mágico lleno de luz y color, magnífica foresta que recibe su nombre del río belga Senneo.

Situado al sudeste de Bruselas, este bosque es una reliquia del gran bosque europeo de la antigüedad. Aún hace 500 años, esta foresta -formada en un 80% por un inmenso hayedo- ocupaba 20.000 hectáreas, de las que subsisten ahora 5.000, contando otras formaciones boscosas aledañas. Se le conoce como el “Hayedo catedral”, por su semejanza con la forma y la belleza de las catedrales góticas. 

En este espacio forestal se han hallado restos de poblamiento neolítico. Imagen de Victorina Alonso/Guiarte.com

La visitante recorre la frondosidad de la mano de su familia y queda impresionada por la belleza del hayedo cuya forma de arco no deja pasar casi la luz del sol. El grupo “juega” a conocer el nombre de los otros árboles: aquel es un roble y aquellos abedules. “No; son arces, y esos, seguro, son pinos silvestres”, dice el más alto y rubio, un belga que trabaja con éxito en el mundo empresarial. Todos le escuchamos admirados y seguimos sus pasos hasta un paraje mágico. Un lugar que él conoce bien y que hace poco se descubrió que correspondía a uno de los primeros asentamientos neolíticos conocidos de Europa.

¿Por qué dominan de tal manera las hayas? pregunta la viajera. Y escucha que es debido precisamente a que las hojas de esta especie se descomponen muy lentamente después de su caída y acidifican tanto el suelo, que dificultan el desarrollo de otras especies arbóreas. 

El Bosque de Soignes es un espacio natural belga de interés y belleza. Imagen de Victorina Alonso/Guiarte.com

Y piensa la visitante que siempre se retorna al punto de partida. Los seres humanos otra vez, 5000 años más tarde, tratan de prosperar y desarrollarse eligiendo este destino, Bruselas, que hoy tiene más de un millón de habitantes, al lado de donde nuestros antepasados experimentaron y desarrollaron antiguos conocimientos.

Mientras nosotros tratábamos de imaginar cómo sería el bosque cuando los homínidos del neolítico se asentaron allí y comenzaron a cultivar la tierra, y debatíamos el porqué de elegir aquel lugar y no otro, los niños que correteaban, descubrieron una ardilla e insistían en que era la misma que se comía las nueces del nogal de su jardín. Les dijimos que no podía ser ¿Cómo iba a llegar hasta allí? “De árbol en árbol dijo el mayor”, siempre con una respuesta lógica. Era posible pues esta urbe está llena de bosques y le sería fácil llegar por ellos. Los muchachos decidieron llevar a casa serrín y maderas para hacer una madriguera y proteger “su” ardilla. “Va a hacer frio en invierno”, aseguraron. El serrín y las maderas aparecían apiladas cuidadosamente en el borde de los caminos, lo que ponía de manifiesto el esmero con que los bruselenses cuidan este bosque que tanto aprecian. 

Interior de la catedral de San Miguel y Santa Gúdula, en Bruselas.Guiarte.com

La cercanía de grandes zonas pobladas hace que la foresta sea concurrida. Seguimos paseando y escuchando las voces en múltiples idiomas de otros niños y mayores que a pie, en bicicleta o en caballo, recorren este increíble lugar.

A la viajera le llaman la atención unas inmensas setas, que proliferan, llenado de magia y color el suelo y cuando decidimos regresar llevamos con nosotros un tronco y el residuo de los cortes, para cobijar a la ardilla robadora de nueces.

Los amigos y la familia de esta pareja de española y belga, tan común hoy en este país multirracial y multicultural, dan escasa importancia a la frondosidad y belleza de los árboles que pueblan las calles de esta ciudad. Ellos se ufanan más de la cultura, tolerancia y respeto de la sociedad bruselense. Y también de la Gran Plaza con esa torre que sobresale, esbelta y armoniosa, sobre los tejados. Es lógico ese orgullo- piensa la viajera- pero a eso hay que añadir el interés de los numerosos templos que embellecen la ciudad. En eso, todos están de acuerdo -su hermosura recuerda al hayedo de Soignes y la luz que atesora. No es difícil imaginar el sobrecogimiento que esa imagen produciría en los arquitectos del Medioevo, y como tratarían de elevar más y más las iglesias para atrapar esa luminosidad.

Hay muchas más cosas en esta ciudad que la viajera disfruta paseándola, como sus inmensas sedes institucionales, donde se definen las leyes que determinaran nuestra forma de relacionarnos; los museos, y otros monumentos que hacen de la capital de Europa un lugar sorprendente.

Hacemos, al llegar a casa, la madriguera y los niños se empeñan en poner en ella nueces para que la ardilla no tenga que robarlas. Después se van a la cama, no sin escuchar su cuento preferido en, al menos, dos idiomas. Los adultos salen a pasear por un parque cercano donde admirar arboledas de más de 300 años y comentan que estos pequeños harán Europa, ese sueño que una vez se le quiso dar forma con los Tratados de Roma en 1957. 

El dominio de Arnheim es uno de los cuadros del Museo Magritte, uno de los centros culturales de Bruselas. (http://www.musee-magritte-museum.be)

Se despide la visitante de la ciudad después de admirar una vez más la obra de René Magritte y de entre todas las pinturas esa montaña pájaro con sus huevos en una cestita en primer término: belleza del paisaje que nos protege y acoge, y riqueza con esa nidada que encierra los futuros polluelos de las águilas protectoras.

En el avión de vuelta, nostalgia y deseos de volver; porque es mucho lo que esconde esta metrópoli para que lo vayamos descubriendo y admirando. Y porque, como dicen los belgas, si estás triste debes acudir al bosque de Soignes, allí siempre renace la esperanza. Y si la alegría domina tú ánimo, entonces no puedes dejar de compartir con el bosque esa renacida esperanza.

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