De Port de Cize a Pamplona

Diversas rutas procedentes de Europa confluían en torno a Sain Jean Pied de Port para cruzar los Pirineos por un paso de notable vigencia histórica: Roncesvalles.


Talla gótica de Santa María de Roncesvalles. Imagen de José Holguera (http://www.grabadoyestampa.com) para guiarte.com

Tres grandes rutas confluían ante el puerto de Cize, Ibañeta o Roncesvalles: la más occidental bajaba desde París por Burdeos; la segunda llegaba de Vezelay y una tercera surgía desde Le Puy. Las tres entraban por Roncesvalles y avanzaban por la vieja senda romana de Burdeos a Astorga, para dirigirse luego al corazón de Galicia.

Una cuarta vía cruzaba el territorio franco, pero en dirección este-oeste. Por ella llegaban los peregrinos de Italia o Provenza, por Arles y Toulouse (la Vía Tolosana), penetrando en territorio de Hispania a través de Somport y Jaca, ruta sólo practicable en tiempos de bonanza, pues cruza el Pirineo Central. Este trayecto fue muy frecuentado hasta el siglo XII, cuando los peregrinos temían el bandolerismo, fuertemente asentado en Navarra.

El rio Nive cruza Saint Jean, en una de las más bellas estampas urbanas. guiarte.com

En todo el recorrido navarro hay que dar una prioridad básica al paisaje. El punto de partida es Saint Jean Pied de Port, una pequeña villa, capital de la Baja Navarra, que se levanta, coqueta, a la orilla del río Nive, de aguas frías y cristalinas; lugar excelente para pasear o acumular fuerzas, antes de emprender la subida al puerto. Pese a contar con apenas dos mil habitantes, Saint Jean dispone de numerosos establecimientos comerciales, restaurantes y hoteles.

Las guías nos presentan dos alternativas. Para el que viene a pie, a caballo o bicicleta es fácil seguir la senda que corresponde a la vía romana de Burdigala-Astúrica, que pasa por Saint Michel le Vieux y la falda del monte Altobiscar, desde donde se bifurca en dirección al paso de Ibañeta (camino asfaltado) o directamente a Roncesvalles.

Esta es la vía usada por las legiones romanas, las huestes árabes y los soldados de Carlomagno, incluso la recorrió el mismo Napoleón. También fue la más utilizada por los peregrinos. Es un trayecto largo y duro.

La segunda ruta utilizable para acceder hacia Roncesvalles es la que pasado Cize y Arneguy, entra a España por Valcarlos. Su mismo nombre tiene resonancias carolingias. La leyenda dice que allí reposó parte del ejército del emperador franco, mientras los vascones destrozaban a Roldán y a sus guerreros en los altos de Ibañeta.



Mas adelante está Roncesvalles, donde es necesario hacer parada y visitar la Real Colegiata, fundida en el paisaje verdeante. Sus piedras musgosas y las techumbres azuladas encajan perfectamente en el marco de prados y bosques.

La Real Colegiata fue mandada construir en 1.219 por Sancho el Fuerte, el vencedor de las Navas, cuyos restos mortales reposan en la sala capitular, en un excelente sepulcro gótico, junto con los de su mujer, doña Clemencia de Toulouse. El conjunto está integrado por la iglesia, el hospital y la abadía. El prior sigue ostentando el título de Gran Abad de Colonia y un canónigo el de hospitalero.

El punto de más atractivo jacobeo en esta etapa es Roncesvalles. Foto guiarte

Roncesvalles ha sufrido diversas reconstrucciones, la última después de la Guerra Civil española. Pese a ellas, la iglesia sigue manteniendo un halo de espiritualidad.

El conjunto se completa con la pequeña capilla de Santiago, de comienzos del siglo XIII, de una sencilla portada románica, y el Silo de Carlomagno, del XII, que es un airoso osario de peregrinos. Pocos metros más adelante aparece una cruz de peregrinaje, del siglo XIV, ubicada sobre tres gradas y con un relieve que recuerda al rey Sancho y su mujer.

En este tramo inicial del Camino Navarro, el rey es el paisaje. Es conveniente ir con tiempo para gozar por los valles del urrobi y del Irati donde una gran variedad de especies vegetales caducifolias tapizan las faldas de los montes, y se puede escuchar la musicalidad de arroyos y torrenteras. Todo es belleza.

El camino de Santiago sigue hacia el sur por Burguete y Espinal, en unos paisajes atractivos que continúan por el entorno verdeante de Erro.

Más abajo aparecen los pueblos de Zubiri y Larrasoaña, ambos unidos por la fama de sus puentes. La fama del primero se debe –según la leyenda- a que bajo él están enterrados los restos de Santa Quiteria y que rodeando el pilar central del mismo se cura la rabia; el segundo, porque debió ser un lugar común de atracos a peregrinos, pues aún se sigue llamando “de los bandidos”.

El terreno sigue en descenso, paralelo al Arga, el rio que acompaña al viajero hasta Pamplona, ciudad a la que se accede cruzando por el Puente de la Magdalena.

Pamplona, capital navarra, se ofrece al viajero como una excelente ciudad de origen romano, en la que perviven diversos edificios de interés, y una manifestación mundialmente famosa: los encierros de San Fermín, que le han dado fama literaria, cinematográfica y mediática.



El claustro de la catedral de Pamplona, es la joya artística de la ciudad. Imagen de José Holguera (www.grabadoyestampa.com) para guiarte.com


PATRIMONIO:

Monumentos del tramo y valoración de su interés artístico (Se sigue la valoración de Tomás Alvarez, de cero a cinco asteriscos, publicada en El Camino de Santiago para Paganos y Escépticos. Editorial Endymion)

Ibañeta

Monumento a Roldán
Ermita del Salvador.

Roncesvalles

Colegiata y sepulcro real. Siglo XIII. **
Silo de Carlomagno. Siglo XII. *
Capilla de Santiago. Siglo XIII. *
Crucero. Siglo XIV

Viscarret.

Templo con portada románica.
Casonas del siglo XVIII. *

Pamplona.

Catedral. Obra gótica. Siglo XIV y XVI. Fachada siglo XVIII. * *
Claustro de la catedral. Siglos XIII-XV. * * *
Iglesia de San Cernín. Siglos XIV y posteriores. *
Museo de Navarra. Siglo XVI.
Ayuntamiento. Siglo XVIII
Murallas y ciudadela.

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