¿Un pueblo?

El periodista Lalo Fernández Mayo, profundo conocedor de la comarca, nos hace cuatro semblanzas de la misma: Arquitectura popular.

El desarrollo urbanístico ha empequeñecido el tipismo de los pueblos costeros. Imagen de Laxe. Guiarte.com/Manuel Fernández Miranda

Ha sido fácil hablar de una playa, de un monumento y de la comida de la Costa da Morte. Pero me atasco si quiero pensar en un pueblo para recomendar su visita.

Quizás de cuarenta años para atrás quedara alguno monumentalmente atractivo, pero este territorio nunca fue rico, sino más bien humilde, alejado de grandes ciudades y aislado de ellas por la ausencia de vías de comunicación. Sirva para ejemplificar esta lamentable circunstancia el hecho de que las autoridades de Londres se enteraron del naufragio del “Serpent” antes que las de Madrid. Era 1890, pero desde entonces las cosas solo fueron mejorando muy despacio.

Hace 35 años, los pueblos marineros de esta costa eran, eso sí, muy pintorescos, eufemismo que sirve para esconder que las casas eran modestas y apenas tenían comodidades, su arquitectura era caótica, las calles pedregosas y los servicios públicos o inexistentes o precarios. Recuerda quien esto escribe cómo una simple tormenta que tumbó un poste de la luz dejó a Muxía a oscuras durante toda una jornada de diciembre de 1987.

Y durante el último decenio, el pintoresquismo, si lo había, fue dejando paso a un salvaje desarrollismo urbanístico que ha dejado en estas poblaciones alguno de los paradigmas del feísmo, término que por desgracia es seña de identidad de buena parte de las poblaciones gallegas, tanto de la costa como del interior.

Así que el visitante no podrá disfrutar de este aspecto con el mismo placer que de los anteriormente descritos. Si tiene suerte, podrá celebrar que aún queda en pie algún buen edificio antiguo de piedra, alguna casa señorial e incluso algún pazo.

Poca cosa para la grandeza del paisaje.

Hórreo e iglesia en Carnota. Guiarte.com/Manuel Fernández Miranda

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