Un monumento: El Faro Vilán o Villano

Semblanzas de la Costa da Morte El periodista Lalo Fernández Mayo, profundo conocedor de la comarca, nos hace cuatro semblanzas de la misma: Un faro.

El faro Villano desde en entorno de Muxía. Guiarte.com/Manuel Fernández Miranda

Cuando se escribe de monumentos el lector parecería defraudado si no se trata de uno de hace mil, quinientos o, al menos, doscientos años.

Pues el monumento más impresionante y representativo de la Costa da Morte es el faro Villano (Vilán en la toponimia gallega). Asentado sobre una gran roca de cien metros de altura, se inauguró nada más arrancar 1896 —seis años después del naufragio del “HMS Serpent”— y fue el primer faro de España alimentado por electricidad, que generaban en las mismas instalaciones.

Allí vivió durante mucho tiempo una pequeña población de técnicos fareros, maquinistas y personal de servicio con sus familias que disponían, incluso, de un maestro para atender a sus numerosas proles infantiles. Con la llegada de la energía mediante una línea eléctrica ya no fue necesario mantener a tanto personal en el faro y aquella pequeña población que vivía todo el año sobre la roca del cabo fue reduciéndose hasta quedar tan solo en el técnico farero de turno y su ayudante. Y en los últimos años, gracias a los controles remotos, el faro está ya totalmente deshabitado.

El gran ojo de cristal del Villano mira desde 125 metros de altura al mar encaramado en una torre octogonal de sillería que se encienden con la luz del atardecer y la hace parecer de fuego, al mismo tiempo que la bombilla de la linterna comienza a emitir sus destellos para avisar a los barcos de que aquella es una costa peligrosa. Entre el edificio de servicio y la torre, que mide 25 metros, sube una escalera que hace muchos años las inclemencias del tiempo recomendaron cubrir.

La espectacularidad del conjunto del cabo, sobre todo cuando la ausencia de nubes permite el paso del sol al ocultarse tras el mar por el oeste y lo tiñe de rojo, merece retrasar la visita hasta el atardecer, después de haber pasado una jornada soleada en la playa de Trece y antes de acercarse a Camariñas, a Muxía, a Corcubión o a Fisterra para darle un homenaje al cuerpo con alguno de los fastuosos productos que llegan desde el mar a sus lonjas.

> > Volver a la guía de Costa da Morte